MAX Y LOS CHATARREROS

ZP acaba de cavar su tumba electoral. ¡Cojones y dinamita! Por Max.

Publicado en General por maxalvarez en Febrero 4, 2010

ZP a imitación del inventado y pendejo dios, procura ocultar las razones de su conducta, o disimula el móvil de sus actos, o es que no sabe a donde va. Aparece cada vez más desnortado, dando palos de ciego en todas direcciones. No juzga correcto que el común de las gentes, ate cabos y se de cuenta de que todo lo hace en su desvarío, que camina como un zombi. ¿Estará acaso paralizado por su miedo cerval a la secta, a los banqueros y poderosos? Vive en la noche, nadie –ni siquiera los vendidos sindicatos- sospechaban, ni los más próximos y allegados intuían, lo que el despertar depararía o traería consigo. Esconde sus designios, tal como la tempestad esconde en las prietas nubes sus conjuras preñadas de centellas. Se cree el gran capitán y por ello no explica las órdenes, las deja caer como bomba sin espoleta. Asistido por un equipo de tan mediocres como él mismo. Por supuesto a espaldas de los interesados, en la penumbra, ejecuta el arte de engañar a los de siempre, en beneficio de los que comen bien y se visten mejor. Intenta hacernos tragar unas nuevas píldoras. Cuanto más grave es el asunto peor lo maneja, en principio era de los más echados palante, partidario de la regulación del mercado y de embridar el capitalismo, para recular a renglón seguido. Es una veleta a merced del viento.

De pronto arruina las ya escasas posibilidades electorales de los socialistos. Y ni siquiera lo hace por una causa noble, como lo hubiese sido el meter en cintura la secta cortándoles el grifo del dinero, ahora que van a ser aplicados recortes a troche y moche. O a los milicos que andan de parranda por esos mundos de Mahoma, encelados en la orgía de sangre de los matones gringos, gastándose unas perras que no tenemos, endeudándonos más y más, tal como si no tuviésemos que devolver los créditos algún día, y todo a expensas de continuar con el mal ejemplo del amigote grillado y derrochador yanqui, aunque ellos cuentan con la ventaja que su padre es rico y en su fábrica se hacen billetes verdes como churros, hasta que a las hormiguitas amarillas se les hinchen las pelotas y les tranquen el granero y los dejen a la intemperie con el culo al aire, cantando sus penas a la luna de Camps.

Tampoco hubiera estado mal del todo el haber cortado las alas a los poderosos banqueros y nacionalizar un puñadín de bancos y ponerlos a ayudar solidariamente la agricultura y la pequeña y mediana empresa –eso sí, sin la habitual usura actual- tratando así como el que no quiere la cosa, que muchas gentes que se aburren sin trabayar, puedan seguir disfrutando de su pernicioso vicio y para variar comiendo algo de vez en cuando, con la altruista idea nada más que para no perder la costumbre de darle a las mandíbulas ¿Total que les cuesta si los bancos en realidad son de todos, o acaso no hace poco que no hicieron ningún asco a las perras que les dimos de nuestro común caxón, para que no los embargase el rey del mambo y los metiese en la puta quiebra y el RAI?. Aprovechando la coyuntura de la crisis, bien podría habérsele ocurrido dar la liquidación al moroso inquilino de la Zarzuela que lleva demasiados años como ocupa consentido viviendo a nuestra costa, nunca mejor dicho que a cuerpo de rey, tampoco hubiera sido tan grave el desaguisado, ya que este prolífico fulano, cuenta con el riñón bien forrado.

Hasta le podríamos perdonar que como partido que lleva el rótulo de izquierda sin serlo, por una vez y sin que se lo tomase como costumbre, les hubiese recortado, al par que regular los sueldos a tanto diputado, tanto senador, tanto notario, tanto alcalde, tanto concejal, tanto controlador, tanto médico privado, tanto consejero, tanto banquero y de paso les rogara a todos con la pistola en el pecho, que por favor tengan a bien el devolver algo del dinero que llevan robando, desde tanto tiempo, con el consentimiento de quien había asumido en las elecciones la obligación de controlar los desfalcos y si no es demasiada molestia, se vuelvan un poquitín solidarios, con el 80% de lo sustraído nos consideraríamos más que pagados, sin ánimo ¡ni mucho menos! de dejarlos descalzos, en la calle, o atechados bajo un puente.

O aprovechar para dar una pasada a la crisis por la izquierda, como dicen los expertos con tres medidas factibles: primera, aumentando la presión fiscal a los beneficios del capital hasta igualarlos con la media europea, que transita varios puntos por encima de la condescendencia con los ricos de la española; segunda, una reforma fiscal de verdad en la que prime la justicia resdistributiva; tercera, consolidar los bonos de la deuda pública, obligando a los bancos españoles a que formen parte de sus activos consolidados, en una palabra que se enteren de una puta vez, que hay que estar a las duras y a las maduras y ya que no sale de ellos, obligarlos a ser solidarios con los que menos tienen.

Los culpables somos nosotros, que nos dejamos acorralar, estamos indefensos y nos lleva al matadero sin rechistar. Seguimos callados y escondemos la cabeza ante los repetidos atropellos y continuarán pisándonosla una y otra vez y seguiremos mudos cuando terminen de profundizar el meterle mano a la sanidad pública y así de brazos cruzados como la estatua de sal nos quedaremos, sabedores que con esa conducta no vamos a ningún parte, pero no parece importarnos demasiado, llevan desde la intemerata tensando la cuerda, es hora y sería prudente hacerles saber, que estamos hasta más arriba de los huevecillos y que en cualquier momento podemos estallar, procurar que no se sientan del todo seguros, que presientan que todavía nos resta algo de: ¡Cojones y dinamita!

El libro de hoy se titula “Los trenes matan a los autos” y es de Roberto Fontanarrosa.

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El Peque, andanzas por Xixón. Por Max.

Publicado en General por maxalvarez en Enero 27, 2010


El día era primaveral, a media mañana finalizaba la clase de Cálculo impartida con sabia maestría por el joven profesor Joaquín Mateos, la verdad sea dicha, con tiempo tan estupendo, se hacía pesado el seguir las arduas explicaciones matemáticas –calentar la cabeza con derivadas e integrales a cual más enrevesada- y con mayor razón ahora que el curso estaba llegando a su fin, con la primavera en plena sazón, cooperando en alterar la sangre; Andrés y Celestino abandonan el edificio de la Escuela de Ingeniería Técnica, cruzan la calle Calvo Sotelo y a la altura del bar del Túnel, cercano al centro docente, concurrido refugio y solaz de los numerosos estudiantes del parche en el ojo. Se asoman a la puerta… en el justo momento en que se disponían a abandonar el recinto el Peque, Pañeda, Ordoqui y el Naves, compañeros de curso y más que expertos jugadores de mus…-o lo que se terciase sobre el tapete verde- habituales componentes de la programada y disputada partida de cartas que tenía lugar la mayor parte las mañanas sin más, o bien se organizaba con premeditación y alevosía, mientras tanto que unos pocos escogidos –los menos- asistían y penaban en el aula conocida como la Siberia (grande y fría) del vetusto edificio de Peritos.

    –Andrés, tienes que pasame los apuntes de cálculo de hoy –le dice el Peque por saludo. No es que fuese un estudiante demasiado trabajador, pero mal que bien solía hacerse con los estupendos apuntes que dictaba el profesor.

      –¿Si pagas bien? –le responde

        –¿Dónde vais?

          –Cansados de ser atufados por el puro del Peque y con este precioso día de sol, vamos asomarnos a la playa un rato y parar por la Galana, a tomar algo –dijo el Naves.

            –¿Venís?

              –Bueno… si no hay nada mejor que hacer ¡vamos!

                –Invita a unas botellas de sidra Pañeda, que pa eso el padre tien perras asgaya –completaba el Peque.

                Caminan alegres por la acera de la carretera de Oviedo, también conocida como avenida de Fernández Ladreda (en homenaje a otro de los fieles perros del franquismo) dirección al centro de la ciudad, los unos discutiendo los lances del juego, los otros enfrascados en el tema de las integrales dobles tratadas en clase; cuando el Peque se percata que en la parada del autobús hay plantada una moza de muy buen ver, blusa blanca, corta falda plisada de cuadros con fondo azul pálido, que dan paso a unas piernas largas y bien torneadas, veintipocos y tipo de sirena, morena con larga melena, ojos grandes y un poco pintados, aparentemente un verdadero bombón.
                Recelosa y observándole de reojo, ve acercarse al Peque que se separa del grupo y se queda quieto mismo delante de ella y a corta distancia, mirando con insistencia su buena delantera, eso sí con las manos atrás.

                    –¿Oye neña eso ye todo tuyo? –le suelta de improviso con voz grave el Peque, fijando su visual en las imponentes domingas, que entre los tacones de ella y que el individuo no era muy espigado que digamos, casi le quedaban a la altura de los ojos.

                      –¡No de tu madre! –le responde con fiereza torciendo el gesto e intentando hacerse a un lado.

                      Entonces el Peque le echa mano a los pechos, al tiempo que le espeta:

                        –¡Pues lo que ye de mi madre ye mío también! –presto se agacha esquivando el tortazo al aire, emprendiendo la retirada a toda prisa, ante la persecución de la neña con el bolso levantado.

                        Ni que decir tiene que el resto percatados de la peripecia se partían de risa ante la improvisada escena, viendo y escuchando a la moza que regresaba a la parada, roja y fatigada, con los senos a punto de salirse de madre, acomodándose con la mano un mechón del pelo que le había caído sobre la frente, al tiempo que se volvía para insultarle.

                          –¡Sinvergüenza! ¡Gamberro! ¡Sarnoso! ¡Como te pille te vas enterar!

                          –Tienes toda la razón moza, esi cabrón ye un aprovechado atorrante y un hijo de la gran puta, -le soltó guasón al cruce el Ordoqui.

                          Le alcanzan a la altura de la Puerta la Villa.

                            –¡Pobre neña! -Se quejó Celestino en tono de reproche.

                              –¡Vete a la mierda Celestino!

                                –Mucho presumir pero bien que perdiste el culo, con el rabo entre las piernas cuando la moza intentó darte un bolsazo.

                                  –Podeis tocame las bolas –replicó, haciendo el ademán correspondiente.

                                    –El Peque está muy perjudicado por las hostias que le da la madre –Replicó Naves -Como cuando… (anécdota bien conocida por todos y que no está de más recordar) le llevó a una zapatería de la calle Corrida y al verle entrar le espetó el dueño o encargado:

                                      –¿Hoy vienes a comprar o a desarmarme la zapatería? –Venía el comentario a cuenta de que no hace tantas vegadas, había una dependienta que le gustaba y cuando quería refrescar un poco, o no tenía mejor cosa en que entretenerse, entraba en la zapatería y tenía a las dependientas bajando y subiendo cajas a los estantes y probando sin ninguna intención de comprar, y los cachetazos que le soltó aquella vez su madre.

                                        –Que tienes que dejame mal en todas partes –le reprochaba la madre a la salida, mientras le atizaba.

                                          –Si estuviese tu padre bien, no te atreverías a hacerlo, seguro que no lo hacías. Se lamentaba amenazante. Tu padre te cruzaba la cara de un sopapo, mocoso de mierda.

                                            –Todavía me acuerdo –abundaba en la herida el Pañeda- aquel día en que entramos en los almacenes Simeón de la calle los Moros, y para embromar a las dependientas desenrolló y extendió una alfombra en el pasillo y estuvo un rato sentado encima, pasaban los clientes y se quedaban mirando y sonreían dando la cabeza, las dependientas como ya le conocían se reían cuchicheaban y no se atrevían a acercarse, hasta que llegó el encargado y le preguntó todo serio:

                                              –¿Oiga, qué hace vd. ahí?

                                                –¡Nada hermano! toy probando por si yera voladora –le contestó el Peque tan campante.

                                                Era el Peque de la misma piel del diablo, había hecho Calderería (Oficialía y Maestría) en Revillagigedo y pasado después a la Escuela Universitaria para seguir estudiando, era espabilado, aunque gamberro y mal hablado por naturaleza, pese a los arduos desvelos de su madre tevergana, por convertirlo en un hombre de bien y de su padre que estaba delicado de salud y era natural de las Cuencas, y ex minero y silicoso por más señas. Vestía ese día, polo granate con el botón de arriba desabrochado, que dejaba ver el cuello de la camiseta, pantalón de pana marrón, gastados zapatos negros de cuero trenzado, gesto delicado al sostener el cigarrillo de continuo entre los dedos dejando la marca tostada de la nicotina y que contrastaba con su rudeza de primera vista. Pelo negro peinado hacía atrás que lucía sin necesidad de brillantina, mas bien chaparrito, de voz fuerte, contaba con un poblado mostacho -a lo mejicano- también ennegrecido y que le tapaba los labios, nariz recta casi larga, gran aficionado al cine y amigo de comentar las peripecias de la trama en alto, lo que le había acarreado el estar fichado por la mayoría de los acomodadores y haber sido expulsado de las salas en repetidas ocasiones, con mayúsculo escándalo.

                                                La Galana es un chigre situado en la plaza Mayor en el barrio de Cimadevilla, disponía de dos alturas, en la más baja al nivel de la plaza tenía una barra a la izquierda de la entrada y era donde se escanciaba la sidra, con los parroquianos acodados en el mostrador o sentados en los bancos de las mesas. Como clientes habituales solían ascender por media docena de peldaños al nivel superior y situados en mesa larga y recia con los libros desparramados pedían un tapete y baraja y allí se pasaban las horas con una consumición, techo muy alto con fuertes vigas de madera, con un cuadro abstracto pintado y amarillento del humo en el techo, una escalera ascendía a recinto privado y una mampara separaba la zona de restaurante con sus mesas. Al fondo cajas con botellas de sidra vacías, entre medias un elevador que daba a la cocina que estaba debajo, a la derecha se divisaba una máquina de descorchar botellas justo debajo de una recia prensa de llagar de sidra que servía de decoración y estante al mismo tiempo.

