Ruta del Alba. Por Max.
Ese domingo era día de difuntos y para celebrarlo en vez de perder el tiempo papando frío, mientras el negro ensotanado de turno, repartía entre las tumbas agua –dicen que bendita- a hisopazo que te crió, mientras por otra parte enseñaba el cesto de mimbre cual discreto cazo; total que decidimos cambiar la historia e irnos de picos pardos, girar visita tempranera al cementerio y tener un recuerdo sentido de los parientes fallecidos y a la hora de los autos sacros, disfrutar -en Avilés- de un tocinoso, acelgado, laico y estupendo pote asturiano.
El lunes aprovechando que había sido declarado festivo, la temperatura parecía agradable aunque el cielo estuviese un poco nublado, decidimos repetir la ruta del Alba de la que no conservábamos ni un rís de memoria. Partimos de Soto de Agues, bonito pueblo sito en tendido y amplio llano, madrugadores emprendimos la caminata desde un antiguo lavadero, ahora por camino asfaltado a lo largo de unos cuatro kilómetros, operación de mejora para los vecinos –antes podría opinar sin faltar a la verdad: para los pastores y arrieros, la realidad de hogaño es que ya no quedan- que en su día levantó una polémica polvareda su ejecución, a resultas de unas licencias con firmas falsificadas.
Pertrechados con cámaras de fotos y de video en ristre, nos adentramos por el ancho camino, pasando en principio al lado de una piscifactoría, continuando por la margen izquierda del río Alba. Los colores y contrastes de la seronda lucían en todo su magnífico esplendor, según nos íbamos adentrando por el curso y desfiladero, hasta llegar a la cabecera del río tres horas después, en lenta y muy gratificante travesía. Según íbamos avanzando los recuerdos se encadenaban e iban saliendo a flote pese a los años pasados, reconociendo que en esta ocasión los colores eran más plenos y el paisaje brindado de lo más hermoso. Una auténtica gozada otoñal.
Por supuesto no coincidimos con el oso pardo, ni con los vistosos urogallos, que también dicen se pueden llegar a encontrar por estos andurriales. Los lobos tampoco hicieron acto de presencia, ni el águila real se digno alegrar nuestro paso con su planeo o picado característico, la única ave que logré distinguir fue el mirlo acuático, no me fue posible observar truchas, y muchos menos la bigotuda, pescadora y seguramente escasa nutria.
Erizos de castañas abiertos se encontraban esparcidos en el piso, aunque el fruto ya había sido catado por alguien más madrugador. Aparte de las castañales, robles y fresnos abundantes en la parte más baja, pude observar, tejos, hayas y tilos. En la estrechura, en lo más encajonado, donde perdura y se enseñorea la humedad y la sombra, predominaban los helechos, musgos y líquenes.
Paraje que podríamos considerar adusto y grave, da comienzo el tramo de mayor belleza, cuando desaparece el cemento bajo los pies, y se empina y encajona la senda – ese trecho se conoce como las Foces de Llaímo- entre paredes elevadas de cuarcita o bien calizas, discurre el camino, con el acompañamiento de un arroyo torrencial, que se despeña en cascadas, pozos y rápidos. Por dos veces cruzamos el arroyo, mediante puentes de piedra, seguramente bastante antiguos. Casi llegando arriba aparece la cascada más bonita y espectacular, como final arribamos a una abierta pradería con una cabaña y a su lado unas mesas con unos bancos donde poder dar buena cuenta del bocadillo y terminar con el aprovisionamiento de agua, conseguida en los muchos manantiales que se encuentran en el recorrido, y de postre contemplar la alta cumbre del Retriñón, pico más elevado del concejo.
El descenso fue veloz, sin descanso y poco después de las tres de la tarde, nos vimos instalados en el restaurante del pueblo con la servilleta al cuello, algún menú ya estaba agotado, la verdad sea dicha el local no contaba con muchos, pero como debe ser y sin duda es mucho más gratificante, los tenidos eran consistentes, de cocina casera y del lugar y perfectamente preparados. Por cierto esta pequeña aldea cuenta con espacioso aparcamiento a su entrada donde poder dejar las recuas de caballos con que nos solemos desplazar en la actualidad.
Sentados en la sobremesa tomando un café, fuera del establecimiento merced a las agradables temperaturas, charlábamos imaginando como sería aquel entorno a finales de la Edad Media -o un poco más adelante- contemplando una amplia vega, poblada de unos españoles resultado de la mezcla de cristianos, moros y judíos, los conjuro y pasan ante nosotros convertidos en posaderos, labradores, arrieros, mendigos, pastores y curas; impregnados todos de acendrado nacionalismo y catolicismo, cultivando la tierra del mismo modo que siempre, con el arado romano –pienso que hace cincuenta años pintaríamos una estampa muy similar, lo que da dimensión del atraso de siglos que portábamos a nuestras espaldas en tiempos del innombrable- repitiendo los gestos ancestrales, y sufriendo una miseria material y una aridez espiritual y un vacío que se acercan a la nada, ensimismados en su espíritu de campanario, de recelo y desconfianza a todo lo que no fuese la patria chica. En la distancia no deja de tener cierto encanto aquella mezcolanza de pícaros, listos, zotes y santos.
Quienes tengan interés en conocer y dar un paseo por esta senda o ruta, les brindo un video en dos partes, colgado en mi página de facebook:
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Colección de fotos de la Ruta del Alba
“La otra generación de la posguerra”, Por Max Alvarez.
Rescato un nuevo escrito, este reza de Mayo de 2006 -ya restan pocos-
Sirva de recuerdo de mi tío Ramón y su primo del mismo nombre, ambos teverganos de buena ley y fallecidos por desgracia hace unos años.
Aunque el mes pasado había cumplido ochenta y cinco años, no dejaba de ser una persona muy joven -llena de vida-, le podríamos considerar perteneciente a la generación del cuarenta y siete ya que ese año marcaba la flor de su vida y no van a ser solo los poetas o escritores los que así se distingan. Solía mentar al ísimo africano como su salvador ya que su acertada decisión en comenzar la contienda, le había librado de andar a tiros delante o detrás de patas curtias: Unos meses de retraso y la movilización le hubiera pillado de lleno, de hecho hasta lo tallaron pero al comprobar que el mauser era un mozo más espigado que él, lo devolvieron al padre.
Lo conocíamos como Ramón Álvarez y siendo el segundo de cinco hermanos de una modesta familia labradora y ganadera, las necesidades derivadas de los años de la fame, le habían empujado a traspasar la boca de la mina bien pronto, por cierto, una boca que distaba bien poco de su vivienda. Entre el negro mineral, vagonetas, traviesas de madera, grisú, derrabes, lámparas y dinamita se consumió su primera juventud, aprendiendo a comportarse como un verdadero topo. Mientras se acrecentaba de tamaño y sus músculos se ponían a tono, en el interior iba tomando forma la conciencia de clase hasta devenir en un convencido republicano y comunista, cosa no demasiado habitual -y menos aconsejable- en aquellos tiempos. Fueron años muy duros, enterrado bajo un manto de verdes praderías y arboledas, el interior no dejaba de ser lóbrego, húmedo y negro, para no desentonar con todo lo de aquella época.
Un tema menor se tornó en cambio fundamental: Sotriparle unas hostias -sin consagrar- a un vigilante de la mina -la verdad sea dicha, se le fue un poco la mano y a punto estuvo de mandarlo pal otro barrio- y como en aquellos tiempos esos hechos eran palabras mayores tuvo que fugarse una temporada por los montes. Las buenas artes de una mozuca, más bien del cacique del padre d’ella, le devolvieron al entierro del asunto y a él le alumbraron por el buen camino, terminando en matrimoniar con la susodicha, formar familia y, con el tiempo, hasta llegar a ser elegido el primer Alcalde de la democracia de su concejo en las filas del Partido Comunista, y ya, cuando el divorcio tomo cartas -bastante después- divorciar también. Persona esculpida a golpes de hacha, no en vano había sido posteador, acostumbrado a temporales desde su nacimiento, a tronar y a escampar, al sol y a la neblina, a la nieve y al frío, no perdía el humor fácilmente. Ironizaba que su nacimiento tuvo lugar en el peor momento: Cuando era neño las tajadas de compango del pote se reservaban para el cabeza de familia, que tenía que soportar el trabajo más duro, y cuando él se había venido mayor, las normas habían cambiado y las tajadas se destinaban a los menores. Hace una veintena de años un cáncer de colon le dejó casi sin intestino, no por ello perdió el ánimo, seguía viviendo solo cuidando los manzanos, destilando sabrosa sidra y cultivando la huerta sin desmayo. Cuando hace poco se recuperó de recibir una prótesis de rodilla, esperaba encantado descontando el tiempo que le quedaba para embarcarse en recomponer la otra.
