¿Elecciones, necesidad de votar? Por Max.
Ahora, que una vez más se acercan unas nuevas elecciones, es desolador el panorama que se divisa desde el puente. ¡Asusta!
Abundan los políticos mediocres, y del resto, la mayoría son unos perfectos desalmados. Y los electores ¿Qué decir de los electores? Quizá no tengamos toda la culpa, y sea nuestra particular cruz la maseabunda herencia de los cuarenta años que pugna por flotar. Nos manejan cuatro pavos con micrófono, ejerciendo como comentaristas verduleros, asistidos y complementados por los medios de desinformación masiva –vulgarmente conocidos como falsimedios- Nos ofrecen la piragua envuelta en papel de celofán. Son contados los que hablan claro, y al común de los mortales le escuchas en la calle quejarse y comentar:
-Son todos iguales, no merece la pena ir a votar-
Precisamente eso es lo que quieren que consideremos, ¡ahí nos quieren llevar! Convencernos de la conveniencia de la deserción, que todo sigue igual a como lo dejó el criminal que con sus despojos alimenta las ortigas del valle de los yostrados. Esperan que cunda el desánimo entre los zurdos, para que no llevemos la papeleta a la urna, que nos divorciemos del Estado, de la sociedad y de los políticos. Puede que se conformen con que cesemos temporalmente la convivencia con nuestros allegados ideológicos, eso sí –hasta después de las elecciones- Sabedores que los diestros son más fieles y esos sí acudirán en masa, aunque tengan cuarenta de fiebre y lluevan chuzos de punta. Según se vaya acercando el día, no dudes que saldrán al paso justificando y aplaudiendo más y más los postulados que nos grabó a fuego el patas curtias, que llevamos todos medio incrustados en los genes, aunque la mitad los tengamos olvidados y nos resistamos. Por cierto, el militar felón no necesitó a nadie para ser elegido ¡justificación suprema para ellos! Y como son de naturaleza gregaria su única neurona lo acepta sin más. Ya se encargarán los de la covacha, asistidos con su poderosa palanca del dinero, para tratar de torcer la historia. Tenemos el virus extendido por todos los rincones, todo está contaminado, tienen infiltrados en todos los ambientes. Los de la sotana y alzacuello, disfrutan de puertas abiertas de par en par en las escuelas, con todos los niños dentro para que los adoctrinen en los mismos postulados retrógrados, así como llevan haciendo desde la intemerata. Que no nos convenzan una vez más, que la paciencia es la solución adecuada contra las injusticias y las desigualdades.
No es el momento para sentirnos pasmados. Es hora de remangarnos y defender nuestros intereses con los votos ¡Que no cunda la desmotivación, aunque nos sonrojemos! Hay que acudir pese a que tengamos que realizar el acto con una pinza en la nariz. Será una pantomima pero es todo el armamento de que disponemos, para evitar que vuelva a la Moncloa tanto cacique impresentable. Deberíamos evaluar el mal menor y acudir en masa. Tu abstención es medio voto para la caverna ¡No nos lo podemos permitir de ninguna manera, ni por supuestísimo lo vamos ha hacer!
Antes –teníamos la disculpa- que no sabíamos lo que era un gobierno de derechas. Ahora ya lo sabemos y creo que con uno hemos tenido de sobra. ¡Siempre adelante, nunca como el cangrejo!









Yo voto, e incluso a veces he animado a la gente a votar, pero no estoy de acuerdo con varios de tus argumentos; principalmente al que se refiere a que la gente en el estado español se desanima porque los herederos del franquismo ya se encargan de recordar que todo sigue igual. Que la derecha vota, SÍ, de acuerdo. Que la izquierda es más abstencionista, por supuesto y tiene su lógica. Pero ¿acaso vota menos la gente en el estado español que en el francés que en el alemán, etc.? No, para nada, no es cierto. Después de las dictaduras la gente se enfrasca más en votar, piensa que una vez muerto el perro se acabó la rabia y hay que acudir a las urnas en masa. Pero cuando pasadas las décadas la gente comprueba que su voto tampoco cambió nada que fuera súmamente importante -contando que los cambios más grandes se han producido por presiones de la gente en la calle y no porque los políticos hagan gran cosa-, sumado a las mentiras, promesas no cumplidas, corrupciones, etc., es cuando la gente se desanima y deja de votar. Sí, lo hace la gente de izquierda porque son los que desean que hayan cambios que no ven. La derecha vota siempre porque quiere que todo se mantenga como siempre ha sido, la brutal diferencia entre 4 que manejan el negocio y la masa, nosotros, que cedemos nuestro tiempo, nuestro esfuerzo de trabajo, nuestra sumisión ante el jefe en la empresa, etc. para que ellos vivan, para que ellos sigan viviendo muy bien, mientras los jóvenes cada vez lo tienen más difícil para emanciparse, mientras los servicios básicos suben, como mínimo, un 13, 20, 25% cada año cuando el IPC se situa normalmente en los 2,5 y los sueldos si suben lo hacen no más del 2%, y cada vez cuesta más llegar a fin de més, cada vez el carrito de la compra es más caro y tu bolsillo andan con más agujeros. Por eso la derecha vota, y por eso la izquierda se desanima, cuando no lo hace también como abstención consciente. Y en eso no nos diferenciamos con el resto de países que llevan una larga trayectoria de democracia liberal (no participativa), y está muy visto, cuanto mayor es el tiempo que se lleva votando en un país mayor es el número de abstencionistas. La experiencia en democracia liberal (no participativa) hace que paulatinamente crezca el abstencionismo. Y este abstencionismo sólo decae cuando se presenta en el panorama político una fuerza con posibilidades de ganar y que represente un cambio real; pero eso no se está dando hace mucho tiempo, y la última experiencia del primer gobierno del PSOE donde la gente se volcó produjo una decepción enorme en el electorado de izquierda.