                                                El tipo apareció de improviso en el chigre, ante la indiferencia de la concurrencia, por detrás de la mampara. Se inclinó disimuladamente por sobre el hombro del Peque, lo tocó en el brazo y le dijo a corta distancia “Quiero hablar contigo”.

                                                El Peque levantó la vista, lo miró con el ceño fruncido como si no lo conociera, luego largó una hojeada de refilón sobre los otros componentes de la mesa y amago el encogerse de hombros.

                                                  –¡Vamos paquel rincón! -dijo el otro resuelto, señalando las mesas del fondo, junto a la escalerilla de acceso a los servicios.

                                                  El Peque sorprendido, calmoso se puso de pie, serio y un tanto cortado, cosa rara en él que no se acojonaba ni ante el lucero del Alba. Parecía que sus amigos, ni Pañeda, ni Andrés, ni los demás se habían percatado de la situación.

                                                    – ¡Págale lo que le debes al muchacho! -dijo en voz alta, Ordoqui que estaba a su lado, y era el único que había caído en la cuenta.

                                                      –¿Siempre el mismo, Peque? -se anotó el Andrés, zumbón.

                                                        – No le pegues mucho.

                                                        Pero el tipo, muy serio, ya se alejaba hacia el fondo. Ahora sí, los demás hicieron un instante de silencio, prestándole una mínima atención al suceso.

                                                          – Parece que se pone seria la cosa -se rió el Andrés.

                                                            –¿No oísteis al punto? -preguntó Ordoqui- “Quiero hablar contigo” le espetó. Nada de “¿Podría hablar un momento contigo?” o “¿Tendrías un minutín para atenderme?”.

                                                              –Nada. “Quiero hablar contigo” y sin más a la esquina.

                                                                –Será un faltoso cualquiera –apuntó Celestino.

                                                                  –Déjalos que se engarren, bueno ye el Peque -dijo Pañeda -Si hay hostias por el medio ya habrá tiempo para intervenir. Y sin transición alguna volvieron al socorrido tema de las neñas, y de las tres negrazas que se habían traído para el chou del Horóscopo.

                                                                    –Diréis que no tienen pasta pero últimamente se traen unas jacas que quitan el hipo, el sábado estuve tomando unas copas y estoy seguro que nunca tuvieron tan buen ganado.

                                                                    El tipo se había sentado enfrente del Peque y se quedó mirando hacia el lado del mostrador, los ojos entrecerrados, como si le costase rebuscar algo con la lengua entre los dientes, tomando con la mano izquierda el otro puño cerrado, El Peque pudo repararlo un poco más. Sin ser muy alto, era trabado y tenía cierta pinta de bestia parda. Barba negra y cerrada, con un costurón en la frente.

                                                                    Por un momento bastante largo, pareció que el tipo estaba encasquillado, que no iba arranca a hablar nunca.

                                                                      – Tu te tiraste a mi novia -soltó de sopetón mirando, ahora sí, al Peque para observar de primera mano, su reacción.

                                                                        – ¿Cómo? -el Peque adelantó la cabeza con un sobresalto elástico del cuello, tal como si un lagarto caminase de pie.

                                                                          – Que tú te tiraste a mi novia –recalcó sin levantar la voz.

                                                                            –¿A tu novia?

                                                                            El otro había adelantado el rostro con fiereza y no dijo más.

                                                                              — Espérate un momento… Espera un momento…-se atrevió articular el Peque amagando una sonrisa forzada y nerviosa-. Yo ¿te conozco? A tí…

                                                                                – Sí, que me conoces…

                                                                                  – Porque, tu apareces aquí… –ignoró el Peque la última información… me vienes a buscar a la mesa, pa que venga a hablar contigo… Me fais levantar de la mesa, donde estaba tomando unas sidrinas con unos amigos…

                                                                                    –Que sí me conoces… -recalcó

                                                                                      –… estoy tan tranquilo con los compañeros conversando y de repente, vienes y me sales con ese cuento de que…

                                                                                        –No te hagas el despistado, que bien me conoces…

                                                                                          –¿Que yo te conozco? ¿De dónde te conozco? A ver si de repente nos volvimos todos chiflaos.

                                                                                            –Me conoces de la puerta de la academia Serrano en la calle Covadonga.

                                                                                            El Peque quedó un instante en suspenso…

                                                                                              –¿O vas decime que no? -aseveró la pregunta.

                                                                                                –Yo voy a esperar a mi novia, que está haciendo por la tarde mecanografía y tu sales de clase, aunque no se que coño andas estudiando.

                                                                                                  –¡Para el carro manín! y a todo esto… ¿Quién ye tu novia?

                                                                                                    – No te hagas el despistao que de sobra sabes quién ye mi novia.

                                                                                                      –No, mante… –puso cara de enojo el Peque.

                                                                                                        –No sé quién cojones ye tu novia y menos tengo la más puta idea de quien yes tu…y no me acuerdo de tu cara ni un carajo.

                                                                                                          –No levantes la voz, no levantes la voz -pidió el otro, lo que en parte vino a tranquilizar al Peque.

                                                                                                          Al parecer, el inquisidor no buscaba armar un escándalo aunque su tono estaba más cerca de la tosca amenaza que de la indulgencia paternal.

                                                                                                            –Y no te hagas el estrecho que te tengo muy calao. Y te diré más: el jueves de la semana pasada salías por la puerta justo al lado mío y ví como saludabas a mi Ana.

                                                                                                              –¡Oye hermoso! Esto es increíble, las cosas que tiene uno que escuchar -dijo el Peque echándose hacia atrás en la silla, en parte por guardar las distancias, con aquellos ojos inquisidores y observando de paso si los compañeros seguían las alternativas del episodio y si llegado el caso estarían prestos a intervenir, en una eventual escaramuza, en que llovieran los hostiazos o volaran las sillas.

                                                                                                                –No me vengas con que no me conoces y que tampoco conoces a mi novia, por que está muy claro que no es así. Y tampoco pierdas el tiempo mirando pa la mesa de tus amigotes, por que ninguno va venir a echarte una mano. Esos son muy buenos pa fardar y dar a la sin hueso, pero a la hora de repartir estopa, seguro se borran todos.

                                                                                                                  –Pero ¿Qué dices? –quedó cortado el Peque, frunciendo el ceño, no tanto por el calificativo de gallinas que había hecho sobre sus amigos, como por que aquel tipo se había dado cuenta de su desamparada mirada de cordero degollado en demanda de un perentorio auxilio.

                                                                                                                    –Y te digo más…-siguió el otro. Todos vosotros sois muy amigos de haceros los finolis ante las rapazas. Pero donde yo me crié esas cosas no cuelan. Allá estas cosas se resuelven como hacen los paisanos ¡Si hay guevos! ¡Saliendo a la calle! Y no como facen esas pandas de pajilleros de tus amigos…

                                                                                                                      –Para el carro ¡amigo! -buscó una tregua el Peque, sin saber muy bien como continuar.

                                                                                                                        –Por eso me vas a explicar muy bien explicado como fue el tema con mi novia, mejor dicho, con la hija de puta de mi novia…

                                                                                                                          –Un momento…Un momento –continuó haciendo tiempo el Peque. Te estoy respondiendo por una elemental regla de cortesía, cuando debería mandarte a freír espárragos, por que tu no eres mi padre, ni juez para demandame con ese asunto…

                                                                                                                            –¿Sabes quién soy yo? ¿Sabes quién soy yo? -el otro engallado volvió a elevar los hombros y abrir los codos con las manos apoyadas en la mesa. Yo soy el novio de Ana. La pareja de Ana. Ese soy yo. El novio cornudo de la Ana que follaste, o andas follando, que eso habrá que velo.

                                                                                                                              –¿Quién es Ana? ¿De que Ana me hablas?

                                                                                                                                –Ana Pascual Rodríguez… ¿Caes ahora? –se podría decir que una especie de rictus-sonrisa cínica se dibujaba en la boca del tipo.

                                                                                                                                  –¿Ana Pascual? No caigo Mira…aquellos amigos míos los conozco por el nombre y los apellidos por que alguna vez coincidimos en clase y pasan lista, por eso aunque me digas Ana Pascual, yo te digo… que sí… que pudiera ser… que por lo menos…

                                                                                                                                    –La rubia y pequeñina, un poco gordita… a la que le prestaste un libro de un tal Leopoldo Alas, creo que Clarín le dicen…

                                                                                                                                      –El Peque se le quedó mirando en suspenso. Convencido que ya no había escapatoria, ni mayores posibilidades de evadirse del tema. No obstante se preguntó:

                                                                                                                                        –¿Un libro de Clarín? –caviló pasando la mano por el pelo. Ah sí…

                                                                                                                                          –Pa iniciar en el adulterio las novietas axenas…recalcó con sorna el otro.

                                                                                                                                            –Si ya sé cual ye… La Regenta.

                                                                                                                                              –La muy pendeja se deslumbra con cualquier cosa.

                                                                                                                                              Pasaron unos segundo callados, expectante el tipo, con las velas plegadas, como a la defensiva el Peque.

                                                                                                                                                –¿Entonces que me dices? -apremió el tipo.

                                                                                                                                                  –Entoces…¿Qué? –contestó el Peque como cogiendo aire.

                                                                                                                                                  El otro mantuvo la mirada fija, sin pestañear.

                                                                                                                                                    –Bueno sí –admitió el Peque sin dejar que la bandera arriase hasta el suelo. Si es esa que dices, coincidí y hablé con ella alguna vez, pero nada más.

                                                                                                                                                      –¿Pero vamos a ver, quién te dijo que yo me enrollé con tu novia? ¿Quién te metió ese cuento por la chola?

                                                                                                                                                        –Ella. Ella misma me lo confesó.

                                                                                                                                                          –¿Ella te dijo eso? ¿Ana?

                                                                                                                                                            –Sí señor, Ana me lo dijo.

                                                                                                                                                              –¿Ella te lo dijo? –repitió con cara de incredulidad

                                                                                                                                                                –Ella

                                                                                                                                                                  –¡Mentira!

                                                                                                                                                                    –Claro, a más de cornudo mentiroso –sonrió de mala leche el otro.

                                                                                                                                                                      –Te está tomando el pelo, ya sabes como son las muyeres –aventuró el Peque.

                                                                                                                                                                        –Claro, me toma el pelo…

                                                                                                                                                                          –¡Por mis cojones que sí! ¡Seguro! por supuesto… está hablando por hablar ¿de donde si no podía ocurrírsele esa barbaridad?

                                                                                                                                                                            –¿Y pa que me lo diz? ¿Dí simpático?

                                                                                                                                                                              –Qué se yo. Te quedra joder. Anda tu a saber. A veces no hay quien las entienda. Hay muyeres que son muy hijas de puta, muy…

                                                                                                                                                                                –¡Oye tú! ¡Cuidadín con lo que dices!

                                                                                                                                                                                  –Bueno hombre –acertó a disculparse sin atinar a descifrar por donde le podría venir el zurriagazo, o donde posar el pie, sin que la mina estallase debajo. Lo digo en un sentido figurado…

                                                                                                                                                                                    –Tienes razón, seguramente que la tienes –admitió el otro

                                                                                                                                                                                      –Sin embargo, quizá sea mi novia muy hija de puta, pero no es fata, ni nada que se le parezca. No se atrevería a decime una cosa tan grave por decir, pa que me líe a hostiazos con todas las de la ley. No vino a indicarme que había perdido el anillo que le regalara, o extraviado el paraguas. Me dijo que se había encamado con un tipo…

                                                                                                                                                                                        –¡Si claro! y justo viene a meterme a mí en el chanchullo.

                                                                                                                                                                                          –…sabe de sobra que ante una cosa así la voy a liar, seguro que la lío…

                                                                                                                                                                                            –Que se yo, te sale con esas cosas por que te habrá pillado en algún renuncio con otra moza, ya sabes que en esas cosas las muyeres son muy vengativas. Son capaces de inventar cualquier historia con tal de…

                                                                                                                                                                                              –¿Inventar sin más cualquier patraña? – arremetió el otro ¿Inventar también el día en que fue a la cama contigo, la hora y el hotel? ¡Demasiada imaginación le fías!

                                                                                                                                                                                                –¿El hotel? ¿Te dijo el hotel? Esa neña va pa novelista.

                                                                                                                                                                                                  –Además que sepas, que no soy de engañar a mi novia. Yo podré tener mil engarradiellas con ella, pero no me lío con la primera que se me cruza por delante –dijo golpeando con la palma el pecho.

                                                                                                                                                                                                    –¡Joder que imaginación!

                                                                                                                                                                                                      –Nada de imaginación. Me la armará con muchas cosas, pero me lo contó todo y si viene a contarme una cosa así, es por es la pura verdad, verdad de la buena. Es cierto, no me cabe duda.

                                                                                                                                                                                                      Otro silencio. El Peque enarcó las cejas, se atusó el bigote y se encogió de hombros.

                                                                                                                                                                                                        –¿Qué quies que te diga?…si ella te dijo eso…

                                                                                                                                                                                                          –El martes pasado a las cinco de la tarde, en hotel León de la avenida de la Costa y con video porno.

                                                                                                                                                                                                            –¿No te contó lo de la cama de agua…? Puestos a inventar… nunca pude imaginar que Ana se le ocurriesen tantas cosas.

                                                                                                                                                                                                              –Así que quiero que arreglemos el asunto cuanto antes. El Peque se le quedó mirando entre curioso e intranquilo.

                                                                                                                                                                                                                –Afuera en la plaza del Ayuntamiento sin cuartel y hasta que uno caiga –señaló el otro con un leve movimiento la cabeza hacia la puerta.

                                                                                                                                                                                                                  –Estas zumbao… ¿Qué estás diciendo?

                                                                                                                                                                                                                    –Lo que te digo, o donde se te ocurra. Salimos…

                                                                                                                                                                                                                      –Pero… ¿tu de que vas?

                                                                                                                                                                                                                        –Nos damos un buen repaso a hostiazo que te crió.

                                                                                                                                                                                                                          –¿A hostiazos? -El Peque le miró incrédulo, parecía no salir de su asombro, al tiempo que cavilaba sus posibilidades que le daban todas las de perder.