A primeros de año el diaño le anunció que la metástasis progresaba más veloz de lo esperado y que el tiempo se le agotaba. Comprobando que las fuerzas parecían querer abandonarle decidió que ya era hora. El día trece de abril pasado organizó una excursión con toda su familia -hijos y nietos- al monte donde comenzara a cuidar y ordeñar las vacas -todavía tuvo arrestos para saltar la cancilla y colocar unas tejas caídas de la cabaña-. Por suerte un espléndido día de verano le acompañó. En comuña se prepararon en improvisada parrilla unas tortillas y sabrosos chorizos a la sidra que compartió con los suyos, manifestando con toda serenidad -como si fuese la cosa más normal del mundo-, sin perder la sonrisa que aquello era su fiesta de despedida, siendo el único lamento que le escucharon este: ¡Con la cantidad de cosas y planes que tenía para este año! Al atardecer bajó hasta la casa que lo vio nacer, y pasado los últimos años, recogió su ligero equipaje, dejó establecido donde quería que reposasen sus cenizas y en compañía de una de sus hijas se encaminó a la capital, Oviedo -como dijo, ¡al matadero!-. Unos días después se ocupó de repartir sus bienes para que no hubiese rencillas entre deudos, hizo la declaración de hacienda y dispuso los pormenores de su postrer viaje, sin acompañamiento de cuervos ni por supuesto iglesia. Nada de flores ni coronas, al crematorio sólo le podría acompañar la bandera republicana. Cuando los dolores le fueron insoportables, por propio pie ingresó en centro sanitario para que le administrasen la morfina. Anteayer aventamos sus cenizas. Era un digno representante de la otra generación de dignos perdedores de la posguerra.
Sorolla es el protagonista con sus fabulosos cuadros, de las siguientes fotos.
Contrastes de Octubre. Por Max.
Aquel 4 de Octubre de 1934 tuvo lugar en el estado español una huelga general para responder con memoria de clase adecuadamente a la entrada de la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) en el gobierno de la República, algo lógico y natural dado el crecimiento acelerado del fascismo y manifiesta voluntad golpista demostrada incluso públicamente por aquellos alevines de las futuras prietas las filas. Y no solo eso, los mineros asturianos se convirtieron en avanzadilla, pasando a la acción, empuñando las armas para decirle ¡No al fascismo! que pretendía ampararse y medrar a costa de la República.
Ahora los descendientes de aquellos toscos mineros ¡damos pena! Casi no queda nada de la cultura vital de aquellos viejos topos, la temida dinamita que manejaban con soltura en sus callosas manos, tan comprometidos idealistas, se transformó en pólvora mojada, para vergüenza y escarnio a nada que nos descuidemos hasta las palmas nos echan humo aplaudiendo a los parásitos Borbones, somos un pueblo manso colonizado por el actual y heredado neofascismo monárquico y pío, cedimos nuestra orgullosa seña de identidad por un plato de lentejas a la Casa Real, a cambio de unos minutos en la caja tonta, una vez al año.
De una clase obrera madura y comprometida con el “Asturias patria querida” pasamos setenta y cinco años después a convertimos en la querida, en la ramera de los Borbones y su grillada ralea, del que los premios del principito, son su más destacado y visible fruto.
De un hermoso sueño tantas veces acariciado por cientos de viejos militantes obreros y antifascistas De una ejemplar República de trabajadores de toda clase, devenimos en súbditos de una monarquía ilegítima esquilmadora y continuadora del régimen del patas curtias. Nos hemos vuelto un pueblo sin identidad, colonizado, sumiso y vendido.
Sigue pendiente igual que entonces, llevar a la practica los añejos postulados “…frente a la situación económico-política del régimen burgués, se impone la acción mancomunada de todos los sectores obreros con el exclusivo objeto de promover y llevar a cabo la revolución social…”
Fue este conato de Revolución, la primera y única gran batalla librada contra el capitalismo en España. La unidad de los obreros fue el santo y seña que la guió, alumbró y sostuvo, en una pequeña región. El PSOE actual es una mala copia de la restauración borbónica, nada que ver con los socialistas de la II República, en lo único que coincide es en las siglas, ni un ápice de decencia heredaron de Pablo Iglesias, son una rama retorcida y podrida del franquismo, renegaron de la República, abrazaron al hijo felón del quícaro sanguinario, son un caballo de Troya en la izquierda, xuncidos por voluntad propia a la monarquía y hermanados con las derechas en el liberalismo, son los tontos útiles del capitalismo, del ejército, de la monarquía, y del clero. ¿Qué más se puede decir?
No me resisto a colgar una crónica de aquellas dos semanas, en que el pueblo tomó el poder, e intentó la construcción de una sociedad sin clases por iniciativa de los obreros.
“…Sólo en Asturias los trabajadores estaban realmente unidos. La cruel realidad de esta comunidad minera había dejado tras de sí una tradición de cooperación y unidad raramente vista en cualquier otro lugar del Estado. En marzo de 1934, las centrales socialistas y anarquistas de la región formaron una Alianza Obrera, declarando expresamente que la única manera de detener al fascismo era haciendo la revolución. El 4 de octubre, la CEDA entró a formar parte del Gobierno. El PSOE llevaba tiempo amenazando con una revolución si Gil Robles y los suyos entraban en el Gobierno. No tuvo más opción que llamar a la huelga general. En Asturias esto llevó rápidamente a una insurrección armada. Los mineros, que llevaban meses esperando ese día, rápidamente formaron milicias, tomaron el control en los pueblos y sitiaron la mayoría de los puestos de la Guardia Civil en la provincia.
En el pueblo minero de Mieres, el Comité Revolucionario Provincial anunció a una entusiasmada multitud la creación de la república socialista. Los comités locales de la Alianza Obrera organizaron todos los aspectos de la vida cotidiana, desde los hospitales y la distribución de los alimentos hasta los transportes y las comunicaciones. Rápidamente se improvisó una industria de guerra y las fábricas empezaron a producir vehículos de combate, armas y municiones. Los trabajadores incluso producían un combustible a base de carbón como sustituto para la gasolina.
Guardias rojos fueron organizados, con objeto de mantener el orden revolucionario. Los saqueadores fueron duramente castigados, y conocidos derechistas fueron arrestados. Las mujeres estuvieron muy involucradas a todos los niveles, y muchas de ellas estuvieron junto a los hombres en las milicias. En Madrid, la prensa de derechas, horrorizada por los hechos que sucedían en el norte del país, llegó incluso a decir que el exiliado León Trotsky se había introducido en el país y que estaba liderando la revolución.
Los mineros tenían pocas armas, dependían de las que requisaban a las fuerzas del Gobierno o a las fábricas de armas, y padecían una crónica escasez de munición. Ante esta situación, la dinamita pronto se convirtió en la principal arma de la insurrección. La enorme experiencia que tenían en su uso permitió a los mineros infligir varias y humillantes derrotas al Ejército. En los pasos montañosos, enormes catapultas fueron utilizadas para lanzar la dinamita sobre el enemigo. En las ciudades, los dinamiteros llevaban puros encendidos con los que prendían los cartuchos de dinamita que llevaban en las manos. Muchos de ellos murieron despedazados al ser alcanzados por el fuego enemigo cuando trataban de acercarse a sus posiciones.
