La familia. Por Max.
Ahora que está tan de moda la familia, traída al retortero a todas horas por la sacrílega e inquisitorial boca de la jerarquía eclesial –cínicos desertores de las santas uniones que predican para los demás- y de otros que tal bailan, gentes que viven eternamente mirándose el ombligo, por el mero hecho de ser de derechas de toda la vida, que articulan su rancio discurso –con sospechosas coincidencias periclitadas hace ya décadas- en tres pilares básicos, dios, patria y familia. En contraposición a tanto fariseo, quisiera dedicar un homenaje a esas otras familias que van por libre, carne de cañón, condenados ya en origen a ser pasto de las llamas del infierno –del que oportunamente acaba de avivar sus ascuas el nazi fogonero Mefisto- Va por y para esos respetabilísimos matrimonios, que pasan del santo sacramento, que les importa un pepino la bendición del estreñido pajarraco espiritual. Que hacen contrato si les peta ante las autoridades civiles –o viven toda una vida sin papeles, arrejuntados- y que permanecen xuncidos mientras les apetece, o por las mismas se dicen adiós si así lo consideran oportuno.
La palabra “familia” viene del latín y viene a significar servidumbre. Con ese engañoso término designaban los romanos a los esclavos de una casa. El -pater familiae- era quien tenía bajo su autoridad, mujer, hijos y esclavos, y según la ley romana, el derecho de vida o muerte sobre todos ellos. Señala Engels acertadamente sobre el particular: “La institución de la familia fue la gran derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo. El hombre empuñó las riendas de la casa; la mujer se vio degradada, convertida en la servidora, en la esclava de la lujuria del hombre, en un simple instrumento de reproducción. Esta baja condición de la mujer ha sido gradualmente retocada, disimulada, y en ciertos sitios, hasta revestida de formas más suaves, pero no, ni mucho menos, abolida.”
De siempre la familia fue un pilar muy mimado e importante para los capitalistas que tomaron el relevo después, ya que es el ámbito donde se reproduce la fuerza de trabajo. Además, la familia es una asemeya del orden que les llena: disciplina, obediencia, sumisión, son los principales valores que nos transmiten. Es decir, a través de la familia en primer lugar, y luego a través de la escuela, los medios de comunicación y de la Iglesia, nos inculcan esos estereotipos que señalan que las mujeres deben ser dóciles, abnegadas y dedicarse al cuidado de los demás en el ámbito privado; mientras que -los hombres no lloran- deben ser –machos- capaces de subordinar a los más débiles.
En principio la secta -que en mala hora fundó Cristo- parecía enfocada al cuidado y atención de las almas, pero eso fue un espejismo, actualmente está emperrada en una nueva cruzada, en meternos por la sesera su definición de familia y matrimonio, tenemos que soportar la tabarra de estos santones, que se creen por encima del bien y el mal y gracias a ello se permiten decir lindezas del estilo de la siguiente: “Ninguna ley hecha por los hombres puede, subvertir aquella norma establecida por el Creador sin que la sociedad quede dramáticamente herida en su base” Son tan infantiles que se creen que todos nos tenemos que tragar su mundo de fantasías y leyendas. ¿Dónde está ese Creador que tengo que hacerle unas cuantas reclamaciones?
Hay otra familia atípica y que no hay que echar en el olvido, en esta España de nuestros dolores, reconocemos como jefe de Estado y le otorgamos numerosas prebendas a su familia. Pero lo que más indigna a los republicanos no es el costo económico de la monarquía –aunque cuantioso y claro que significa un enorme chorro de oro- lo que más chirría es la supuesta impunidad de que gozan los miembros de la “familia real” Y su tendencia a incrementar sus miembros en forma exponencial, habría que habilitar algún tipo de coto a su endémica proliferación. ¡Hostia! Aunque sea pecado -que lo confiesen cada domingo- pero ¡por favor! que usen el preservativo alguna vez, y se dejen de procrear sin tino ni concierto, que nos van arruinar –y más ahora que se presagian vientos crudos- No te digo nada cuando comience a matrimoniar la ristra, un riñón va a ser poco.
Estos días pasados -mientras curaba la gripe- seguía el blog de mi compatriota Rafael Reig, que apuntaba una curiosa y cierta teoría, según la cual, tenemos el mundo al revés, siguiendo el orden cronológico es indiscutible que la niña es la madre –u origen- de la mujer –no en vano toda muyer es primero niña- y la madre a su vez lo es de la vieja abuela, con lo que tenemos que la abuela bien se pudiera considerar como la nieta de la niña primigenia.
Como final unas fotos antiguas de mi pagana familia. Que sin falta de ser católica permanece unida –de momento- Ámen.

Un servidor de escolino año 1955
Mi futura costilla Hermelinda (para abreviar Cuqui de cucaracha) y su hermana Nieves disfrazadas de comunión, año 1959
Cuqui, año 1970, cuando la conocí.
Mis tres cachorros de Carnaval en Begoña, año 1984
La Pitufina de bruja mismo año.











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