                                                                                                                                                                                                                            –Sí señor. A hostiazo limpio.

                                                                                                                                                                                                                            El Peque no esperaba el impacto directo. Se quedó pálido. Miró por el ventanal que daba casi a nivel con la callejuela que sube a Cimadevilla, viendo sin ver como pasaban caminando los bultos borrosos. Sintió a los amigos discutir, el mundo seguía girando a su alrededor y él esperando un milagro, ante un inquisidor demasiado informado. Parece acorralado se masca la tragedia, cuando la sidra vino en su ayuda… pasaba el camarero con una caja de botellas del licor de la manzana… cuando se le ocurrió.

                                                                                                                                                                                                                              –¡Carlos tráenos una sidra que tengo seco el gaznate! –le gritó al par que cavilaba que bien pudiera ser un arma defensiva si se complicaba el tema.

                                                                                                                                                                                                                                –Si casi no la conozco, con quien tengo más amistad es con la amiga. –se disculpó el Peque

                                                                                                                                                                                                                                  –¿Con la Patricia?

                                                                                                                                                                                                                                    –Sí, con esa.

                                                                                                                                                                                                                                      –¿Así que tienes amistad con la amiga pero le prestas el libro a mi novia? -le dejó caer con ironía.

                                                                                                                                                                                                                                        –Bueno a tu novia la conozco…escúchame…como se puede conocer a tanta gente, por medio de Patricia –con la que coincidí en la escuela- que seguramente me la presentó y por eso crees que somos todos amigos…

                                                                                                                                                                                                                                          –Pero nada más…

                                                                                                                                                                                                                                          El Peque se echó hacia atrás en la silla, ladeando la cabeza para levantar la visual.

                                                                                                                                                                                                                                            –¿Sabes lo que te digo? Yo no me lío a hostiazos ni por mi madre -aclaró.

                                                                                                                                                                                                                                              – No metas a tu santa en este asunto.

                                                                                                                                                                                                                                                – Yo a mi madre la meto donde me sal de los cojones –dijo engallado y elevando el tono de voz el Peque, y continuó:

                                                                                                                                                                                                                                                  –No me faltaba más que cualquiera venga a decirme, lo que tengo que hacer con mi madre.

                                                                                                                                                                                                                                                  A todo esto, llegó la sidra a la mesa y el camarero se aprestó a escanciar unos culinos.

                                                                                                                                                                                                                                                    –Lo que pasa ye que tenéis mucho cuento y en el fondo sois unos putos gallinas, estáis acostumbrados a mucha lectura, tu y toda esa recua de micos pajeros, mucho de parlar de todo, pero sin levantar el culo de la silla y arrugándose cuando hay que facerlo –dijo el otro llevando el dedo índice a los labios.

                                                                                                                                                                                                                                                      –Te equivocas amigo, estás equivocado -dijo el Peque jugueteando con el corcho entre los dedos. No nos pasamos leyendo, si acaso estudiando pa los exámenes.

                                                                                                                                                                                                                                                        –Estás en un error –aseveró el Peque, más tranquilo al comprobar que pese a la convidada a la violencia pese a la inflamada invitación a la acción directa, la cosa había tomado el manso y trillado sendero de la dialéctica, como para derivar de improviso en un holocausto.

                                                                                                                                                                                                                                                          –Tómate el culín –aprovechó para invitar el Peque, indicando al camarero para que le acercase el vaso con la rubia bebida escanciada, con las burbujillas de la manzana resbalando expalmadas por las paredes del vaso.

                                                                                                                                                                                                                                                          Tomo la palabra ya que se podría haber armado una zapatiesta del carajo, la mesa comenzó a poblarse al olor de la sidrina, me parece que nunca llegaremos a saber a ciencia cierta si tuvo lugar el fornicio del que fue acusado el Peque o fue víctima de una intriga bien urdida ya que el interfecto no suelta prenda sobre el particular del asunto, aparte que le viene bien a incrementar su fama de jaranero, mujeriego y enemigo de matalas callando y otros testigos que bien pudieran aportar algo de luz, desgraciadamente ya han fallecido.

                                                                                                                                                                                                                                                            –¿Quién ye esi punto? –preguntó disimuladamente Pañeda

                                                                                                                                                                                                                                                              –¿A mí que cojones me cuentas? –respondió el Peque

                                                                                                                                                                                                                                                              Dejó el Peque rodar una mirada por los rostros, buscando engranar con alguna sonrisa socarrona, un leve guiño, unos labios apretados reprimiendo una risita sólo vio gestos serios, atentos algunos, desentendidos otros, somnolientos varios, la sidra corría sin cesar. No creo que acertara a reparar en la mirada cómplice del Ordoqui con el otro…

                                                                                                                                                                                                                                                                –A todo esto ¿como te llamas?

                                                                                                                                                                                                                                                                  –Mi nombre ye Javier y trabajo de soldador en el astillero Marítima del Musel.

                                                                                                                                                                                                                                                                    –A ti te conozco –intervino el Ordoqui y prosiguió a modo de justificación: hace unos años, cuando era un mocoso trabajé varios meses en el astillero.

                                                                                                                                                                                                                                                                      –No me suena tu cara –respondió el otro.

                                                                                                                                                                                                                                                                        –Si te soy sincero tengo que confesar que no me gusta Ana, no digo que sea un esperteyu, pero me gustan más grandotas ¿que quies? aunque yo sea pequeño me atraen más macizas.

                                                                                                                                                                                                                                                                          –Dirás que ye pequeñina pero ya quisieran muchas tener el culo y la pechuga que tien mi Ana, la verdad ye que gana mucho en bolas. –defendió Javier.

                                                                                                                                                                                                                                                                          Pasaba de las dos de la tarde cuando atravesaban la plaza del Ayuntamiento abrazados formando una piña y marchaban cantando a grito pelado:

                                                                                                                                                                                                                                                                            –¡Javier ye cojonudo! ¡Como Javier no hay ninguno!

                                                                                                                                                                                                                                                                            Solo les faltó sacarlo a hombros o mantearlo, siendo el preludio de una larga amistad… atrás habían quedado vacías varias cajas de buena sidra Fanjul…total pagaba el Pañeda.

                                                                                                                                                                                                                                                                            Hoy cuelgo una colección de preciosos cuentos de Roberto Fontanarrosa que lleva por título “No se si he sido claro”

                                                                                                                                                                                                                                                                            MACIZO CENTRAL DE LOS PICOS DE EUROPA

                                                                                                                                                                                                                                                                            MAJADA LA TENEROSA

                                                                                                                                                                                                                                                                            PICU URRIELLU

                                                                                                                                                                                                                                                                            NEVERON DEL URRIELLU

                                                                                                                                                                                                                                                                            EL URRIELLU

                                                                                                                                                                                                                                                                            PARDINA Y EL LLAMBRION

                                                                                                                                                                                                                                                                            PEÑA VIEJA Y EL JOU DE LOS BOCHES

                                                                                                                                                                                                                                                                            TORRE BERMEJA – TORRECERREDO Y LOS CABRONES

                                                                                                                                                                                                                                                                            SUBIDA AL NEVERON DE URRIELLU

                                                                                                                                                                                                                                                                            VISTA DESDE EL NEVERON

                                                                                                                                                                                                                                                                            LA PARTIDA Y TORRECERREDO

                                                                                                                                                                                                                                                                            PICOS DE DOBRESENGROS

                                                                                                                                                                                                                                                                            PICO URRIELLU O NARANJO DE BULNES

                                                                                                                                                                                                                                                                            EL CUITU TEYAU DESDE SOTRES

                                                                                                                                                                                                                                                                            CUETO ALBO

                                                                                                                                                                                                                                                                            TORRECERREDO DESDE TORRE BERMEJA

                                                                                                                                                                                                                                                                            TORRE BERMEJA

                                                                                                                                                                                                                                                                            PICO LOS CABRONES

                                                                                                                                                                                                                                                                            GLACIAR DEL CIRCO DEL JOU NEGRO

                                                                                                                                                                                                                                                                            DOBRESENGROS

                                                                                                                                                                                                                                                                            MACIZO OCCIDENTAL Y PEÑA SANTA DE CASTILLA

                                                                                                                                                                                                                                                                            TORRE DE SANTA MARIA DE ENOL

                                                                                                                                                                                                                                                                            HORCADA DE DON CARLOS

                                                                                                                                                                                                                                                                            PUENTE LA JAYA PONCEBOS – BULNES

                                                                                                                                                                                                                                                                            PUENTE COLINES

                                                                                                                                                                                                                                                                            BULNES

                                                                                                                                                                                                                                                                            COLLADO DE PANDEBANO

                                                                                                                                                                                                                                                                            XATINES

                                                                                                                                                                                                                                                                            LAGO ERCINA

                                                                                                                                                                                                                                                                            LAGO ENOL

                                                                                                                                                                                                                                                                            MAJADA DE LAS BOBIAS

                                                                                                                                                                                                                                                                            GUARDANDO LAS OVEJAS

                                                                                                                                                                                                                                                                            ELABORANDO EL QUESO

                                                                                                                                                                                                                                                                            JITO DE ARIO

¿Estará capacitado un zopenco como el Yánez para pisar el sagrado suelo de Cuba? Por Max.

Publicado en Actualidad por maxalvarez en Enero 15, 2010


¿Qué entenderá por libertad tamaño soplagaitas? En un artículo reciente colgado en el falsimedio de turno y en alusión al viaje de ida y vuelta a la Habana, se cuelga un montón de medallas como gran luchador por la libertad en la época franquista, cuando igual que la mayoría de los socialistos, que tuvieron a bien pasar los cuarenta años como ausentes, como desaparecidos, perfectamente confundidos con el terreno. Los únicos que pueden hablar y presumir con propiedad, fueron los denostados comunistas (precisamente contra los que arremete este mentecato y a los que no le llega ni a la suela de los zapatos, debería lavarse la boca antes con lejía para poder siquiera el nombrarlos) gentes valientes y desprendidas que a diferencia de otros, arriesgaron sus vidas por la libertad ¡esos sí dieron ejemplo! No los que contemplaron los toros plácidamente desde la barrera y solo tuvieron arrestos para bajar al ruedo -a recoger las orejas y el rabo- cuando comprobaron que el toro estaba bien muerto.

¡Claro que no tienen libertad los cubanos! Para comprar medicinas, para viajar a Gringolandia, para comerciar con la tira de países ¿por culpa de quién? Si no sabes la respuesta no importa Eso de la libertad es como la tripa de San Jorge que estira y encoje a conveniencia de los zopencos como el Yánez. ¿Cuánta libertad le alcanza a un nigeriano sin papeles que se dedica a vender bolsos en la playa de Gijón? Sin dinero quizá tendrá libertad para moverse por todo el país, haciendo auto stop hasta que lo internen y expulsen, pudiera alcanzarle la libertad pa comer algún garito de pan que caiga de alguna mesa, ¿tendrá libertad para trabajar? ¿para estudiar? ¿para atecharse debajo del puente del Piles pa no palmarla de frío? Las cosas como son, a mí me parece una libertad muy de precario, como para atreverse a fardar.

Se muestra muy compungido por que los cubanitos no pudieron votar por Raul Castro, verdaderamente es una pena, lo malo es que un servidor aquí -sin ir más allá- en la tan democrática España llevo más de treinta años intentando votar -por supuesto al quinto pino- por el coloradote vividor, parásito y bebedor de apellido Borbón ¡y que si quies arroz Catalina! nadie me escucha ni hace caso.

Como si fuese España ejemplo de nada, hay partidos políticos declarados ilegales por que sí, diarios cerrados como en los mejores tiempos del fascismo, miles de vascos se ven privados de votar por que a alguien le sale de los cataplines que así sea, se tortura en las comisarías y no es que lo diga yo que a fin de cuentas no soy nadie, pero lo dice Amnistía Internacional y eso ya son palabras mayores. Matamos pobres afganos sin habernos hecho ellos nada malo, sin venir a cuento, tan solo por que al matón de turno se le ocurrió que era un buen negocio, el comerciar con la planta adormidera que se da bien en aquellas áridas tierras.

A este cantamañanas como a todos los de su ralea y cuerda, les importa un pimiento la libertad, ¿como no se acercó por Guantánamo, aprovechando que le habían marcado el cuarentaicuatro en las posaderas los cubanitos y caía por allí cerca, también podría haberse acercado por Honduras que tampoco está tan lejos, o ya al regreso darse un voltio por Gaza ¿Con la cantidad de sitios a los que podría haber viajado con el sueldazo que se cobra de la Comunidad Económica Europea, por figurar y no mover ni una paja? Un tan amante de la libertad, sin estrujarse demasiado el magín, al tomar tierra en la Terminal de Barajas, se habría dado un voltio, sin necesidad de salir del recinto, acercarse a ver de primera mano como recompensan y atizan con la estupenda libertad española por los lomos a cientos de sudacas ¿O a esos no les alcanza, no son la niña de sus ojos, no tendrán derecho ni torcido? O haber protestado cuando hace unos años un profesor cubano no pudo viajar a España a dar una conferencia, por que el gobierno del Ansar aquí no le autorizó, no le sentí protestar , ¿acaso lo haría en voz baja o por señas como los mudos?

En Cuba -aunque este pendejo no esté al tanto- también votan de vez en cuando y por cierto con una participación y conciencia política muy superior a la que suele ser habitual por aquí –donde no es por nada, pero me temo que hay millones que no alcanzan a tener una mínima conciencia política exigible para poder meter el voto en la urna- y además lo hacen por gentes elegidas por los mismos ciudadanos no como aquí que los escogen las camarillas mafiosas de los secuestrados partidos, cebados y mantenidos por los banqueros ante los que tienen que rendir cuentas al final del concierto. No se le conoce que haya asomado a las páginas de su falsimedio favorito cuando el tema de los Gal, ni mucho menos. Ni cuando los vergonzosos referendums practicados en la U E hasta conseguir la aprobación, él que tan celoso se muestra con las esencias democráticas.