Una vez las zonas mineras estuvieron controladas, una columna de un millar de milicianos fue enviada a tomar Oviedo. Allí, donde la burocracia del partido local y el sindicato tenían más control, los trabajadores se habían movilizado tímidamente e hizo falta la llegada de los mineros para establecer un poder revolucionario en las calles de la ciudad. Las fuerzas gubernamentales fueron rápidamente recluidas en fortalezas aisladas.
Mientras tanto, las tropas enviadas desde Madrid para combatir a los rebeldes encontraron una enorme resistencia en los pasos montañosos de las regiones que se encontraban más al sur. Varios centenares de mineros, armados principalmente con dinamita, consiguieron resistir al Ejército durante doce días. Cuando la dinamita se acabó siguieron luchando con piedras, antes de ser reducidos.
Lamentablemente, la Comuna de Asturias quedó aislada. La combatividad de los nuevos líderes socialistas se desinfló. Pensaron que podrían asustar a la clase dirigente con amenazas revolucionarias para evitar que la clase dirigente avanzase hacia el fascismo…”
“…Tal era el optimismo de los trabajadores asturianos, que las noticias de la derrota del movimiento en el resto del territorio del Estado fueron tomadas como mentiras del Gobierno. Después de diez días de resistencia desesperada, los 20.000 milicianos fueron retrocediendo ante el avance del ejército. El Gobierno pronto mostró su intención de aniquilar el movimiento a cualquier precio. Las tropas que se encontraban en las posiciones más avanzadas usaron prisioneros para formar escudos humanos y los bombarderos atacaban las colas que la gente formaba para conseguir comida.
El 18 de octubre, después de algunas negociaciones, los revolucionarios decidieron rendirse. Muchos trabajadores se negaron a entregar sus armas, las escondieron, o bien huyeron a las montañas con la intención de iniciar una lucha de guerrillas. Las tropas que fueron enviadas a atajar la insurrección se encontraban bajo el mando del general Franco, que trajo consigo unidades procedentes del Magreb con una larga experiencia en reprimir salvajemente las revueltas coloniales. Como anticipo a lo que los trabajadores del resto del Estado español experimentarían en sus propias carnes dos años más tarde en la Guerra Civil, el futuro dictador lanzó sus tropas sobre los indefensos pueblos mineros, dejando un rastro de muerte, violación y tortura. Cerca de 2.000 trabajadores fueron asesinados durante la sublevación, la mayoría como resultado directo de las medidas de terror sistemático llevadas a cabo por el Gobierno.
A pesar de todo, el heroísmo de los mineros no fue en vano. Su rebelión puso fin a cualquier intento “legal” de instaurar un régimen fascista. La clase trabajadora aprendió una valiosa lección. Mieres, lugar de donde partieron los mineros el día de la insurrección, fue uno de sus últimos baluartes. Allí, Belarmino Tomás –dirigente del comité revolucionario– dijo a la multitud: “Todo lo que podemos decir es que en el resto de las provincias de España, los trabajadores no han sabido cumplir con su deber y no nos han ayudado. [...] Nuestra rendición de hoy no significa más que un alto en el camino, que nos servirá para corregir nuestros errores y para prepararnos para la próxima batalla, que habrá de terminar en la victoria final de los explotados” .
Cuando, en julio de 1936, el Ejército se sublevó para derrocar al recientemente elegido Gobierno de izquierdas, millares de trabajadores se echaron a la calle para evitarlo. Su grito de guerra fue el mismo que el de 1934: “Uníos hermanos proletarios”. La revolución española había comenzado.
Endosar el muerto y acicalar la novia. Por Max.
Suelo permanecer poco tiempo enganchado a la caja tonta, pero hay un canal que -por cierto es el preferido de mi querida compañera- lleva por título VIAJAR y que por su temática no me disgusta, así que hay veces que es obligado el entretenerse viendo y escuchando sus historias. Creo que lo realiza la retrógrada cadena gringa la FOX, me hace gracia que cuando el tema del viaje trata de algún país de detrás del antiguo telón de acero, el comentarista no te enseña las particularidades de sus ciudades, monumentos, obras, gentes, etc. Se intuye que no domina demasiado el asunto ya que se pasa la mayoría del tiempo, especulando con la maldad del comunismo y así se puede tirar horas y horas repitiendo como un papagayo la cantinela como una machacona y persistente gotera. De acuerdo que el seudo comunismo fracasó, pero no veo que el capitalismo ande mucho más allá y pueda presumir de otra cosa, que ser el causante del mayor número de muertes -con la disculpa del hambre- en todo el mundo (millones y millones), bien es verdad que unos pocos, viven a su costa de puta madre. Con el agravante que muchos de los que abrazaron el capitalismo como la gran panacea –esos de detrás de la cortina- están cambiando de opinión a marchas forzadas, cuando comprueban que sus países se van al garete, casos como Rumania, Serbia, Letonia, Hungría están en bancarrota pese a llevar unos cuantos años de curativo capitalismo, cuyas recetas y cataplasmas lo que están consiguiendo es extender el hambre, como no se podía esperar menos de un sistema que se rige por la ley de la selva y dejando en coma –no dando de comer que es algo muy distinto- a los enfermos que decían querer ayudar.
Y como hoy es el Día Mundial de la Alimentación –payasada de turno- constatar que el tema del hambre se agrava de día en día y no creo que ahora tengan el cinismo de echar la culpa al comunismo. Se habla que ya sobrepasamos ampliamente los mil millones de hambrientos y en aumento acelerado. Las grandes potencias económicas -capitalistas por más señas- van de cumbre en cumbre y de foto en foto, sin atacar a fondo las causas del hambre que no es otro que la esencia del criminal capitalismo, hacen oídos sordos ante los gritos de alarma que surgen de las agencias humanitarias. Escuchan en silencio las peticiones de ayuda económica del PAM. Y los burócratas que administran presupuestos multimillonarios de dineros especulativos, argumentan en voz baja que “a causa de la crisis económica internacional, no hay fondos para afrontar el problema”. Sin embargo, J. Sheeran asegura que bastaría con dedicar a la lucha contra el hambre “menos del uno por ciento del dinero público invertido en ayudar a las entidades financieras” durante el último año. Ese es el capitalismo que se permite la mofa del comunismo, cuando el único país verdaderamente comunista actual es Cuba y allí no diré que coman mucho, pero como contrapartida, es de los pocos en que nadie se muere por no poder llevarse un mal garito de pan a la boca.
Continuo con otro capitulo de las andanzas del Gran Poder.
“…En la edición de diciembre de 1998 -justo en el momento en que el Banco Santander y el Central Hispano estaban negociando secretamente su fusión- La Banca publicó un extenso trabajo que ponía de manifiesto cómo el BCH había tenido cuantiosas pérdidas en el ejercicio 1994, para enjugar las cuales había «endosado» el muerto, con entero desparpajo, a Dragados y Construcciones, la importante constructora participada por el banco, cuyo presidente era a la vez el vicepresidente del BCH. Era el momento menos oportuno para que el banco mostrase sus vergüenzas en forma de tan abultadas pérdidas. No se olvide que Banesto acababa de ser intervenido por problemas de muchísima menos envergadura que los que afectaban tan directa y gravemente al BCH, cuyo presidente no ha tenido inconveniente en reconocer paladinamente que el «agujero» de su banco -y ese «agujero sí lo era de verdad- ascendía a cerca de un billón de pesetas. Por lo que todo se redujo a poner guapa a la novia para que saliese convenientemente ataviada desde el prostíbulo hasta el lugar de la solemne ceremonia nupcial.
En la información periodística de La Banca se cuantificaban las pérdidas del banco en 8.000 millones de pesetas, frente a los resultados «oficiales», que arrojaban unos beneficios de 23.010 millones. Basábamos la discrepancia ajustándonos en todo, sin quitar ni poner, a la información publicada por el propio banco y su participada. Con profusión de datos documentales, decíamos que los accionistas de Dragados, en cuya sociedad el BCH tenía un 23% de participación, se vieron forzados a asumir esas pérdidas, que en buena tesis tenía que soportar exclusivamente dicha entidad bancaria.