Yo lo veo así, pero también lo escucho así, lo vivo así y veo lo que hay a mi alrededor. “No és aixó companys, no és aixó pel que varen morir tantes flors”.
Saludos fraternales
Bien Jordi, gracias por tu amable comentario. Simplemente pretendía llamar la atención sobre la tendencia al desánimo de los rojos o izquierdosos, pienso que muchas veces somos demasiado puntillosos, está muy bien que tengamos como norma no comulgar con ruedas de molino –ese es un comportamiento o virtud más acorde con otras piadosas, o fariseas gentes a las que no nos debemos igualar- pero a veces debería primar más nuestra conveniencia, ser un poco más egoístas y defender postulados o cosas con carencias aunque no nos llenen demasiado, pecamos a menudo de ser excesivamente tajantes. Bien es verdad que es muy fuerte este sistema al que llaman democracia y donde el pueblo no pinta casi nada. Que cuenta con tribunales insumisos, un parlamento irrelevante y un control asfixiante de los medios de descomunicación. Una democracia en la cual los empresarios campan a sus anchas y la juventud vive prisionera de la precariedad, los abusos patronales, el acoso policial y la incapacidad de emanciparse. Donde más de la mitad de las familias trabajadoras llegan a duras penas a fin de mes. Este panorama es para desanimar al más pintado. No obstante no deberíamos dejar pasar la oportunidad de votar, acudir por convencimiento, participar, poner nuestro granito de arena en aras de tratar de conseguir lo más cercano posible a nuestro ideal. Por intentarlo que no quede. Hacer los posibles para que no terminen siendo las elecciones como en Gringolandia y mucho me temo que el camino seguido tiende a ello, donde solo acuden cuatro gatos que son precisamente los que tienen más lavado el cerebro por la propaganda.
Magnífica –como siempre- la viñeta de Kalvellido, creo que ya la había visto antes… seguramente en Insurgente.
Saludos.
Por todo lo que explicas es simplemente por lo que yo también acudo a las urnas, a pesar de todo.
Gracias por tu respuesta y hasta pronto
Salud compañero
Max, en los tiempos que corren votar es una obligación, no una obligación de corte legal, sino ético. Sabemos que el abanico que se nos ofrece está cercenado por la izquierda, pero no votar -que es legítimo- es abrir la puerta de par en par a los hijos de Franco. Se quiera o no vivimos en Europa Occidental, para mal o para bien, nuestra obligación es cambiar la realidad que nos ahoga, pero hemos de ser conscientes de que dentro de lo que hay, el actual gobierno es el más social de nuestro entorno, un gobierno que además está acosado por la carverna desde que llegó al poder. Un apoyo mayoritario a este gobierno podría servir para que se cerciorase de que una parte mayoritaria del pueblo está con las políticas sociales.
Totalmente de acuerdo contigo Pedro, no es obligatorio votar, pero personalmente en conciencia deberíamos tratar de que lo fuere.
Toda votación es un dilema. Aunque sea una misérrima cuota de participación en los asuntos públicos que nos otorgan nuestros déspotas ilustrados. Debemos aceptar el raquítico compromiso cívico y votar al peregrino de turno ¡ah si fueran los votos personales, la cosa cambiaba bastante! con el consuelo de que así se contribuye a que algún otro desgraciado pperro no alcance o renueve el derecho legítimo a hacernos la vida imposible. Y además tiene trampa, hacer pasar la repugnancia a un candidato por apoyo a su contrario, pero así es la vida.
Cada vez más gente ha aprendido que -democracia electoral sana- quiere decir que distintos tipos (cada vez menos diferentes) toman las mismas decisiones.
Saludos.
La derecha vota en masa y saca a los enfermos, discapacitados y ancianos de las habitaciones, incluso llevándolos en camilla, para que voten. Así son ellos de cumplidores. Así es como he visto el día de las elecciones mi barrio. Poca juventud considerada de izquierdas (¿izquierdas, qué es eso?).
Como dice Pedro, hay que ir a votar, y si no nos convence ningún político, votar en blanco. Sería interesante comprobar que en el Congreso y en el Senado hay bancos vacíos que representan a los que no están conformes con esto. Una pena que el voto en blanco se haya obviado. La abstención puede significar olvido, pasotismo, pero ir a votar y depositar los sobres en la urna sin ninguna papeleta debería hacerles recapacitar. Pero qué digo, ¡pero qué cosas estoy diciendo…!