Y se atreve a hablar de colapso de Cuba ¿No se le habrá ido la olla? Oyó campanas y no sabe donde, el que colapsó sin duda fue el capitalismo ¿no se habrá enterado? Cuba sigue con sus dificultades pero son las mismas que tenía hace dos años o diez, así y todo es un ejemplo en sanidad pública, educación, bienestar ciudadano (poco pero comen todos) cultura popular, solidaridad internacionalista y un respeto exquisito del medio ambiente.

Cuando los comunistas luchaban contra el fascismo de Hitler o del mismo quícaro sanguinario se les toleraba, entonces eran buenos, pero ahora son los malos de la película, los sacamantecas, no tienen bastante con ningunearlos con la puta ley de H’ont de la que los socialistos no quieren ni oír hablar de reformar, que les obliga a conseguir el triple de votos por cada diputado que los demás, está visto que pretenden que a más de cornudos, sean apaleados. Y después se atreven a fardar de democracia y mirar por encima del hombro a los descamisados a su alrededor ¡Escoria! ¡Basura! ¡A la mierda con tanto cantamañanas!

¡Que Viva Cuba!

¡ÚLTIMA HORA!

La revolución cubana vuelve a mostrar cuáles son sus valores. Lejos de los focos y las cámaras, los médicos cubanos han abierto el primer hospital y ya están operando, curando, salvando a personas. Otros, piensan en enviar sus ejércitos. Gracias, Cuba.

Con la mayoría de los hospitales destruidos o inservibles y sin que la ayuda internacional se hubiera desplegado, los primeros en ofrecer asistencia sanitaria en Haití fueron los 344 médicos y paramédicos cubanos que desde hace doce años colaboran en la paupérrima isla caribeña. El Gobierno comunista envió otros 30 especialistas con material de emergencia tras el terremoto.

Cuba cuenta en total con 433 efectivos además del personal diplomático en el país antillano. En Puerto Príncipe, se encontraban 152 facultativos en el momento del terremoto. Su primera reacción fue levantar dos hospitales de campaña en su residencia porque el edificio donde trabajaban se derrumbó. Salvo dos heridos leves, todos salieron ilesos.

La noche del miércoles se reabría el hospital del Seguro Social, y ayer lo hacía el Nacional, ambos públicos, donde los galenos cubanos volvieron a prestar sus servicios. Bajo lonas y alumbrados con linternas, los cirujanos realizaron 190 intervenciones, aunque 26 personas, nueve de ellas niños, fallecieron a causa de las terribles heridas.

Recuerdos de aldea, Prau de Teverga. Por Max.

Publicado en General, Recuerdos por maxalvarez en Enero 6, 2010

Amanece como no podía ser menos, un día más en la pequeña aldea, tirado a la bartola en un recodo de la febril imaginación, espío y paladeo el agreste confín de la montaña astur, precioso remanso de paz, entrañable paisaje de juventud y de borrosos y casi olvidados amigos de la infancia. Decorado mítico de la niñez, donde el negro hollín disparado por los tubos de las chimeneas, se eleva y dispersa en un cielo casi despejado, oreando un fuerte olor a ceniza, mientras que por otra parte languidece y se apaga por el oriente, la luz de las estrellas más remolonas del firmamento. Creo observar en la distancia, sintiéndome casi despierto, al abrir los ojos, sumido en la modorra, cuando apenas clarea, como va surgiendo en medio de tan agradable duerme vela, una diminuta vaguada, apenas una hendidura rasgada en la niebla, donde se juntan y confluyen dos regatos, cabalgados con sonoro estruendo por un líquido turbio de color arcilloso, mientras el viento se afana en terminar de desvestir las otoñales ramas de los árboles, se presume a ras de tierra en la semi-penumbra un valle colmado de vida sumida en un hondo silencio. La bifurcación que baja por la diestra, parte desde la misma base de una plateada mole caliza y se alimenta de las aguas llovidas por las veleidosas nubes, que emburriadas por el viento no supieron, o no pudieron levantar el vuelo a tiempo y terminaron estrelladas contra la peña Gradura, muy cerca de la Mucheirina; el otro ramal de la imaginaria uve se dibuja con débil trazo entre sucos y espesos matorrales, oculto por momentos por la arboleda, se inicia en los hasta hace poco, áridos y resecos pastos de los prados del pueblo de Murias. Son estos rubios y desbocados manantiales -que lo inundan todo- y se divierten peinando los resecos y tostados yerbajos, fruto de una fuerte tormenta reciente. La proximidad de bosques de castaños y robles, infunde y regala al rincón el leve rumor y la magia de sus aires, preñados de un ventolín fresco. Ladra con desgana en el camino un can de raza indeterminada, mientras se estira y despereza; se escucha alejándose el monótono traqueteo de un carro. Chillonas bandadas de gorriones disputan y se afanan, buscando alimento, volando entre los bardiales.

Cierro los ojos y muro el horizonte agazapado desde la distancia, mientras desciendo lentamente al acogedor cuenco donde nací, ya contemplo el verde familiar de los fresnos, respiro el aire perfumado, quizá solo sea una ilusión, el confuso y feliz recuerdo de un aroma del pasado, mezclado con un leve regustillo a mohoso y gastado, de los cargados árboles frutales de sus pomaradas, cuando menos deben ser las manzanas alineadas en los estantes de la oscura panera que me dicen: ¡ven! de una sosegada aldea tevergana, con sus caleyas empinadas, sus destartaladas casonas de piedra, sus rincones y sus gentes, o bien pudiera ser el recuerdo de los paseos vagabundos por el bosque de castaños que ciñe el barrio por la Melendral dirección a las Curniellas y Bobía, hasta perderse en el cauce hondo de la vaguada, sin olvidar el cortejo de elevados álamos que la continua hasta el barrio de Viescas. ¿Qué es lo que queda de aquellos tiempos pasados de niñez y juventud, aparte del campaneo de los recuerdos y sensaciones, vestigios mentales que se despiertan por momentos como reales en mi fantasía? Ya no acierto a distinguir el vuelo de tantas golondrinas dispuestas a refugiarse en los aleros sin techo, o posarse en los alambres del tendido eléctrico, ni me llama la atención la orla rojiza del crepúsculo sobre el perfil de la loma de Santa Marta como quieto lomo de un gran animal muerto, y pienso con pesar que al álbum familiar ya no le restan más que noches en blanco y estas distantes, ajadas y descoloridas asemeyas del carajo.

Hace unos instantes que la abuela Estrella destrancó la puerta del gallinero, dando libertad al más preciado manjar de la rapiega, alados habitantes que duermen durante la noche encaramados haciendo equilibrio en una de sus patas sobre redondos palos de avellano, ensuciados y teñidos por sus propios excrementos, de un corral, en el que un gallo de color negro y cresta carmesí, acicalado con sus mejores galas, canta y escarba arrastrando el ala desafiante, tratando de controlar las gallinas que corretean atareadas picoteando y dando cruel martirio a los merucos, que reptaban ajenos a las andanadas de picotazos que se les vienen encima de improviso, tratando de ocultarse entre húmedas hojas, restos de acelgas y lechugas o pasto recién cortado, que alfombran la entrada de un recinto acotado mediante empalizada de juntas y paralelas mitades de pelados troncos de madera de castaño, fruto del laborioso quehacer, del anciano ex minero y silicótico abuelo Avelino. Nos encontramos en un rincón apartado del pueblo de Prado (Prau pa los nativos). Una fuerte racha de viento agacha y sacude los altos fresnos que se alinean siguiendo el borde de uno de los riachuelos, dejando elevarse libremente sus volanderos frutos, habiendo previamente culminado el concienzudo barrido de los últimos restos de las nubes, que en la noche descargaron sus perladas gotas sobre las sedientas tierras teverganas, huele a tierra mojada que acaba de saciar su sed y el ambiente está fresco, observando las abundantes hojas tostadas en los suelos, diría que estamos en un mundo otoñal y caduco y que la Seronda se muestra bastante avanzada.

Cuatro casas conforman el diminuto y retirado barrio del Río, la más elevada destaca por su blanco encalado y pertenece al tío Ramón y su familia, tiene planta rectangular con el piso superior como vivienda, debajo la cuadra de las vacas y el caballo Moro, en la parte trasera el pajar y un huerto que lo rodea, que ahora parece desangelado, muestra una hilera de berzas de cuello largo y desgarbado, unos cuantos nabos en un arríate, un mar de cenizos y tallos filamentosos de cola de caballo, que son los restos de los frutos y malas hierbas de la temporada. Aledaña y separada por una presa que baja llena a rebosar, como vena hinchada por el gran esfuerzo, surcada por veloces y abundantes hojas, dicha conducción es empleada para alimentar un molino hidráulico, cuyo cubo aparece unos metros más abajo; en este paraje se sitúa la casa de los abuelos, origen del asentamiento allá por los años veinte del siglo pasado. Esta vivienda, a diferencia de sus vecinas y compañeras, en su parte inferior no dispone de establo, siendo ocupada la estancia por las redondas muelas, la tolva, estantes, duerno de salar carne y arcón de herramientas de labranza y mina. En su nivel más bajo aparece el rodeno unido a recio árbol o eje de madera que recibe el empuje del líquido y lo transmite a los pesados discos de piedra, pertenecientes todos a la impedimenta de un molino harinero de temporada de lluvias.

Trajina afanada la vieja señora, de cara redonda y arrugada, vestida de negro, peinada de moño y con una pañoleta sobre la cabeza, se trata de nuevo de la abuela Estrella y aunque aparente bastantes más años, tiene recién cumplidos los sesenta, muestra las manos tiznadas de blanco, restos sin duda de piñerar recientemente con el cedazo harina, se oye de fondo el monótono son del molino; despide a una parroquiana, que se aleja llevando del ronzal a un asno nervioso y perlado de mataduras, después de haber depositado en el portalón el odre, sacado del pellejo de un cabrito, relleno de grano de maíz, a fin de ser convertido en sabrosa harina para preparar papas o boroñas. Abandona la negra figura el camino de tierra, sube unos macizos peldaños de piedra con barandilla de madera y se introduce en la vivienda, dentro está un rapacín repeinado, larguirucho y flaco –al que hace años que conozco- ronda los once años y responde al nombre de Mino, está dando cuenta de una buena taza de farugas de pan con leche.

Espabila pesau, que ya salía de casa Balbino –le comunica a su nieto al entrar.

En la percha del pasillo de entrada, cuelga una abollada zurrona -empleada pa bajar la leche del monte- una oscura zamarra y un sombrero de paja, componen el austero mobiliario de la estancia cocina, una mesa larga y dos bancos corridos, de una madera que parece blanca, quizás debido a las fuertes friegas con arena y lejía, aunque suele estar cubierta por un hule.
Un gato zalamero levanta la cabeza y miaga suplicante, frotando su tieso rabo contra las piernas del chiquillo que solícito empuña la jarra de leche y vierte el blanco manjar, en un cuenco de madera posado en el suelo, que sirve de comedero para los mininos. De frente entra la luz a través de un ventanal con visillos, las contras están recogidas y son estrechas y alargadas, le acompañan dos tiestos con geranios que adornan su parte inferior, deja delante el fregadero un grifo que surte con agua corriente canalizada desde el río; del picaporte cuelga un reluciente y amarillento cangilón de metal con largo rabo, que se emplea para beber, al lado va la cocina de carbón de marca Hergón, tiene una barra plateada con remates amarillentos donde cuelga un rodillo grasiento, encima van un par de planchas macizas de hierro colado, que se suelen calentar colocándolas sobre el fogón, al frente un horno que en el invierno es muy útil para caldear las zapatillas, secar los calcetines mojados y los mismos pies -si se tercia- después de pescar una buena mojadura, cuenta también con una paila para calentar el agua, el suelo es de madera de castaño veteada y nudosa. Detrás y elevada hay otra ventana que da a la tapa del cubo del agua del molino, con dos armarios empotrados, el mayor con puerta al frente y se emplea como alacena de la comida, en el lateral aparece otro hueco con puerta con tupida red apropiado para secar quesos, fuera del alcance de las golosas moscas, donde también se sitúa un farol con cristales color miel, hecho con hojalatas de forma artesanal por el hojalatero que se anunciaba en el pueblo una vez al mes, como los afiladores a voz en grito y que se ganaba la vida con esas obras y de colocar remaches a las potas viechas; emplea el candil aceite con una mecha para dar luz, está pedido por el chiquillo para ir a cortejar a Blanquina la pecosa y delicada hija de Virtudes, cuando tenga edad. Del techo cuelga suspendida por trenzado cordón, una pantalla con revestimiento de porcelana, el conjunto parece blanco aunque las manchas producidas por los oscuros excrementos de los molestos insectos voladores, le confieren aire de apolillada, la bombilla se alimentada a los 125 voltios habituales en aquellos tiempos. En otro pequeño armario con patas, situados en la parte izquierda van los platos, tazas de bola, cuencos, potas y cazos, a la diestra, cartucho de azúcar, sal, arroz y fardelas con fabas, arbejos y farina de maíz.

Al fondo tenemos una puerta pintada de gris perla y que da paso a una sala contigua, con una laja de gastada piedra como base, restos de la antigua entrada a la vivienda ya que la actual cocina fue en su día un portalón. Es la sala rectangular y tiene en el frente una galería que mira al sur, dotada de estrechos cristales con visillos y contras de madera que se sujetan cerradas con calavichas que ahora cuelgan como badajos de esquilones, cada lateral cuenta con dos puertas y en medio sendos armarios para ropa y los cacharros, destacando la desgastada batería de cocina de San Claudio, pa las fiestas, arrimado a uno de los armatostes se divisa la encapuchada figura de una vieja máquina de coser Singer, los huecos portalados dan a las cuatro habitaciones, pequeños habitáculos en los que apenas caben las camas, a la izquierda cuelga de la pared una foto de los abuelos, a la derecha un redondo sillón de mimbre donde el abuelo se solía acomodar y que yo solía aprovechar como acogedor columpio sentado en su pie, debajo del se abre una trampilla que mediante escalera te permite bajar a la sala del molino, empleada sobre todo en la noche y en el invierno para atender la molienda sin tener que salir de la casa, a su vera el recio y desconchado baúl con los tesoros que el abuelo Avelino se había traído de la Perla del Caribe, arcón lleno a rebosar de fantasías de niñez. Es la sala el lugar apropiado para pegar la hebra en las tardes, cuando el sol apenas nos calienta con sus oblicuos rayos mientras declina y se apaga sumido entre los árboles.