El origen de las cuantiosas pérdidas radicaba en las vicisitudes de la constructora Comylsa, una sociedad participada al 100% por el BCH. Comylsa había sufrido a su vez pérdidas muy importantes que la habían llevado a una manifiesta situación de quiebra, a pesar de varias ampliaciones de capital cubiertas por el BCH. En 1994, poco antes del cierre del ejercicio, el banco, en su condición de accionista significativo de Dragados, determinó por las buenas, sin encomendarse a Dios ni al diablo, que ésta adquiriera las acciones de Comylsa. Con tan forzada operación, el rojísimo balance del BCH, con sus cuantiosas pérdidas a cuestas, se transformó en el balance más resplandeciente e impoluto al mostrar unos beneficios ficticios de 23.000 millones. Posteriormente, en 1996, el banco decretó la absorción de Comylsa por Dragados, que, consecuentemente, pasó a incluir en su balance las deudas de la sociedad quebrada. Luego, Dragados compró Tecsa, una empresa que ya era suya por ser filial de Comylsa, y así tuvo que cargar también con las cuantiosas deudas que Tecsa mantenía con el banco.
En definitiva, el banco endosó de mala manera su desastrosa situación a los accionistas de Dragados, una sociedad que cotizaba en Bolsa y que, por tanto, debía contar con la, ¿cómo diríamos?, con la «protección» investigadora de la CNMV. Hay que decir, aunque pueda parecer impertinente, que del consejo de administración y de su comisión de auditoría formaba parte entonces un personaje tan relevante como el profesor Manuel Olivencia, el cual no puso objeción alguna, en ese doble carácter orgánico, a una operación tan comprometida y falta de verdadero fundamento. Sin duda el bene¬mérito maestro, a este propósito y por experiencia propia, estaba recogiendo información precisa para redactar luego tan brillantemente su famoso código deontológico destinado a su recomendable observancia por los administradores y gestores de las sociedades mercantiles.
Experiencia que ha de añadirse a la de su actuación presidencial en la Expo sevillana, cuando dimitió de improviso escandalizado y empavorecido por lo que allí veía, pero sin poner de inmediato en conocimiento de la autoridad judicial competente las marrullerías y mordidas que jalonaban la actuación «pellona-ria» de los gestores. Digamos de paso al hablar de Dragados y Construcciones en el escándalo de Comylsa, que la inmensa mayoría de las obras «expositivas» en Hispalis se hicieron precisamente por Dragados, a cuya plantilla había pertenecido el «pellón de pellones», cuando Dragados y el BCH eran una y la misma cosa, lo que siguen siendo en nuestros días.
Como era de esperar, nuestra información, asentada en una abundantísima prueba documental, no agradó para nada al ilustre consejo del BCH, por lo que, unos días después de publicarse, el banco nos exigió por conducto notarial la rectificación, aunque sin precisar qué aspectos de lo publicado por nosotros podían contener cualquier error o ser motivo de discrepancia. La Banca, siguiendo una norma inveterada en su conducta, se mostró dispuesta a la rectificación que se nos pidiera, a condición de que el banco concretase en qué puntos de la información se había producido cualquier falta o error por nuestra parte. Como contestación a un ruego que parece tan razonable, el BCH, sin previo aviso, interpuso ante los tribunales de Barcelona dos demandas judiciales -así, a pares-: una por intromisión en el honor y otra por daños y perjuicios.
No dejaba de resultar extraño que una información, a la que se calificaba sin rebozo en los escritos de falsa e injuriosa por afectar injustamente al honor de la entidad, lo que le había ocasionado -se decía sin prueba alguna— daños por cifras multimillonarias, no hubiera dado lugar a una querella criminal, sino a sendas reclamaciones civiles en los dos procedimientos mencionados, ambos basados en los mismos hechos. Y más si se tiene en cuenta que la información publicada por nosotros ponía de manifiesto -y así se decía literalmente- que los administradores del BCH, en perjuicio de los accionistas de Dragados, podían haber cometido presuntamente un delito societario y otros de falsedad en documento público, estafa y apropiación indebida. La demanda del BCH sostenía que nuestro trabajo «contiene afirmaciones que afectan al prestigio y buen nombre de la entidad bancaria en el ámbito de sus relaciones sociales respecto del objeto que constituye su negocio».
Los titulares del artículo que, según el demandante, concernían de manera tan grave y abrumadora a su buen nombre eran éstos, entre otros de menor calado: «El Central Hispano falseó su contabilidad para ocultar pérdidas. El banco se aprovechó de los accionistas de Dragados al transferirles las mismas». Se refería también la demanda a otros reportajes que llevaban por título «El BCH traspasó sus pérdidas a los accionistas de Dragados y Construcciones» y «El BCH cambió pérdidas de 8.000 millones por beneficios de 23.010 millones a costa de Dragados y Construcciones», en los que, sobre una prueba documental inconclusa, no habíamos dudado en afirmar: «Para evitar que fuera conocida la verdadera situación patrimonial de la entidad crediticia sus máximos responsables incurrieron en presuntos delitos societarios, como son la falsedad en documento público, estafa y apropiación indebida»; o esto: «La manipulación de cuentas del BCH Hipotecario alteró los resultados del banco». Estos y otros párrafos, extraídos de los reportajes publicados por nosotros, motivaron la insospechada indignación de los responsables del BCH, sin duda al ser conscientes de que cuanto habíamos dicho en el periódico respondía a la realidad más absoluta.
Incluso la opinión del redactor, según la demanda, se tildaba de calumniosa por haber escrito párrafos de este tenor: «La ocultación de dividendos negativos parece ser una imagen de marca del BCH», «..lo que no es tolerable es que, abusando de la posición que se ostenta, se perjudique al prójimo» o «se le puede llamar de mil formas distintas pero en el fondo, lo que se hace es robar». Lo
cierto es que la información publicada era el fruto de una rigurosa investigación, no obstante lo cual el procedimiento judicial resultó particularmente duro; no en balde la acción procesal promovida en nombre del banco estaba dirigida por uno de los bufetes más elitistas de la ciudad condal. No quedó concepto alguno por debatir, ni cualquier línea de nuestro trabajo que no tuviéramos que acreditar documentalmente, lo que hicimos al punto y con muchísimo gusto ante el Juzgado que conoció del proceso.
Por irritante que le resulte al banco demandante, la información publicada por La Banca se ha reconocido judicialmente como veraz. La magistrada Rosa María Agulló Berenguer, titular del Juzgado de 1a Instancia número 2 de Barcelona, dictó en el caso sentencia absolutoria actualmente recorrida por el banco, de la que nos limitamos a transcribir este pasaje, tres breves líneas, a fin de sacar tan solo los colores a nuestro poderoso contrincante en lo mínimo imprescindible:
«De ahí que quepa hablar de la veracidad de la noticia en cuanto que para su obtención se observaron las condiciones de corrección en la obtención, y que con profesionalidad se efectuaron las oportunas averiguaciones.»
En suma, tratándose del Banco Santander y el BCH, queda claro, una vez más, que Dios los cría y ellos se fusionan…”
Ya estuvo bien, ya le vale. Por Max.