Una gran pota rojiza borbotea sobre el fogón, es la comida de los gochos una mezcla de harina de salvado, patatas y castañas –en muchas ocasiones eran añadidas hortigas- que dejaban en la cocina un penetrante olor a llabaza. El hervidor de leche le acompaña un poco alejado de la rojas anillas, con su tapa de aluminio que siempre terminaba por bailar a destiempo, derramando el contenido, dejando por su costados el rastro del delito, delatores restos tostados del líquido; era habitual que te encargasen vigilar la leche y siempre te distraías -mirando por la ventana, atento al paso de quien fuese o distraido pensando en las musarañas- cuando la tapa se levantaba y terminaba quemando el blanco elemento encima de la chapa de la cocina, antes que pudieras acudir apresurado con el rodillo a quitar el hervidor, al final recibías como pago un coscorrón y la reprimenda consiguiente.

¿Buela, que vas facer pa comer güey?

Un pote de berzas,

Siempre berzas -protestaba, con lo poco que me gustaban los potes, adoraba el jamón, el chorizo y los dulces, el arroz con leche, dulce de leche y nata con azúcar, cheiche a todas horas, eso ya era idolatría.

Pa detrás tienes tamién castañas amagostadas y una potada de pulguinas que sobraron de ayer.

Si me faes arroz con leche, como el pote sin rechistar -le chantajeaba

Cierra el pico y échale una paletada de carbón a la cocina pa que nun se apague –me pedía
Obediente levantaba con el gancho la tapa redonda central y con la otra mano cargaba la paleta en un cajón con negras piedras y alimentaba el fuego que por momentos se apagaba pa coger después más fuerza.

Suena ruido de descalzar madreñas y no se oye el Ave María Purísima, ni hay falta de responder con el consabido Sin pecado concebida -letanías repetidas y gastadas por aquellos tiempos- chirría la manilla de la puerta y unos segundos después penetra como un torbellino un neño rubio, con pelo liso y tieso, con cara de revoltoso e inquieto, lleva pantalones cortos y las rodillas muestran la cicatriz con postilla seca de la última caída, porta una voluminosa cartera.

Mino ¿Ya sabes los verbos del francés? ¡Hoy seguro pregunta! –dice en cuanto se encara con su primo y compañero de andanzas escolares.

Nun seas cenizu –Cheva días diciendo que va preguntar y después nun se acuerda. -¿Te los sabes? Yo nun me aclaro.

Regular, hay tiempos que tracamundio un poco.

Emprenden el camino del Cantón cargados de libros como abechas, con los pies calentinos en las zapatillas dentro de las madreñas y taconeando sobre las gastadas piedras. A la altura de casa Virtudes que tiene sus ventanas adornadas con tiestos, tuercen a la izquierda y antes de comenzar la Carrilona se les une David y Ubaldino a la carrera, era casi la hora de entrar y subían al trote y sin aliento por la empinada travesía, que contaba en lo más alto con una piedra tótem donde tenía lugar una singular competición entre los pequeños, al salir de la escuela con la vejigas repletas, llenas a rebosar, el reto consistía en quien era capaz de aventar más el mexu.

Transcurre tranquila la mañana en la escuela, enredados en sus quehaceres habituales, los mayores perdiendo el tiempo pensando en sabe el diablo que, o bien charlando disimuladamente con los compañeros y sobretodo procurando que el maestro –que por cierto tien mala cara- no tuviese que interrumpir sus tareas cotidianas de corregir cuentas, dictados y dar explicaciones a los más duros de mollera y tomase cartas en el asunto cuando el gallinero comenzaba a desmadrarse.
Es el maestro de nombre Manuel, joven y ligero de peso, cara estrecha y alargada, rostro con piel basta y marcas de viruela, la mirada de zorro, de familia de maestros, era su primer destino como enseñante, aquel día sus labios se habían tornado tirantes y resecos –mala seña- peleaba con cerca de una cincuentena de rapaces, pequeños y grandes, los mayores al final de la clase en una hilera de mesas se preparaban para el primer curso de bachiller, con exámenes a efectuar en Oviedo como libres en el instituto Alfonso II al terminar el curso. A partir de las cinco de la tarde en que el aula era abandonada por los alumnos de curso normal, una escasa decena continuaban hasta cerca de las 9 de la noche en clase particular preparando el bachillerato.
Caserón rectangular, amplia sala y alto techo perteneciente al palacio de los Tuñón barrio de la Techera, tres ventanales daban al oeste y de refilón al pueblo que se perdía en la ladera hasta llegar al río, dos al sur y uno de ellos pertenecía a al salón de la escuela, con una pequeña peana especie de losa de piedra que sobresalía en la pared. El edificio contaba con un gastado escudo en la fachada, lucida y pintada de blanco en la parte alta, abajo piedra vista, el piso de madera, unas cuantas hileras de mesas con un par de redondos agujeros practicados para alojar el tintero: debajo se sitúa una oscura bodega con llagar equipado de una gran prensa con usillo de madera para exprimir la manzana, la entrada tiene un portalón con arco, el piso empedrado, patio cuadrado a la diestra con restos de una antigua vivienda –donde precisamente había nacido mi abuelo Avelino- los restos de los montones de piedras están irregularmente escalonados, cubiertos en parte por la yedra nos servían para llevar a cabo muchos juegos, escaramuzas guerreras y más de un descalabro; en la parte plana solíamos jugar al balón, a la queda, a la pita ciega, al pañuelo, al marro, aprovechando unos hoyos al efecto a las bolas también conocida por el guá, a la pica la mula y la zapatilla bajo techo en el portalón cuando llovía y tantos otros que hoy ya ni recuerdo. Era oscura y de piedra la escalera a la que daba un pequeño ventanuco que apenas filtraba unos rayos de luz, el descanso negro como un ciguato, a la izquierda la escuela a la derecha la casa de Ismael el de la Techera, minero tosco y con malas pulgas al que solíamos importunar la siesta, con nuestros gritos y gran algarabía y que de vez en cuando se vengaba rajándonos la pelota –si la pillaba cuando saltaba al prado que tenía debajo del patio- Un largo y prieto encerado, una recia mesa de nogal pal maestro, y dos desteñidas fotos colgadas en la pared, una con uniforme militar del quícaro sanguinario y otra de paisano un tan Jose Antonio –fascista falangista y llorado mártir- entre dos de las ventanas un armario empotrado en la gruesa pared de piedra, donde se guardaban ropas que debieran ser de la capilla -aledaña al palacio- y cuando quedábamos de limpieza servían para enmascararnos y jugar con las dorados vestidos de uso en los ritos religiosos. En primavera durante los recreos salíamos a dar una vuelta por los alrededores y a veces recalábamos en una huerta cercana, donde Tomás anciano de pelo blanco, campechano, simpático y parlanchín, de similares ideas izquierdosas al abuelo, también como él pertenecía a la cofradía de los eternos optimistas, que más por deseo que otra cosa, afirmaban para tratar de auto-convencerse, repitiendo inasequibles al desaliento la gastada cantinela “ de este año no pasa, seguro que cae el gobierno fascista…” cuidaba las abechas, desde un precario caseto techado con uralitas, situado en mitad de la finca y vigilaba que las laboriosas obreras carretearan pa los truébanos (colmenas) todas las flores de las alrodiadas (alrededores).

Como animal que añora su cueva, de vuelta a casa a medio día, con la fame justa, ahora tengo un recuerdo para Ramón, era mi tío preferido y padre de Balbino, buena estatura, pelo liso peinado hacia atrás, tocado con gorra montera de color gris, pantalones de burdo azul mahón sostenidos por un cinturón de cuero gastado, el pañuelo le cuelga en el bolsillo de atrás, jersey de lana tejido en ochos por las laboriosas manos de María, mirada franca, sus ojos brillaban siempre con ironía, socarrón y amigo de embromar a todo el mundo, eterna expresión de buen humor y burla, disponía de una mente certera y ágil respuesta verbal, muy experto posteador en la mina y madreñero en sus ratos libres, un verdadero manitas y un perfeccionista al que no había oficio que se le resistiera; ganadero, labrador y quien nos enseñó a segar con guadaña en el prado de la Melendral por aquella época, cuando nos aprestábamos a abandonar la niñez. Lo sitúo en el portal del molino de píe y maneja con una destreza que maravilla, encima de un tuero de fresno, una afilada hacha que va golpe a golpe, desbastando unos maderos de nogal para fabricar madreñas, primero fendiendo los troncos que previamente cortara con el tronzón a un tamaño de algo más de una treintena de centímetros, dependiendo del grueso del tronco se pueden sacar una o un par de madreñas o quizá más, su maestría alcanza a manejar como si fuese un bisturí, la zuela, el raseiru y la llegra, dando forma a unos toscos tueros de madera. Todavía recuerdo el día en que nos tomaba el pelo con la lámpara eléctrica de la mina, le ordenaba con voz grave ¡enciendete! Y el candil minero le obedecía, después le mandaba apagarse y la magia funcionaba de nuevo, a continuación nos brindaba que nosotros le ordenásemos y no veas nuestro desconcierto al no ser atendidos, hasta que descubrimos que el truco estaba en un leve giro que le daba a la parte inferior de la lámpara que hacía de interruptor.

Era Ramón también el matarife oficial de los sabrosos cerdos para el consumo familiar del diminuto y familiar barrio, el ritual del San Martín celebrado todos los años al caer el invierno, suponía una fiesta del sacrificio, que sirvió y servía para aliviar el hambre de muchas gentes, bien se merece un monumento el generoso cerdo y no apechugar en su nombre con la carga negativa de ser un insulto ¡ya pudieran llegarle a la suela de las pezuñas los animales de dos patas, que son tenidos como tales! Les clavaba un largo cuchillo desde la papada hasta el corazón desangrándolos para un caldero donde recogían el cálido y rojo líquido, no dejando de remover para que no cuajase, después era empleada para mondongar unas sabrosas morcillas. Cuando éramos pequeños no nos dejaban presenciar el sacrificio de los bichos, más adelante ya cooperábamos a pelar al animal con el agua hirviendo, raspar con el cuchillo la piel; consumado el sacrificio, el experto carnicero procedía a la operación de abrir en canal tan agradecido animal –del que no se desperdicia nada- y sacar las tripas, corazón hígado, lomos, etc. A continuación de haber vaciado las vísceras se colgaba por las patas traseras a la entrada del molino y se dejaba a serenar toda la noche, para al día siguiente descuartizar, operación que consistía en cortar los jamones, lacones, tocinos, untos y hasta la calamona. Eran en verdad sabrosos aquellos lomos del que siempre terminábamos llevándonos algún trozo al descuido y en improvisada fogata los freíamos sin adobar pero con un aroma que quitaba el sentido y nos los zampábamos de una asentada.

Mientras esperaba que pusiesen la mesa pa comer, desde la galería veía como cruzaba sobre el puente de troncos sobre el río, al que alimentaban las aguas de los dos regatos al juntarse debajo de la casa de los abuelos, observaba a una mujeruca no identificada porteando un haz de leña a la espalda, mientras se cruzaba con Jesús un anciano de piel traslúcida, labio inferior caído y pelo muy blanco, llevaba de la mano una vaca sujeta por una cuerda atada a los cuernos, en dirección a la Cuesta que no era tal ya que el camino negando su nombre era llano, mientras tanto el manso animal pastaba los bordes, las cunetas, el viejo hablaba solo como tenía por costumbre en su delirio, era el loco oficial del pueblo aunque seguro que había muchos más que no le andaban a la zaga en sus cuerdos desvaríos.

Sumido en la espera de aquel tiempo, no se por que me viene a la memoria…la esfoyaza, manos rudas se encargaban de la esfuecha aunque no eran descartadas las finas y delicadas de muyeres y neños, me encantaban las tertulias a que daban lugar al anochecer, aquellos días la cocina estaba desbordada por un montón de panoyas desplazando la mesa, se formaba un corro sentados en bancos y taburetes bajos con los abuelos, tíos y primos, todos compitiendo en rapidez de desvestir las mazorcas, era tiempo de frío y el fogón caldeaba el ambiente, mientras borboteaba la pota de las papas para la cena de los participantes al final de la faena, reunidos bajo la mortecina luz eléctrica de una bombilla de poco voltaje y potencia, cuando no era sustituida por la más romántica de las velas, si el diaño o la rama de algún árbol no le daba por derivar la corriente de la línea eléctrica a tierra, con el consiguiente y habitual apagón; las panoyas preparadas con sus tiesas hojas eran colocadas en una goxa o maniega ordenadamente para facilitar el ser cogidas sin perdida de tiempo por parte del enrestrador. Era ocupación y divertimento de los niños saltar y tirarse sobre los montones de hojarasca del narbaso que a veces también eran empleadas para hacer jergones para dormir en las cabañas del monte. Excuso decir que no había radio ni televisión, solo pieles juveniles tersas y risueñas, al lado de otras viejas y arrugadas con el polvo de la tierra adherida tornándolas marchitas y sobre todo la palabra, la tertulia el comentario los chismes, la atenta escucha de los mayores, las anécdotas contadas por unos u otros con más o menos gracejo, novedades o historietas que eran la salsa de la reunión, muertes recientes, cuentos, amoríos y casamientos.

Así contaba uno como hace unos días Constante el de Campiello y si no quedaba identificado para todos, aquí salía a relucir toda su parentela, que si era fío de Maruja, hermano de Pedro el minero, casado con… Se había llevado un susto de muerte, subió al coche de línea -que venía de Oviedo- en Proaza y aunque el tiempo estaba revuelto y lloviznaba de vez en cuando, como venía bien abrigado con una buena zamarra, decidió encaramarse al techo del vehículo ya que dentro solía marearse, trepó por la escalerilla y se acomodó en un banco de madera, no había nadie allá arriba solo en la parte delantera apreció que iba sujeta una caja para entierro que no le dio muy buena espina, atento a sortear las ramas que amenazaban con peinarle el focico, cuando el autobús de línea se acercaba a los laterales para cruzarse con algún camión o coche, en esas estaba cuando apreció como se levantaba de improviso la tapa de la caja… dándole un balto al corazón y una voz que le decía: -¿Ya paró de chover? que le dejó helado, a la sazón un ocurrente vecino de Entrago -poco miedoso- a la altura de San Andrés y dado que habían comenzado a caer unas gotas, ni corto ni perezoso, tomó acomodo dentro de la caja y cuando sintió que alguien más se había encaramado en lo alto del vehículo decidió gastarle una pesada broma.

Otro comentaba como Paco el de Bárcena que había quedado viudo hacía poco, se desplazó a San Martín a preparar los trámites del entierro de la parienta y como el dolor era grande y la llamada del vino castellano le jugaron una mala pasada, así de taberna en taberna y bebiendo para olvidar, terminó llegando al pueblo con la gran tajada, haciendo eses por el camino y con la corona de la difunta colgada del pescuezo como si de la collera de una caballería se tratara.
Si se terciaba que alguno de los participantes entonaba bien…cosa poco habitual ya que nunca ví una familia más negada pal cante, salían a relucir cantos picardiosos que alegraban las chanzas:

Alegrate vaqueirina

qu’esti añu hai bon maíz

tengo yo una panochona

barbada pu la raíz.

Muchos cuentos me habían contado siendo niño, algunos los llegue a creer, otros servían para crear un mundo paralelo en el que habitar cuando las cosas se torcían en este. Aquellos apreciados días en que te acunaba la melodía suave del viento en las ramas de los fresnos, al caer la noche llegaba el aliento calentucio de Castilla, durante el día arreciaba el canto de las cigarras, distraído seguías el nervioso ajetreo de las lagartijas asomando por entre las piedras de los paredones, era continuo el trajín de arrear el ganado por los caminos anunciado su paso por el son de sus cencerros, el palo en los costillares o el aguijonear sus cuartos traseros con la puntiaguda guiada. Cuando al oscurecer eras reclutado para desgranar el maíz, frotando una panoya con otra, al final de la tarea nos entreteníamos haciendo torres con los tueros en competición al que consiguiese colocar más pisos sin que se derrumbara el precario edificio. Recuerdo como un verano de unos años antes, al volver de haber pasado unos días durmiendo en Marabio se solía llevar a cabo en el mes de la yerba –para no tener que subir y bajar al monte todos los días- y como al regresar me había abrazado la abuela llorando a moco tendido, quedé muy extrañado sin saber el motivo, después fui atando cabos y resultaba que los abuelos habían recibido una carta de padre en la que anunciaba sus intenciones de casarse de nuevo, no se lo que le habrían contestado los viejos o por que otros motivos el caso es que se frustró el casorio, lo que estoy seguro es que la abuela le hacía un gran reproche, decía a quien quisiera escucharla:

¿Cómo iba a darles una madrastra a los sus neñus?

Que debía ser lo peor del mundo, por lo menos así le parecía a ella, que era muy aficionada a leer libros de cuentos en los que no había una madrastra buena.

Era engorrosa la vida de un tímido siempre metido en la concha y ahora me estoy dando al vicio de los recuerdos, a la vejez le acompaña la caricatura, cualquiera se vuelve triste y ridículo, hasta nos embarga el miedo a palmarla, y te das cuenta que perdiste la alegría, es una pena sin salida, que nos niega deseos y ambiciones, convertidos así y asá en redomados egoístas, materialistas y roñosos; para casi todo hay más de una razón, a veces muchas explicaciones convencen menos que una sola bien atinada, así me alcanza la imagen de las chicas que aprendían costura con tía Armonía, era Tere la de Ignacio, una jovencita linda y alegre con unos ojos a los que le había prestado sus verdes destellos el campo asturiano, de Tere de Bandujo diré que me parecía lozana, tengo una imagen borrosa pudiera ser trigueña de piel blanca ¿o sería morena? no sabría distinguirla, hace décadas que no la veo para renovar la imagen. Cuando comenzabas a apreciar las mujeres de otra forma -en la escuela franquista solo maromos- siguió la edad del pavo encontrándonos descolocados no sabíamos como tratar a aquellas hembras que te atraían sin saber bien por que, o bien admirabas por el contraste y no eran las abuelas o tías; estando de vacaciones gustaba de pasar la tarde contemplando con ojillos redondos de pollo, aquellos seres de pelos largos que comenzaban a tomar formas rubicundas, que estaban en la flor de la vida y que se movían con tanto desparpajo entre hilvanes, ojales, botones, sisas, bordados y bodoques, está visto que para admirar y gozar la belleza y la vida no hay nada como la primer juventud.

Santa Ana o Santana era la fiesta del pueblo, olvidada ¡por fín! la yerba y hasta pasados los ardientes calores, obligados de soportar a la testera del sol por la recogida de la escanda del pan, a finales de Agosto subíamos pequeños y grandes –siempre a pata- caminando hasta el canto, alegres y risueños con las mejores galas puestas -los hombres en mangas de camisa, relucientes de blancas- cargados los cestos y las alforjas de las caballerías de fiambreras, empanadas de carne, de bonito y de dulce, sin olvidar el arroz con leche y el vino castellano de pellejo, iniciábamos la excursión campestre, con la retama salpicando la pendiente con sujerentes manchas amarillas, por caminos que serpenteaban escoltados por muros que parecían ríos de piedra, espoleados por los ruidosos voladores y el olor a pólvora; a medio día se celebraba en el alto la misa de campaña con procesión de la santa alrededor de la capilla. Gaitas y bailes de jota asturiana daban colorido al festejo junto con vendedores de avellanas y en el carrito de las golosinas también toscos juguetes de chapa y muñecas de trapo. Formaban la barraca o chigre cuatro palitroques arrimados a la pared de la capilla y unas tablas hacían de barra, con el techo de ramascos de fresno por si calentaba mucho el sol. Por la tarde era obligado el baile, amenizado por la orquesta de Juan el del Toral, el monte se veía invadido por música de viento sin altavoces, componían la acompasada banda, un batería seco y arrugado pariente cercano y muy amigo de la uva fermentada, Juan y su hermano Jose a los saxos, un acordeonista y el compañero Severino a la trompeta, completaban el cuadro artístico. A la hora de comer, esparcidos por el campo circundante, vistosos corros de familiares y amigos, dando buena cuenta de las sabrosas viandas y con la bota de vino pasando de mano en mano, con la vista puesta en el valle de Teverga, de improviso se armaba la tremolina cuando un garito de pan terminaba por impactar con algún tricornio, era una falta de respeto a la verdosa autoridad, muy grave delito en aquellos tiempos, el chamarlos “muertus de fame” la pareja amenazaba con suspender la fiesta y repartir palos, aunque días después cuando alguien iba con el cuento -confidentes haylos en todas partes y más en aquella época carcomida por el más fiero franquismo- el arriesgado autor recibía en el cuartel de Entrago una buena somanta de hostias, con lo que era lavada la afrenta y al culpable no le quedaban más ganas de repetir el desafío. Sobre las cinco de la tarde casi siempre hacía presencia la borrina (neblina) acompañada del desagradable viento nordeste, obligando a los alegres celebrantes a continuar la fiesta bajando al pueblo; allí los mayores como mirones acodados en la barandilla -las mujeres llevando sobre los hombros sus capilinas de lana- contemplaban con envidia desde arriba el baile en la pista, como se apretujaban las parejas, los pequeños corrían sudando entre los danzantes haciendo estallar petardos y devorando caramelos sin tino, si la luna no permanecía empingorotada en el firmamento, podías distinguir muy bien las estrellas, y hasta el mismo Spunik veloz se dejaba ver entre ellas, no faltando quien decía distinguir a la perrita Laika o al mismo Yuri Gagarín saludando con la mano desde la escotilla de la nave.

No sé si habría muchos borrachos pero en aquella época en el pueblo bares había abondos y llenos a rebosar sobre todo los fines de semana, y la cultura del vino en razón de contar muchos mineros no era de extrañar, algún que otro borrachín era bien conocido, pero tampoco puedo decir que fuese habitual encontrarte con gentes durmiendo la mona tirados por las callejas, eso sí las canturriadas a altas horas de la madrugada aumentaban con las fiestas. Me gustaba escuchar las conversaciones en los bares, los parloteos de los que jugaban al subastado, hablaban de la mina, de la yerba, de las cosechas, del ganado…y como era muy dormilón y al abuelo los bares no le llamaban, solía retirar pronto con la luna con su disco redondo alumbrando mis pasos camino de casa, tampoco era cuestión de andar un crío a las tantas.

En verano la democrática tertulia de jóvenes y mayores delante de casa Eronda, era otro de los entretenimientos al caer la tarde, en alguna ocasión recuerdo haber visto también –dentro del local que era bar y tienda a la vez- la actuación de algún mago y adivino que hacía las delicias de los más pequeños; acunados por la calina cazurra que entraba por la abierta Ventana, mientras le daba tregua y se lo consentía el frío y desagradable nordeste, sentados en corro sobre el semicircular muro de cemento que formaba la antoxana, que aún conservaba parte del calor del sol de la tarde, mientras te mantenía las posaderas templadas, pasábamos las horas que no volverán, hasta que Lorenzo deslizaba con su mano la cortina por el lomo de Santa Marta, desperfilando el paisaje con su luz amarillenta y mustia, solías aguantar hasta que te quedaba el culo frío; Máximo veterano jubilado haciendo honor a su nombre como máximo enterado y al tanto de las últimas novedades de los dimes y diretes del concejo, era el principal animador de los paliques; otros días la ocupación era corretear y jugar a siete marinos a la mar, por las píndias callejuelas o vagar sin rumbo a la buena ventura del Cantón al Fundil, de Viescas a Mendoza, o excursionar a Gradura aprovechando pa mercar manzanas en alguna pomarada, gastando las alpargatas de esparto, para quemar el exceso de energías que sin duda sobraban asgaya.

Los domingos ver la tele en la bolera del Toral, en la sala que a veces también era baile, arriba estaba el bar del que bajaba de vez en cuando algún parroquiano borracho, despechugado con la falda de la camisa fuera y la bragueta medio desabrochada o mal abotonada; chiquillos y mayores contemplábamos aquel invento que pedía paso y llamaba a nuestras puertas con insistencia, todavía no se podía ver en Asturias pero por Ventana que hacía de entrada, cuando el tiempo acompañaba con nubes que no dejaban dispersarse la señal, un resto de apretadas ondas, nos permitía adivinar en la nevada pantalla los partidos de fútbol del glorioso Madrid de la Copa de Europa, o las aventuras del perro Rin Tin Tin y del pequeño cabo Rusti, se trataba de la gran caja tonta sin cuya compañía ahora, muchas gentes serían incapaces de seguir viviendo.

–¡A comer! –llega una voz desde la cocina, cortando el hilo de los recuerdos. No obstante todavía me queda tiempo para dar cuenta de una anécdota que es la asemeya del machismo en que vivíamos y del que nos cuesta tanto desprendernos a quienes nos hicimos mayores en aquella época (Con ella no estoy tratando de justificar ¡que tamién! la nula ayuda que suelo prestar en los trabajos domésticos ¡soy un caso perdido!)

Abuela, te ayudo a secar los platos, pa poder dir a la cama primero, ¡pero no se lo digas a naide! -Le rogaba ya que dormía en su misma habitación y tenía miedo el ir solo a acostarme y al tiempo no quería que nadie se enterase que hacía ese trabajo de muyeres.

Con el buche lleno, es un decir -ya que era un ruin comedor- me preparo para regresar a la escuela en el infausto día de autos.

Antes de marchar chévale unas fuechas de berza a lus coneyus, las cueches en el guertu y las deixas dentru del corripu de tela metálica -me pide la abuela.

Frente a la casa al otro lado del camino que te llevaba al centro del pueblo, había un huerto y después de encaramarte por un retorcido y cuesto sendero se accedía a un recinto –conocido como el ribachu- con una caseta o corripo en el que estaban alineadas unas conejeras de madera preparadas al efecto para parir las conejas, vivían en semi libertad aunque algunas de las parideras, ellas mismas se encargan de practicar los agujeros en la tierra donde escarbaban con sus uñas los nidos-cueva para parir; me lleva al recuerdo de un perro vagabundo al que había adoptado como mascota y al que tuvo que sacrificar el abuelo, ya que se había aficionado a la carne de conejo, desde aquella me pasé a los gatos, menos fieles pero no dan tantos problemas. No se podría decir que olían bien las antotsanas de las casas ya que el cuchero se situaba indefectiblemente delante mismo de las puertas de entrada, tanto el establo como las viviendas, estábamos acostumbrados y ni nos esterábamos.

Si la memoria no me engaña -y bien puede que sí- pasaba de las cinco de la tarde, cuando Manolo se dirigía a los escolinos con media sonrisa aviesa…

Como llevo advirtiendo desde hace bastantes días, los verbos franceses los hay que saber como el padre nuestro, de atrás para delante y de delante para atrás, así que hoy me vais a demostrar el caso que hicisteis.

El corazón nos latía con fuerza a todos, no se por que presentíamos la tormenta que se avecinaba.

¡Emilio a la palestra! –indeciso y remolón se demora…

¿Naciste cansado? -le apremia

Dos tiempos correctos dieron paso a un tercero con una equivocación en uno de sus personas.

Las palmas hacia arriba –le pidió, mientras aprestaba la vara de avellano que ya portaba en la mano.