Hay días que sin saber por que te descorazonas, te levantas cuando la luz mañanera descubre las intimidades, dejando en los vidrios, dorados reflejos, acunado por el mejor de los ánimos, ágil y alegre, recién acicalado, reluciente y puede que inmaculado, después de una placentera noche en que te persigue el recuerdo de un beso entre jazmines –lo más probable es que fuese un sueño- con la sensación de tener la cabeza despeinada de la señora caída sobre tu brazo. Te acomodas en el asiento delante de una buena taza de chocolate, que dibuja en el cuenco y extiende por el aire un aroma embriagador, como de cimbreante mulata caribeña y comienzas por echarle un vistazo a las noticias en sus primeros hervores, y lees como el gobernador del banco de España –el ínclito Ordóñez- insiste una vez más en desreglar el mercado Laboral, con el consiguiente abaratamiento del despido, como la panacea para acabar con los parados –será más bien para terminar de rematarlos- Y de pronto te sube la sangre a la cabeza, te va cambiando la cara, se te descoña el alma –si la tuvieses- la contemplas partida en mil pedazos a tus pies, mientras tratas de ahogar en los labios el insulto más sucio ¡que hijo de perra! y te preguntas: ¿En que clase de Democracia vivimos, que permite y no fulmina con un rayo justiciero, a tamaño sinvergüenza? Y no es que el individuo sea un simple, esté equivocado ¡que va! y te aconseje sin demasiada reflexión, que para aliviar la tos, no hay como rascarse los cojones. Verdaderamente es un mala entraña, que actúa claramente imbuido de su infernal fe de cabestro, esperando llevar el agua al molino de sus socios los empresarios; y eso sí que no se puede tolerar, que un servidor al que paga el pueblo, conspire contra los legítimos intereses de las gentes representadas, es para descuartizarlo y tirar los cachos a los leones, no se merece otra cosa por cansino malage y reincidente.
Treinta años presumiendo de democracia y modélica transición, lavándonos el cerebro con unas colosales mentiras piadosas, mientras por el contrario tuvimos que lidiar tanto con el desgobierno de Mingo como el de Colasa, emperrados entrambos en bajar los impuestos directos y progresivos y aumentar los indirectos, en que todos pagamos lo mismo independientemente de nuestra capacidad para hacerlo, es para descorazonar al más pintado. Erre que erre batiendo el fierro, siguiendo el modelo gringo, desprestigiado, obsoleto y totalmente pasado de moda. Está más que demostrado que las economías más competitivas son las que más y que mayores impuestos directos pagan y la muestra la tenemos bien cerca, en los países del Norte de Europa que van a la cabeza, es el espejo donde deberíamos tratar de mirarnos, no en modelos turbios y caducos.
Sigues avanzando en el cotidiano medio de desinformación, y llegan de refilón a tus oídos o vista, las cifras de los obscenos beneficios empresariales, entre los años de bonanza de 1996 a 2006 y resulta que mientras en Europa aumentaron un 37% en España –más chulos que un ocho- les dimos la vuelta a los dígitos y estos se convirtieron en un 73% -y no es un error- Con lo que se demuestra el ingente trasvase -a palada llena- del dinero de todos, a los bolsillos de cuatro despabilados y eso no se puede tolerar, ni consentir un gobierno con una mínima decencia y te queda desde entonces clavada entre pecho y espalda una sorda angustia. Tenemos a los impresentables empresarios y toda la prensa –medios de desinformación masiva- que giran enganchados a su alrededor, desde años machacando nuestra cabeza, como oportuna gotera de vitriolo, con el cuento de que los impuestos son cosa mala, cuando no representan más que una santa forma de tratar de redistribuir la riqueza, de manera que se presume un poco más justa.
El neoliberalismo –tan querido por nuestra patronal y la franquista derecha- salió escaldado de la última refriega, pero no sé por que razón, su principal apuesta, que no era otra que reducir el Estado a la mínima expresión, sigue siendo el santo y seña, la propuesta estrella de los empresarios españoles. Continúan anclados en una carroñera inopia, el beneficio inmediato hace de oportuna anteojera, no quieren enterarse que cuanto mejor les vayan las cosas a la mayoría de sus conciudadanos, más posibilidades tienen sus negocios particulares, en florecer, en ser más demandados, en vender más y mejor. Es pura lógica, a medios abundantes, lleva parejo más consumo, gastos, comercio, movimiento del parné, que es al final de lo que se trata, propiciar al menos un pequeño beneficio para muchos.
Lo simpático es que ZP aparte de cornudo es apaleado por los ricos y no escarmienta, desde siempre le llueven escupitajos y zurriagazos de toda índole, por parte de los negros ensotanados, le brean a conciencia y responde con más perras para la secta, total que ya le cogieron el punto débil y seguro arreciará la leña al mono hasta que cante, las más soeces descalificaciones se harán oír desde sus oscuras covachas. Se ve que ZP tiene espíritu masoquista ¿No se cansará de tanta hostia consagrada y contemplaciones? Procede meterles mano en lo que más les duele, los dineros, y con los ricos la misma receta, obligarlos a rascarse la cartera, seguro que después andarían más derechos que una vela, por la cuenta que les tiene. El presidente está amedrentado, le falta atrevimiento y no cumple con el mandato que le debe al pueblo, como sería el ocuparse de propiciar que los santones de los cirios, coticen como todo Cristo, sin duda es su obligación y así mismo nos lo demanda la Unión Europea. No pone los medios apropiados para luchar contra la corrupción y el fraude. ¡Ya estuvo bien! Es hora de dejar de ser un paraíso fiscal para los deportistas de élite y que paguen en la misma proporción que los demás mortales. Hay que buscar la forma de meter en cintura a las niñas bonitas de los ricos, las rentables e insolidarias SICAV. Yo le pediría a ZP que se deje de amagar tanto con la izquierda, mientras nos arrea en todo los morros unos derechazos de aquí te espero. ¡Tengamos la fiesta en paz! ¡Ya estuvo bien ya le vale!
Hoy cuelgo un libro, el título lo dice todo “Los crímenes de las grandes FARMACEÚTICAS”
Los fotos nos descubren al gran continente de Australia
A vueltas con la Memoria Histórica. Por Max.
Por desgracia continua la Memoria Histórica, en parecidas condiciones a como estaba cuando escribí estas cuatro letras hace casi tres años, lo rescato y cuelgo aquí de nuevo, aunque ya sea viejo y gastado.
“A vueltas con la Memoria Histórica” por Max Álvarez.
17.12.06 Archivado en franquismo y genocidio.
La reciente muerte de un conocido genocida exógeno y al mismo tiempo tan semejante y tan cercano al mayor criminal de nuestra historia, viene a descubrirnos –una vez más- que el tiempo no sirve de apropiada losa para amparar nuestros muertos, y nos recuerda las carencias y el cacao merengao que tenemos montado –a cuenta de nuestra racanería y la mala baba de otros- a propósito de la memoria de las victimas de un pasado no tan reciente.
Todavía hoy, se les ponen los pelos de punta a muchos –a otros ni ese modesto privilegio nos queda- al leer las informaciones sobre los horrores acontecidos a raíz del golpe, con miles de desaparecidos, torturados, enriquecimiento de los criminales represores, y las terribles secuelas arrastradas por varias generaciones.
Desde el solar patrio contemplamos -con bastante sorna- como cientos de fariseos se rasgan las vestiduras denunciando la probada brutalidad de ese régimen despótico, y hasta aplauden el simulacro de actuaciones judiciales contra tamaño monstruo, mientras callan como afogados sobre nuestro particular y aflautado monstruito, cuando no lo justifican, defienden y reverencian, al tiempo que trancan presurosos y porfiados la puerta a las tímidas actuaciones sobre nuestra Memoria Histórica.
Estos pperros –tan considerados siempre- cabales hijos de sus padres se muestran muy preocupados en no reabrir las viejas heridas que generosamente produjeron sus ancestros, daños y descalabros que no tuvieron en cuenta sus católicos y apostólicos padres cuando durante cuarenta años se dedicaron al noble deporte, no solo de abrirles la cabeza a los rojos, también en canal -si se terciaba- y por desgracia se terció más de la cuenta.
Ni siquiera aspiramos a un ajuste de cuentas, ni a enfrentarnos a estos nuestros singulares compatriotas, nos conformamos con afearles su conducta pasada, hacerles ver –por las buenas- que sus papis se habían equivocado, que eran presos de un gran error, en el que esperamos que ellos no caigan. Recuperar la dignidad y el buen nombre de nuestros parientes es la modesta aspiración que nos mueve, sin cuchillos ni pistolas, creemos que es de ley y en esas estamos. La verdad es que la inmensa mayoría de las víctimas se fueron antes de lograr una justa reparación, pero aunque tarde, los descendientes de los corderos sacrificados, en aras de la España grande y libre de otros. Nos vemos moralmente obligados a dejar de sentir vergüenza de tan añorados, perdidos y todavía queridos parientes, y para ello necesitamos un leve gesto por su parte, unas mínimas disculpas y que nos concedan recuperar unos tristes despojos, esparcidos por unas olvidadas cunetas, anular unas sentencias a todas luces injustas –seguramente por culpa del diaño- memorias ajadas que llevamos demasiados años escondidas muy adentro y a las que no podemos, ni queremos, permitirnos perder ¡No se quejarán de que no somos de un modesto conforme!
Esos mismos tan partidarios del borrón y cuenta nueva, cuando se trata de los crímenes padecidos por los nuestros, nos piden que colaboremos con generosidad, perdón y olvido, mientras ellos ponen el grito en su cielo, tan solo por oírnos mentar nuestra Memoria Histórica. Se cierran en banda y se refugian en la intransigencia más feroz e innegociable, y no repararán en gastos, con tal que nuestras victimas no consigan algún modesto reconocimiento.
El presente -aunque muchos de ellos no lo quieran creer- se encuentra muy enraizado en un pasado, que la mayoría de nuestros jóvenes desconocen totalmente. Quizá de oídas – y los más informados hasta habrán visto alguna película- les alcance algo de lo acontecido en Chile, Argentina, con encarcelamientos por motivos políticos, donde funcionarios policiales y militares torturaban y asesinaban a opositores, donde cientos de niños eran arrebatados a sus familias –a los padres las más de las veces los tragaba la tierra, o el mar, sin más- donde se anularon todas las libertades y fue moneda corriente el violar los derechos humanos durante largos años.
Pocos recuerdan o saben, que mucho antes de que esas cosas pasaran en Suramérica, aquí en nuestro corral, habían acontecido hechos muchísimo más graves en cantidad y calidad, el diablillo pinocho era un mero aprendiz de nuestro pequeño gran genocida, que antaño hozaba con sus patas curtias los senderos de su cortijo –eso sí bajo palio, hogaño hace algo de provecho, ¡da ortigas!- perfectamente arropado por sus incondicionales, que a su vez eran los padres de los que ahora se oponen a que superemos la amnesia forzada, y recobremos la memoria.
Esperaban los actuales descendientes de los genocidas del ayer, hacernos callar por segunda vez, como antes habían hecho los suyos con nuestros padres, nos concedían –haciéndose los estrechos- un año de aparente remedo de memoria, pasado el cual todo quedaría bien sepultado, pero se equivocaron de medio, harán falta muchos más años para que nos olvidemos, y parece que cada día que pasa crece una marea imparable, se descubren más y más gentes dispuestas a recordar y no olvidar esos crímenes que sin duda no han prescrito, serán biznietos pero quieren conocer, saber, no olvidar. Estoy seguro que va haber muchos más años de Memoria Histórica. Era muy bonito e ideal –pa ellos- convertir la dictadura en un mero hecho histórico sin más vuelta de hoja –sin reclamos-.
Mientras sigan vigentes las condenas de la dictadura, mientras haya enterramientos sin descubrir, mientras siga el valle de los xostrados exaltando la memoria del genocida y colaboradores, mientras textos y planes educativos estén al margen de la verdad, mientras sigan pendientes las indemnizaciones a quienes fueron despojados, mientras los beneficiarios continúen disfrutando su botín de guerra. ¡Desengañaros! No será posible nuestro olvido.
La maldita herencia del franquismo. Por Max.
Los extranjeros cuando nos visitan, quedan asustados y se echan las manos a la cabeza, al descubrir que todavía miles de símbolos franquistas pueblan y presiden nuestras calles, plazas, iglesias y monumentos principales. Y nada te digo cuando les comentas, que los restos de cientos de compatriotas antifascistas reposan enterrados en el poco acogedor limbo del olvido, de inmundas cunetas, regadas por todo el solar patrio. O les hablas sobre los miles y miles de víctimas inocentes, juzgados por unos ilegítimos, parciales y sumarísimos tribunales fascistas, y que no hayan sido, y ni siquiera se piense, en rehabilitar algún día. Como explicarles que miles de niños fueron robados a sus madres, a las desamparas mamás al dar a luz en la clínica, les contaban la milonga de que se había muerto el bebé y que ellos solícitos se encargaban del entierro, siendo en realidad entregados a posteriori en perfecto estado de salud, a adeptos al régimen- y esto acontecia durante la guerra y su plácida –para algunos- posguerra y que después de cerca de setenta años siguen desaparecidos, sin que los culpables y sus cómplices, ya no digo que paguen por la felonía -que hubiese sido lo lógico- es que ni se les haya afeado su conducta. Con ser graves estos hechos, tamaña y descomunal desidia, no es el más terrible mal que nos aqueja, ni siquiera decisivo, lo verdaderamente grave es la colonización hasta el tuétano que padecemos la mayoría de los españoles que vivimos aquel régimen fascista, lo espeluznante es la tara que nos afectó y sigue afectando de pleno y las secuelas de mentalidad tan alterada y deformada que heredamos y que en maldita hora, traspasamos en los genes a nuestros descendientes.
Somos un engendro franquista conseguido por la suma de valores y tópicos aberrantes y deformes. Una canallesca crisis de valores es el armazón que nos sustenta. Maldita herencia que nos atenaza, nos corrompe y acoquinó y acoquina, nuestros actos pasados y futuros. Mentalidad que nos lleva a practicar una tolerancia cero con ETA –como no podía ser menos- y en cambio con el franquismo, infinita, habiendo sido muchísimo más dañino que la secta de los gudaris. Cuando en estos tiempos, la más alta jerarquía del Estado –el mantenido Borbón, cacique en el puente de mando del muy bribón estado- no consiente que hablen mal delante de sus narices, del nunca bastante aborrecido quícaro sanguinario, queda dicho todo. ¿Que se puede esperar de tan criminal herencia? Tendrán que pasar varias generaciones para que volvamos a ser normales. No nos queda más remedio que apechugar con nuestra anormalidad manifiesta, y sin previsible cura o remedio.
Muchos compatriotas están muy confundidos, piensan que el franquismo fue solo Franco y el régimen, creen que muerto el perro se acabó la rabia, y va ser que ¡nanay del peluquín! O que se limitó al periodo de los tres años de guerra. Todo está contaminado, comenzando por la bandera, con y sin aguilucho –rezuma sangre por cualquier lado que la mires- El designado como heredero por el patas curtias. Los jueces enfangados en la arbitrariedad y la represión, y no depurados nunca, la policía jamás escardada, ni siquiera pasada por un basto tamiz, los que le dieron la vuelta a la chaqueta sin pagar ningún peaje, el sindicato vertical escindido en dos ramas que se aprovechan del cuento, exactamente igual que su predecesor y origen. Gozamos y hozamos del Estado del chapapote, súper contaminado e ilegal, creyéndonos inmaculados.
Heredamos y conformamos una especie de mercocracia burguesa conformada por la continuista España Grande y dicen que Libre, de los curas, de los banqueros, de los fachas, de los de llegar a fin de mes, de los parados, de los inmigrantes, de los jubilados, de los currantes, de los nostálgicos, de los beatos, de los cruzados y correosos pancarteros del fin de semana, de los especuladores, de las salsas rosas, y todas tienen su particular código, su universo que gira aparte de todos los demás, que al final se resumen en: ¡Nos creemos la rehostia, octava potencia mundial, casi nada! Cuando no somos más que una mala boñiga, mangada en un palo.
Las fotos pertenecen a Venezuela, la patria hermana que está permanentemente en el candelero, gracias al protagonismo del amigo Chávez.
Los desagradecidos hijos de… banquero. Por Max.
Podemos pasar -con la que está cayendo- de los sonrojantes beneficios anunciados por los principales bancos españoles. Podemos pasar de las multimillonarias ayudas que les dimos -a escote- a los grandes especuladores, entre todos los pobretarios patrios. Podemos pasar –por conocido- que el gobierno se arrugaría ante el Gran Poder. Ahora por lo que no podemos pasar es que esos hijos de mala madre se salgan con la suya, en la pretendida enésima reforma del mercado laboral. Les parece poco que haya millones de mil euristas -condenados de por vida a subsistir en precario- que también tratan -y no se sonrojan lo más mínimo- de convertir a estos medio desheredados en seisciento euristas. Aparte de la mercancía humana, arrojada un día sí y otro también, sin contemplaciones a buscar el sustento en los contenedores de basura.