–Zas, zas,zas –la vara cortó el aire, estrellándose contra las blancas y ateridas manos, mientras las lágrimas pugnaban por desbordarse y a los demás se nos encogía el corazón, ante el castigo que se nos avecinaba.
Angel como más listo y estudioso fue quien aguantó más asaltos a las preguntas, pero al final también terminó probando las mieles de la fina y silvante vara. En pocos minutos todos terminamos saboreando la dureza y flexibilidad del avellano. Allí estábamos comenzando por el mayor David y siguiendo con Tito, Fernando y terminando por quien suscribe, la mayoría llorando como piperas, refugiando las manos debajo de los sobacos, para darles un poco de calor, e intentando a destiempo dar el callo y aprender a marchas forzadas los malditos verbos franceses, con la vista nublada por las lágrimas que dejaba sobre las hojas de los libros su huella y la certeza que las lágrimas son incoloras, inodoras y de sabor un tantín salado. Solo no llegaron a llorar David y Balbino que se retorcían rojos de ira sin darle el placer al maestro de conseguir que llorasen, excuso decir que fueron los dos, los que con más refinado ensañamiento maltrató el fiero cilicio del maestro, emperrado (dispuesto) en conseguir que aquella tarde todas las caras llevasen los surcos de las lágrimas marcadas en sus caras a la cama.

Apechamos con el castigo como buenamente pudimos, intentando caer de pié como los gatos, pero todavía nos esperaban más acontecimientos desagradables, nos concedió un nuevo tiempo de repaso y a continuación tuvimos una segunda ronda de preguntas y de nuevo palos a mansalva, tamaña golpiza la recordaremos mientras vivamos, al día siguiente tramamos venganza, ¡pobres ilusos! ¿Qué podíamos hacer en aquellos tiempos contra la autoridad y la vara del maestro? Las manos mostraban las huellas del castigo bien marcadas con los dedos doloridos y ligeramente hinchados, le mirábamos con rencor y maldiciéndole por lo bajo, apenas podíamos sostener la pluma entre los dedos.
El ritual del suplicio era conocido, manos extendidas con las palmas hacia arriba y que no se te ocurriese retirarlas cuando la justiciera vara trataba de alcanzarlas, pienso que esa actitud de manos medio encogidas y temblonas daban lugar a que la fuerza de la vara incrementara el daño en las manos desamparadas, en cambio las que encaraban el castigo con rabia y rigidez que convertían los dedos en alambres de acero quizá en parte repelían el castigo y a la postre recibían menos daño.

Todavía resuenan en mis oídos el je parlai, tu parlais, etc. O el je tins, tu tins, mezclados con nous partîmes vous partîtes y tantos otros tiempos sin orden ni sentido, que un día terminaron marcado las inocentes y delicadas manos, cuando el maestro decidió pagar sus malos humores en las tiernas carnes de sus alumnos.

Estas Navidades entre polvorones, turrón y algo de champán, decidí dejar en el blog unos lejanos recuerdos, para celebrar el post número 300, el estar a punto de llegar a las 75.000 visitas y el llevar más de dos años perdiendo el tiempo y a la vez entreteniéndome delante de la pantalla. Perdonad si me alargué más de lo acostumbrado, pero estas fiestas el cuerpo me pedía volver atrás en el tiempo.


Barrio del Río


Ramón, Balbino y María


Escolinos en la escuela de la Techera


Estrella


Avelino


Abuelos


Severo, David, Mino, Balbino, Ángel
José, Julio


Escuela de la Techera


Casa-molino


Casas en el Río


Interior del molino


Casa de María y Ramón


Casa de los abuelos


Barrio del Río


Casa Jose Antonio


Madreñas


Trabajando la madreña


Matanza


Esfoyaza (Esfuecha)


Enriestrar


Santa Ana


Valle de Teverga desde Santana


Entrago


Palacio


Alto Siecha


Sobrevilla, Munticiello, Las Vegas y San Martín


Peña Gradura


San Martín


Senda del Oso


Sobrevilla


Colegiata


Gildo y su yegua

¿Para qué sirve Naciones Unidas? Por Max.

Publicado en Actualidad, General por maxalvarez en Enero 3, 2010

_____Último rescate, data de Diciembre de 2006

–De entrada podemos afirmar que Naciones Unidas sólo sirve para colocar vendas -eso sí, muy floridas y cacareadas- al pobre atropellado, tiene en contra que se muestra totalmente negada para librarlo de los golpes del matón, y si se tercia coopera -así como el que nun quier la cosa- en echar una mano -uña con pezuña- con el grandullón para tratar de inmovilizar al oportuno cordero pascual. Nos decía Hugo Chávez que Naciones Unidas ha agotado su modelo, y no se trata simplemente de proceder a una reforma, el siglo XXI reclama cambios profundos que sólo son posibles con una refundación de esta organización.

Hechos destacados recientes: Los cruzados de los Cascos Azules re-invanden a toda priesa El Libano para controlar la resistencia que ha frenado la reciente y criminal -con miles de víctimas inocentes- incursión israelí. Metidos en harina, ahora su principal cometido es averiguar y descubrir quiénes son los estrategas y miembros de la terrorífica y terrorista resistencia, para, aprovechando la legalidad de la impunidad vigente -concepto plenamente operativo en el recientemente torcido derecho internacional- chivar los datos obtenidos, para que oportunos asesinatos selectivos -donde los jodidos judíos no tienen parangón- lleven a la práctica una paulatina solución al problema, digamos que más o menos como la ya muy experimentada y laureada, a la “palestina”.
Daría risa si no fuese trágico. Dicen que Naciones Unidas fue explícitamente creada para “…salvar a las generaciones sucesivas del azote de la guerra” y “…para tomar medidas colectivas efectivas para la prevención y eliminación de las amenazas de paz…”. Nos hacemos cargo de todos esos principios y quedamos tan panchos, la verdad es que somos la repera con las palabras, lo malo es que al llevarlas a la práctica, dejamos bastante que desear. Tamaño fracaso es imposible superarlo, no… lancemos anticipadamente las campanas al vuelo…, dejad que pase el tiempo, ¡pudiera acontecer que sí!

Cuando algún estamento no tiene utilidad, no produce beneficio apreciable y en cambio sí sirve para tolerar la tortura, para legalizar las guerras al servicio exclusivo de unos pocos -que tienen como único objetivo acaparar mercados y materias primas- es mejor que tal Organización -por muchas medallas que se cuelgue- desaparezca y que cada país se busque sus alianzas y acuerdos como buenamente puedan o les pete, pero lo que no es de recibo es tolerar que siga la pobre víctima propiciatoria, confiada y al propio tiempo atada de pies y manos de quién demuestra ser su enemigo, lo más lógico es que rompa con quién sistemáticamente le sodomiza, pues no cabe temer que por ello pueda producirse un empeoramiento del paciente desahuciado. Es mucho mejor un divorcio a la española -cuando no existía el divorcio-, el conocido “ahí te quedas”, que una penosa convivencia con maltratos sistemáticos. ¿Qué tesoro pueden perder los que todo les ha sido robado y nada les queda?

Naciones Unidas, es un instrumento rápido y efectivo en legalizar y bendecir el beneficio de los infractores, los organismos internacionales han quedado neutralizados y postergados por los intereses políticos de las grandes potencias, y sólo se mantiene porque les interesa a esos cuatro de cara a seguir haciendo el paripé. ¿Qué pintan figurando allí, los que no tienen ni voz ni voto y maldita si pintan algo?
Hay que aprovechar que los gringos están con los rulos puestos en Irak, que los israelíes lamen las heridas que les produjo el zepo de Hixbulá en sus blancas canillas, el día menos pensado nos despertamos con que Pakistán fue tomada por los fundamentalistas y se sueltan de la mando del bush y entonces se complica de veras el panorama y el ben laden se carcajea desde una ignota montaña de Afganistán.

Vista la manifiesta inutilidad de Naciones Unidas lo más lógico es que cada cristo se lama su pijo, si unos son felices adorando al diablo de la democracia de gringolandia, ¡peor para ellos! De otra parte estaría el grupo de los conocidos como “eje del mal” ¡carajo! Que formen ya un verdadero eje central robusto y tetudo, los amigos de Chávez y Fidel -que pese a ser pobres diablos, aparentan por los menos ser más honrados y desinteresados- como dice el refrán: Vale más ser cabeza de ratón que cola de león. Que procuren abrir nuevos horizontes, comerciar y estrechar lazos entre los pocos bien avenidos, y si tiene que volver al antiguo trueque… ¡pues a ello!

Me temo que no serán muy partidarios del tema, y tratarían de poner las mayores trabas, aquellos que se lucran de exprimir el jugo del mercado y por ende tienen la sartén por el mango. ¿Sabéis que les digo? ¡Que se vayan a freír espárragos BM, FMI y NU! Lo que sobra de la faz de la tierra, es la ralea de esquilmadores de toda laya.

El negro de Gringolandia continua el cerco a Venezuela. Por Max

Publicado en Actualidad por maxalvarez en Enero 2, 2010

¡Hay que quitase hasta la boina! Tien mérito la actitud y el trabayo realizado por el Chávez, ante la última criminal arremetida efectuada por Gringolandia, y su peón colombiano y más contando con una vendida quinta columna dentro de su propio país –oligarquía apátrida- formada por los miserables que viven pendientes de echarlo del gobierno y tumbar los modestos beneficios del petróleo con las clases más desfavorecidas, pero ese poco, esas migajas, son mucho más de lo que están dispuestos a permitir los que se creen dueños de todo.

La única salida que le queda a Venezuela es potenciar la guerrilla de las FARC-EP, si la miserable carcundia cuentan con una quinta columna en tierras venezolanas, sería suicida no tomar medidas apropiadas y lo bueno es que no hay necesidad de inventar nada, la maquinaria está a punto y engrasada, sin duda la contrapartida de Venezuela y Chávez debe ser la guerrilla, mientras Colombia tenga en la retaguardia un potente ejército de guerrilleros atentos y dispuestos, se cuidará muy mucho de iniciar operaciones en territorio vecino.

Venezuela debe negar y renegar pero nunca dejar de apoyar y financiar la guerrilla bajo manga, a escondidas o como prefieran, pero ese grupo guerrillero es la clave fundamental para la salvación del pueblo venezolano, para la seguridad de sus gentes, mientras el criminal y pendejo del Uribe tenga en su retaguardia miles de animosos guerreros con armamento moderno y dispuestos a aprovechar la coyuntura de su distracción en peregrinas veleidades y caer por la retaguardia sobre las líneas de suministro, no se atreverán a dar un mal paso en casa ajena.

Aprovechando la coyuntura Venezuela debería comenzar por barrer la propia casa, nacionalizando los bancos de la quinta columna y expropiando todas sus industrias, avanzar sin ningún complejo al socialismo, dar el poder a los consejos populares. Cortar de raíz el comercio con Colombia. Por mucho que digan y llamen terroristas a las FARC-EP estas no tienen secuestrados en su poder, como mucho prisioneros de guerra, igual que están prisioneros cientos de guerrilleros, en manos del narcotraficante y paramilitar del Uribe.

Al desprecio de Gringolandia, al intento de ahogar por la fuerza los aires de independencia que soplan desde el sur, tendríamos que responder desde todos los rincones del mundo. El restablecimiento de la IV Flota, con jurisdicción en América Latina y el Caribe, es una clara amenaza para la región, pues la única función de los buques de guerra yanquis en la historia de esta región ha sido agredir a sus pueblos. No se puede dar tregua al imperialismo, por mucho que se disfrace con negra piel de cordero. Ni un paso atrás, ni un segundo de distracción, los resultados del último descuido los tenemos en Honduras ¿Acaso ningún servicio de inteligencia de los países hermanos bolivarianos, fue capaz de darse cuenta del golpe que se gestaba en el pequeño y frágil país? Fue un fallo imperdonable, en el futuro deben estar mucho más despiertos y anticiparse a los planes de los usanos, que no se pueden embarcar en más guerras directas, pero su espíritu guerrero y sus intereses les recomiendan llevar a cabo estas por medio de interpuesta carne de cañón y en ese capítulo entran perfectamente los colombianos.

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“Articulación de una nueva democracia”. Por Max.

Publicado en A su aire por maxalvarez en Diciembre 31, 2009

Sigo de rescate, este es de Octubre de 2006.

Desde muy joven -eran tiempos álgidos de nuestro particular patán pata negra y cúrtias- sentía curiosidad por entablar conocimientos con el ogro de la democracia y el coco de los partidos políticos, de los que apenas nos llegaba un tufillo desde la lejana y vieja Europa. Los que algo sabían del tema, te hablaban -a escondidas y bajando la voz- de unos rasgos destacados -parcialmente olvidados por unos- y por los que la mayoría descorazonadamente llevaban largos años suspirando:

-Distribución equitativa del poder y la autoridad.
-Elecciones libres para designar autoridades.
-Reconocimientos de las necesidades e intereses de mayoría y minorías.
-Participación organizada en la toma de decisiones.
-Práctica de valores democráticos.
-Vigencia del Estado Social de Derecho.
-Reconocimiento mutuo y cumplimiento de derechos y deberes.

Otros más cartesianos te mentaban una serie de Principios:
-Pluralismo: Coexistencia de varias tendencias políticas.
-Tolerancia: Respeto y consideración hacia las maneras de pensar, actuar y sentir de los demás.
-Reciprocidad: Responder a una acción con otra correspondiente.
-Solidaridad: Sentimiento que impulsa a los hombres a prestarse ayuda mutua.
-Participación: Tener presencia activa en el poder los ciudadanos.

Y los terceros en discordia te dejaban la boca abierta, enumerando una serie de Reglas obligatorias cumplidas por la divina Democracia:
-1. Balance de Poderes y Fiscalización.
-2. Elecciones Libres.
-3. Todos tienen derecho a elegir y a ser elegidos.
-4. Libertad de Expresión.
-5. Libertad de Información.
-6. Existencia de Partidos Políticos.
-7. Subordinación de los militares al Poder Civil.
Todo muy bonito e ideal, y como en los mejores cuentos, eran felices y comían perdices.

Pasan los años y con el tiempo te vas dando de bruces con la realidad cotidiana, uno pasa a la trastienda y llega a catar la miga del asunto, ni reglas, ni principios, ni rasgos. El meollo de la cuestión nos lo indicaba Pedro hace unos días: “La democracia no se detiene, es una lucha constante para mejorar las condiciones de vida en el sentido espiritual y material”. Todo lo que sea apartarse de este santo principio nos conduce a un mal fin: ¡La quiero vivita y coleando!, lo demás son paparruchadas. De poco me sirven la intemerata de rasgos, principios y reglas si están muertas, si cada uno las interpreta y las cumple a su conveniencia, si de continuo caemos en la democracia remedo de la tripa de san jorge -que estira y encoge a conveniencia-. Estoy convencido que si no se contemplan bajo el prisma de la mejora de las condiciones de vida de todos, de nada nos valen: ¡Son un engañabobos.

Indigna escuchar a tanto papanatas defendiendo a Gringolandia como ejemplo de democracia, cuando hace gala de un comportamiento todo lo contrario a una buena y sensata práctica de ella, y para mayor recochineo, hasta su sumo sacerdote se permite admitir que tienen cárceles secretas ¿De qué clase de democracia presumen? ¿Se puede seguir llamando democracia a esta clara y podrida mercocracia criminal y terrorista? ¿Verdaderamente existe alguien que considere que cumplen las reglas, asumen los rasgos o respetan los principios? Me temo que muy pocos. Todo su cacareo se resume en dos palabras: DEGRADACIÓN DEMOCRÁTICA. Dichosos gozan y se refocilan en una mercocracia que está podrida y huele que apesta, no sería conveniente seguir tapándonos la nariz eternamente. Si el faro y guía está en condiciones tan precarias que cabe esperar de los demás miembros. El nuevo poder de las mafias de redes económicas y financieras le dio la puntilla a la democracia tradicional ya solo nos resta enterrarla y buscar una nueva vía. ¡Qué la suerte nos acompañe!
Reflexión final: Me produce perplejidad el que se tenga más estima, y sea considerado como más decente, quien se pasa por la entrepierna la democracia -a todas horas- y para colmo se cisca en ella, que otro que sin profesar la democracia, tiene un comportamiento más acorde con la mayoría de sus premisas y planteamientos, y no señalo a nadie…

Las fotos pertenecen a un precioso rincón de Letonia.

¿Aprenderá alguna vez la derecha el dialecto de la democracia? Por Max

Publicado en Divagaciones por maxalvarez en Diciembre 23, 2009

Rescato unas letrucas, estas esvilladas allá por Septiembre de 2006.

Parto de la premisa de que la democracia es -para mí- una especie de amnesia interesada, también la podemos considerar como una suerte de enfermedad -tal vez benigna- de la que unos millones suspiran por enfermar y al resto los quieren enfermar por las bravas.
Esta nuestra derecha -que padecemos- está obsesionada por principio con ser de centro, lo que contrasta con su comportamiento cada vez más extremista: Su ansia es volver al poder -que paradójicamente nunca ha abandonado- y privatizarlo todo, bueno, lo poco que les quedó en su última devastadora incursión. No quiere que le recuerden su querido y tenebroso origen y al mismo tiempo no renuncia a sus bien enquistados vicios heredados, se creen -y verdaderamente lo son- los dueños del chiringuito y como tales quieren disponer de él a su antojo. Siguen mandando como si de una vulgar mafia se tratara -la cohesionada mafia de los doscientos padrinos- arropados por una jerarquía eclesiástica tan mezquina como la de tiempos de preguerra, guerra y posguerra, y siempre contando con la atenta vigilancia en segundo plano de la nefanda casta militar. Y todo por que hubo un tiempo en que a una generación de obreros y campesinos se les hincharon las pelotas y se atrevieron a desafiar y dar la batalla al capitalismo. Ahora dicen que eso de rescatar la memoria, de un camino que en su día no pudimos recorrer, son “viejos rescoldos de odios fratricidas” cuando la lucha de clases sigue vigente, quizá bastante adormecida por el consumismo imperante e impenitente, pero ha de llegar el día en que se despierte de nuevo esa olvidada y muy digna conciencia de nuestros antepasados que nos dieron ejemplo de antifascismo y progreso.
La derecha en el Estado español tiene un absoluto desprecio por la democracia. Este año es un aniversario señalado de la guerra civil, cuando esas mismas fuerzas derrocaron la República e instituyeron una dictadura que duró casi medio siglo, aplastando a la clase obrera, asesinando la incipiente democracia -que tantos años de sudor y lágrimas había costado alumbrar- y paralizando la vida cultural que había comenzado a dar sus frutos maravillosos.
La clase dominante española estaba y está muy cómoda con esa situación y mira su pasado con nostalgia. El lenguaje de la derecha, y particularmente de la iglesia, en los últimos tiempos contiene un claro eco del lenguaje rescatado del pasado franquismo, siempre presente en sus corazones. Ahora con la mayor desfachatez se atreven a restregarnos por nuestros morros que “el franquismo lo fuimos todos” -presumo que se referirán a ellos mismos y a los pocos de los otros que dejaron con vida- y una cosa es que pasáramos a trancas y barrancas por el franquismo y otra que fuéramos sus compañeros de viaje, y que por una suerte de milagro lográramos a duras penas mal vivir. Al final ya veréis como la culpa la tenemos nosotros por no habernos rebelado contra el patas curtias -ya que dispusimos de cuarenta años para ello- cuando se permitieron dar continuidad al más ruin capitalismo por medio y por el miedo de un franquismo que mantuvo al país a sangre y fuego, hasta el último día de la perra vida del mayor genocida de españoles, compensada en cierta manera con un final glorioso -incluido un san martín, radiado desde su cama parda- practicado al cerdo de El Ferrol, también conocido como “Paca la Culona”.
Para la derecha, la democracia se reduce a una alternancia partidista -cuanto más clónicos a sus desempeños mucho mejor- para que el capitalismo se perpetúe y se reproduzca sin sobresaltos, el ideal serían dos partidos que se alternarían en la administración del capitalismo sin salirse del guión establecido, nada de tener la tentación de darle la vuelta a la tortilla, ni aunque los ciudadanos fuesen partidarios de ellos: Está todo perfectamente delimitado para que el tren no pueda descarrilar. Esta derecha no defiende el derecho a la verdad ni a la justicia, no defiende la voluntad popular, sino el atado y bien atado, insigne aserto final de su idolatrado ídolo. Su único desvelo es una democracia representativa…. de los intereses del capital.
Conclusión: La derecha nunca aprenderá el lenguaje de una verdadera democracia: ¡Sólo harán el paripé!

La milagrosa y santa Transición. Por Max.

Publicado en Actualidad por maxalvarez en Diciembre 17, 2009

Gracias a la santa Transición, un mal oliente río de fascistas españoles trasmutaron de un día pa otro, de cuarenta años como vulgares crisálidas a coloridas mariposas, de prietos falangistas pasaron a virginales demócratas de toda la vida. Y haciendo honor a tan milagroso comportamiento, consiguieron el notable logro de hacer evaporar en la evolución, su antiguo y tétrico ropaje, plagado de archivos policiales y militares, de miles de documentos comprometedores que daban fe de su criminal proceder anterior, quedando de golpe lavados de toda culpa, redimidos e inmaculados por obra y gracia de la santa Transición (raído sayo con que se intentó tapar las impúdicas vergüenzas del franquismo)

El momento álgido fue la entronización del Felipito -como buen lagarto y larga mano de la CIA- se adueñó de la franquicia del PSOE, en connivencia con políticos, militares, jerarcas católicos y hombres de negocios franquistas, e hizo posible el secuestro de la Transición en su mutuo provecho. Esa conducta llevó al naufragio del espontáneo y gran movimiento social por la democracia. Graciosamente se repartieron los puestos y sinecuras del orden surgido del Pacto de la Moncloa, dejando irresueltos -en otra clara concesión al búnker- los instrumentos legales e institucionales que habrían propiciado la integración de los pueblos de España con igualdad de derechos en un Estado federal, pluricultural y plurinacional descentralizado. Para colmo, convalidaron también el olvido de la historia y amnistiaron de forma extralegal y extrajudicial, a los responsables de la represión franquista. Todo ello provocó el inicio de la desmovilización popular, más tarde completada la jugada, gracias a la política anti-obrera, la corrupción, la ilegalidad y la represión contra los vascos, acabando de desarmar el gran movimiento social surgido de la lucha anti-franquista e induciendo al cinismo y la complacencia a importantes sectores. No contentos con la salvajada anterior, se hicieron acreedores del mérito añadido de tirar a la rebatina los caudales del Estado, dando continuidad a las privatizaciones de las empresas estatales y tantas otras de la amplia riestra de recetas neoliberales, que a la postre resultaron a cual más dañina.

Siete magníficos se encargaron de alumbrar una Constitución del MIEDO en medio de una Santa Transición del MIEDO y yo me digo que nada digno se pudo haber conseguido, con tanto lastre, con tanto MIEDO encima.

Igual que hace unos días en Honduras quedó consolidado el golpe bajo el protector manto de Gringolandia –después se atreven a presumir de demócratas- aquí en España el Borbón (es su máxima: “llámame bobón y dame trigo”) como chamán supremo logró cuadrar el círculo. ¿Cómo vamos a pretender que la Audiencia Nacional investigue los crímenes contra la humanidad cometidos durante el golpe de Estado y la dictadura franquista, si ellos fueron arte y parte, cuando más los actores principales o cuando menos hijos de los mismos?

Los frutos de aquella milagrosa transición los saboreamos todos los días:

Somos los números unos de la UE en fraude fiscal y no se vaya a creer que es obra de unos desarrapados chorizos de tres al cuarto ¡que va! el 99% es obra de los banqueros, patronal y sectores más ricos en orden decreciente o creciente que a veces las apariencias engañan.

Somos los únicos de la Europa de los mercaderes, que no podemos criticar al Jefe del Estado, sin exponernos a dar con nuestros huesos en el calabozo.
Somos el país que sin tener una economía demasiado floreciente en cambio aportamos la mayor cantidad de dinero a la sanguijuela, peregrina y parásita secta católica.

Disfrutamos de un nacionalismo central excluyente, pendenciero y que está a todas horas, tratando de ahogar y eliminar los nacionalismos periféricos.

En fin, somos el único país de Europa en que las victimas del fascismo y la dictadura siguen dando artos y ortigas en remotas cunetas, por que un Estado cobarde en grado sumo y consentido por los tan gallinas de sus súbditos, que pasan de todo o no se atreven a nada y mucho menos a tener un arranque de dignidad y desenterrarlas.

Los cuadros que siguen son de Thomas Kinkade

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Obama, un Nóbel fato y chusquero. Por Max.

Publicado en Opinión por maxalvarez en Diciembre 11, 2009

Es un pelele en la corte del imperio, que no tiene autonomía ni para mover una pestaña, ¿Y ese fantoche ennegrecido iba a meter en cintura a los judíos? ¿Y nos dicen que pretendía cambiar el mundo? ¡Vamos ya, tu deliras! Más de lo mismo, lo triste es que millones de personas en todo el orbe están siendo vilmente engañadas por todos los cuentos. Solo tiene labia, discurso florido, hueco; estas mosquitas muertas son las más peligrosas. El estado policial de Gringolandia hace lo que le peta al lobby militar y como le peta la guerra, guerra continua tendremos, no hay otro camino. Ya puede desgañitarse el prieto monigote -si tuviese alguna intención, que lo dudo- nadie va cumplir unas órdenes que cuestionen los intereses de los poderosos, está cautivo, es un cero a la izquierda, una cagada del chacal.

Poco a poco se va abriendo paso en su oscura mollera que la atención sanitaria tienen que suministrarla los seguros privados de salud.
Alguien en su sano juicio puede creer que los poderosos seguros van a permitir anteponer la seguridad sanitaria de millones de ciudadanos, a los inmensos beneficios de la guerra continua contra el terror o mejor en beneficio del. Los seguros privados son sagrados ¿Quién va atreverse a quitarles sus potenciales clientes? Nunca será permitido a menos que ellos se lleven la parte del león de la medicina socializada.

Un día tuvo un sueño de traer las tropas a casa, cuando despertó de su mala pesadilla, miles de nuevos soldados gastaban las suelas de sus zapatos y la diñaban despanzurrados, en las duras estepas de Afganistán y Pakistán. Vivimos en un mundo al revés, donde el Nobel de la Paz atiza la guerra con miles de milicos, promoviendo asesinatos indiscriminados, mientras que los que son tenidos por tiranos -como Raul y Fidel- envian miles de médicos y educadores para ayudar a las gentes de cientos de países. Si el pánfilo pueblo gringo llegase algún día a comprender que las guerras que con tanto ardor están librando, se expiden para enriquecer a las industrias de armamentos y del petróleo, la gente pondría cabrearse un poquito, ¡Déjales que disfruten plácidamente de su memez suprema!

Con un dólar que más parece un dolor que una moneda, inflado y a punto de explotar, con un país máximo deudor y haciendo malabarismos en el canto de la quiebra, siguen en las mismas, creyéndose el ombligo del mundo, les va ser muy duro adaptarse a la nueva realidad, que más pronto que tarde les ha de llegar.

Me da que va durar poco el negro en la casa blanca, una fémina lo sustituirá para continuar adornando el llamativo engaño, seguramente la Palín, consumando con ello de hecho el estado policial que les viene encima y a nosotros de rebote, ya que los gobiernos de esta Europa de los mercaderes son unos títeres manejados por la guerrera Gringolandia y del que va costarles un riñón el salir y sudores y muchos disgustos a los demás. Un nuevo estado nazi –disfrazado de democracia- está a punto de terminar de encaramarse en las altas instancias de la Unión y este al contrario que su homónimo Führer –derrotado hace bastantes años- y que se le veía venir de lejos y actuaba a cara descubierta, este engendro será infinitamente más peligroso por llegar enmascarado,ahora con la piel del cordero negro, después con la cautivadora sonrisa de una mujer. ¡Que el diablo nos asista!

En el siguiente enlace, se pueden dar una vuelta por la ciudad de New York callejas y edificios incluidos. ENLACE


Pete Seeger


James Petras