Es ya hora que el gremio de los Botines -usureros por vocación y devoción- repartan los beneficios con los más desfavorecidos. Nadie se muere por dejar de comer langosta y jamón de pata negra unos días, y puede que hasta sea saludable engullir a cambio unas míseras lentejinas- ¡Por una Banca nacionalizada ya! ¡No permitamos ni un día más, que las sicav de los ricos continúen robando impunemente!
Produce grima, que un partido que se supone con un leve tinte de izquierdas, no se atreva a tocarles ni un pelo a los más ricos, si bien es sangrante que no le meta mano a la secta católica, pero ¡por favor! que tenga tantos remilgos con quienes son sus enemigos declarados, no se comprende ¿o sí? Solo se entiende tamaña condescendencia, si siguiésemos habitando en un estado feudal, en que los socialistos fuesen los lacayos sodomizados por los Señores, posibilidad que cada vez tiene más visos de ser cierta.
Como siempre, será la clase media quien tenga que apechugar y socorrer a los más desfavorecidos, y con esto no quiero decir que no deba arrimar el hombro como todo cristo, pero… produce -entre otras cosas- agravio comparativo, que quienes más tienen, se vayan de rositas y que ni siquiera se vean obligados –por quienes asumieron la devoción de velar por los intereses de la mayoría- a repartir alguna que otra limosna.
Al final siempre volvemos al punto de partida, a vernos las caras con los ricos banqueros, así que seguimos con otro capítulo del olvidado tema Banesto, que nos da fe de la catadura moral de estas tenidas como principales gentes.
“…Que Botín no canta como un ruiseñor, ni posee el don de la poesía es algo que se demuestra por si mismo, especialmente cuando se le ve y se le oye en cualquier acto publico. Pero le ofendemos gravemente si llegáramos a presumir en nuestro héroe el divino don de la generosidad: por lo que hemos dicho hasta ahora el Santander saco una tajada de un billón de pesetas con la intervención de Banesto, y sus secuaces la dadiva de mas de seis millones de acciones del banco intervenido, mientras que a los empleados de la casa se les aplicaba una receta bastante mas austera. No vamos a hablar, porque por desgracia el dato es sobradamente conocido, de los miles de trabajadores que se han quedado sin empleo, sino de las singulares operaciones financieras en que aparecen como inocentes y desamparadas victimas desplumadas de mala manera por los nuevos administradores.
El 23 de enero de 1998 el departamento de recursos humanos de Banesto envío a todas las sucursales una carta sobre créditos concedidos a los empleados para la compra de acciones del banco. En la carta, a la que se debía «dar la máxima difusión», se cursaban órdenes a los directores para conseguir, «tanto de los empleados en activo como del personal pasivo, que vendiesen sus acciones de Banesto para aplicar el importe de la venta a la cancelación de los créditos que se les habían concedido para la compra de esas mismas acciones». Hasta entonces las acciones estaban bloqueadas en garantía de los créditos, por lo que no se permitía su venta, pero ahora, de pronto y sin más explicación, se autorizaba a los empleados a vender sus acciones, siempre que el importe se destinara a amortizar los créditos; la amortización, obvio es decirlo, sería parcial, puesto que, tras la bajada en la cotización provocada por la intervención del banco, el valor de los títulos no podía cubrir más que una parte de las deudas, que, por tanto, seguirían gravitando sobre los empleados por el resto no amortizado.
Los directores cumplieron eficazmente las órdenes recibidas «de arriba»: lo prueba que los empleados vendieron un total de 12 millones de acciones, aproximadamente. Muy poco tiempo después, al anunciarse la opa del Santander sobre las acciones de Banesto, la cotización bursátil subió unas 1.000 pesetas por título, de manera que la «invitación» previa a los empleados para que vendieran sus acciones, poco antes de promover la oferta de compra, supuso para el personal un perjuicio de 1.000 pesetas por acción, es decir, se les hizo perder a los empleados, a quienes un día se dio la «oportunidad» de participar en el capital de la empresa, unos 12.000 millones de pesetas.
Sin embargo, mientras los empleados -ignorantes de que el Santander estaba a punto de lanzar la opa – perdían esa enorme fortuna, unos pocos —los enterados— hacían su agosto. Según publicó el diario Expansión el 6 de marzo del 98, a lo largo de 1997 y enero de 1998, Francisco Luzón, consejero—director general del Banco Santander, e Ignacio Soler, consejero del mismo banco, se habían dedicado a comprar acciones de Banesto, por lo que en el momento de publicarse la opa ya obtenían un beneficio del 69%. Era presumible que, cuando Botín compareciese ante la Audiencia Nacional como testigo en el «caso Banesto», se le iba a preguntar sobre este turbio asunto, que se ofrecía ante la opinión pública como un caso evidente de insider trading por parte de dos impor¬tantes administradores de su banco. La pregunta se refirió concretamente a Luzón, y la respuesta de Botín es de las que dejan petrificado al interlocutor:
«…tenemos 72.000 personas, que a alguno se le ocurra comprar acciones de Banesto… Lo que puedo decirle es que fue modélico el planteamiento y la ejecución de esta opa.»
Es decir, Botín colocaba a su consejero-director general en el mismo plano que a las 72.000 personas que trabajaban en el grupo. Daba por supuesto que Luzón, uno de sus más íntimos colaboradores, consejero y director general del banco, tenía el mismo nivel de información que el último «botones» de la casa. El letrado que había formulado la pregunta, Jesús Castrillo, es hombre de exquisita educación, por lo que sin duda se guardó el escueto «por favor, don Emilio, no me joda», que sin duda habría soltado fuera de la Sala. El silencio más espeso se ha cernido sobre todo esto, que habría levantado una intensísima polvareda si cualquier ex administrador de Banesto hubiese hecho algo parecido. ¡Ah, los famosos periodistas de investigación! ¡Ah, la prensa independiente! ¡Ah, la fiscalía anticorrupción! ¡Ah, los magistrados incorruptibles con una sola vara de medir para hacer justicia!
Pero el abuso contra los empleados de Banesto no termina ahí. Después de formular la opa el Santander, se envió una nueva carta a la red para proponer a los trabajadores que todavía no habían vendido, y a la clientela en general, que acudieran a la subsiguiente oferta pública de canje de acciones del Santander por acciones de Banesto. La Asociación de Mandos Intermedios (AMI), organización sindical que agrupaba a buena parte de los empleados con acciones del banco, sospechó que la «recomendación» tenía gato encerrado y en su boletín n°2 («Extra de marzo de 1998») desaconsejaba a los empleados acudir al canje. Entre otras cosas, decía:
«Si alguna realidad básica presenta esta operación, que no
viene explicitada en las condiciones generales de la oferta, consiste en que se propone canjear acciones que ya han cubierto su recorrido revalorizador en el mercado por otras que apenas lo han iniciado, en una proporción lógicamente favorable a las ya revalorizadas. Esto es, se cambian 3,2 acciones sin revalorizar por 1 del Santander revalorizada.»
Efectivamente, la ecuación de canje fue de 3,2 acciones de Banesto por una del Santander. Pero poco después de producirse esa gigantesca operación, una sola acción de Banesto pasó a valer en Bolsa más que una acción del Santander. Por tanto, la operación supuso en pocos meses una pérdida para los accionistas de Banesto de más de las dos terceras partes del valor de sus acciones. Entre los perjudicados estaba un gran número de empleados, que primero habían sido objeto de la paternal autorización para vender sus acciones y, luego, los que no habían seguido el consejo, sufrían la presión institucional para acudir a la nueva oferta del Santander. Otro resultado manifiestamente perjudicial para los antiguos accionistas de Banesto, que estaba en contradicción con las previsiones anunciadas oficialmente por ambos consejos, el del Santander y el de Banesto, al formularse su oferta. ¡Ah, los unos, los otros y los de más allá, éstos con solemne toga y brillantes puñetas!
En el folleto informativo de la oferta de venta de acciones de Banesto formulada por el Banco Santander y registrado en la CNMV el 27 de septiembre de 1994 (página 170), consta que, antes de esta operación, el Santander había vendido al Royal Bank of Scotland un 2% del capital de Banesto (más de 12.000.000 de acciones), al Metropolitan Life Insurance otro 1% (más de 6.000.000 de acciones) y a la Caixa un 1,47%. Todas estas ventas se hicieron a precios comprendidos entre las 830 y las 762 pesetas por acción, lo que demuestra que los títulos valían, más o menos, el doble del precio de 400 pesetas al que se ofrecían a los antiguos accionistas de Banesto. Estaba claro que se trataba de una oportunidad propicia para reducir en parte el enorme perjuicio que les había causado la intervención del banco, aunque de lo que se tra¬taba era de disimular el inmenso «pelotazo» que habían dado Botín y sus secuaces.
Pues bien, entre esos accionistas perjudicados por la intervención se hallaban determinadas filiales de Banesto: Ceosa, Mercurio y la Fundación Banesto, controladas todas ellas por los administradores provisionales. Entre las tres entidades poseían 5.693.446 acciones, por lo que les habría correspondido la adquisición de 2.846.723 nuevas acciones a 400 pesetas cada una. Es decir, habrían pagado 1.138 millones de pesetas por unas acciones que valían el doble en aquel momento. Sin embargo, Sáenz Abad y su equipo decidieron que estas entidades -y, por tanto, el banco que administraban con funciones públicas- desecharan semejante oportunidad de obtener un beneficio inmediato, ya que en las páginas 40 y 41 de folleto Informativo de la opv consta que no acudieron a la oferta de venta. ¿Qué había ocurrido para incidir en semejante omisión tan gravemente perjudicial? Pues sencillamente que Banesto y sus accionistas minoritarios se habían perjudicado en unos 1.138 millones de pesetas, cantidad que Sáenz Abad y su equipo habían regalado al Santander sin contrapartida, infringiendo con ello sus deberes de administradores públicos al frente de Banesto…”
“Llegar a Viejo”, Por Max.
Continuo con el rescate: Este pertenece a Enero de 2007
“Llegar a Viejo”, Por Max Álvarez.
Aunque la mayoría en el blog sois gente joven, algunos ya hace tiempo que trascantiamos y aunque todavía albergamos restos del espíritu del jovenzuelo que fuimos, ahora que ya llevamos enfilada la pendiente en descenso y un largo trecho recorrido en ella, y cuando sin remedio el final se adivina detrás de cualquier revuelta, el tema viene dado sin querer, y no es otro que: ¿como se debería encarar la vejez? ya que a todos nos llegará más pronto que tarde.
Estoy por asegurar que nuestra vida sigue una trayectoria circular, sino ¿por que cuando nos adentramos en la vejez, lo que más nítido nos resulta es la niñez? ¿no será por que ya atisbas el reencuentro con las vivencias primeras, al cerrar el recorrido? En el repetitivo e infernal tiovivo de nuestro particular tren de la bruja.
Por lo regular bramamos contra el paso del tiempo y más cuando acariciamos las últimas traviesas; Desde que nacemos, tenemos que papar tantos sinsabores, que al fin llegas exhausto y sin aliento al trance más doloroso del nacimiento, para alcanzar esa última estación del negro túnel que no es otra que la muerte propia. Pienso que los descreídos tenemos una ventaja sobre los creyentes, que bien pudieran temer no llegar a merecer, y por tanto disfrutar todo aquello con que los engatusaron en vida, en cambio nosotros que nada esperamos partimos más tranquilos, volvemos al punto de partida tan desnudos como comenzábamos. Ellos dirán que es al revés ¡pobres ilusos!
Seguramente también como Benedetti voy a sentir vergüenza –y más si cabe ya que no soy nada braguetero- me va horrorizar –cuando la ayuda me sea imprescindible- en la hora de la ducha, contemplar de reojo en el espejo, las bolas escoltando el difunto y que por mor del agua jabonosa resbalando, representen unas puras barbas de chivo. ¡Porca miseria, esa es la asemeya de la vejez en estado puro!
¿Merecerá la pena estirar el final? Cuando no resta ni un rís de ilusión por nada. Recuerdo que uno de los abuelos, se fue con ochenta y tres años, y pocos días antes de comenzar a gastar el postrer billete, todavía llevaba las vacas a pastar al prado, en la mañana y por la tarde las ordeñaba en el establo y sin duda quería seguir cuidando la Pastora y la Galana y continuar acarreándoles al pesebre las brazadas de yerba, que sirviesen de alimento a los agradecidos animales y al mismo tiempo representaban el clavo ardiendo que sostenía su fe en las postreras bocanadas del trajinar por este mundo, una ocupación algo en que entretenerse, y una justificación pa seguir tirando.
Los mayores que deberíamos tener bastante con la creciente soledad, con nuestros achaques y dolores, las más de las veces vemos incrementados los pesares con escasos caudales, bien es verdad que también comemos menos, en eso de los dineros marchamos parejos a los nietos y hasta sentimos más pesar –que ellos mismos- por su incierto futuro.
Ahora te encuentras en las ciudades con cientos de personas –desarraigadas- que no quieren continuar, han desertado de la vida, respiran por obligación, no tienen valor para quitarse la vida, pero le estarían eternamente agradecidos a quien practicara con ellos una obra de caridad, introduciéndolos en el vagón sin retorno. Se han cansado de destilar y observar –desde la experiencia- los acontecimientos de la vida. Quiero creer que antes se disfrutaba más con el poso de los recuerdos. Te encuentras con el anciano que era un lector empedernido, ahora no quiere ver delante ni la mísera televisión, todo le cansa, clama por ir al catre y no volverse a levantar, a la parca llama sin desmayo, su afán más preciado sería estirar presto la pata. Tiene que ser muy fuerte el considerarse un peso muerto, un fardo, un trasto inútil.
Pasar de la tristeza a la alegría, apreciar el sol o la lluvia en las calles, solo sirve si te sientes con ánimos, si la depresión y los muchos años te dominan, no hay remedio. Pese a que las lágrimas no manchan, no pasemos penas por estos desahogos, lo grave es cuando no puedas llorar más, que tengas los ojos rojos y resecos.
Diréis que son chácharas de viejo, tan lejos de los temas políticos comúnmente aquí tratados, pero no ¡amigos! son leyes naturales que debemos atender y estar preparados para afrontarlas sin sobresaltos, y si no tenemos valor para dar el salto al vacío, resignarnos, ya que por ahora, no hay noticias de que nadie se haya quedado aquí pa siempre. A fin de cuentas tampoco necesitamos tanto, ni vamos tan lejos, nada más que dos palmos bajo tierra, a menos que optes por la incineración –que sería lo más correcto- como final, unas buenas cenizas aventadas a casa dios.
Las fotos pertenecen a un país olvidado del África de lo más pobre y necesitado: Namibia

















































































































































































































































































































































































