¿Quién infiltró a quien? Por Max.
Como si de una buena película de espionaje se tratara, con agentes dobles y todo, así tuvo lugar el fin del sindicato vertical. Había sido un oportuno invento llevado a efecto precisamente en los tiempos en que reinaba en Madrid el de las patas curtias. En un principio las hordas comunistas del sindicato Comisiones Obreras lentamente se fueron infiltrando en el sindicato vertical franquista, pero cuando ya le habían cogido el gustillo al asunto y se encontraban inmersas en lo más interesante de la faena, murió el general felón y llegó la deseada y cacareada democracia, cambiándose las tornas, el sindicato tieso y de prietas las filas, contagió sus formas y maneras tanto al sindicato comunista como al resucitado poco antes de los hechos, el de los sociatas. Hoy día igual que en aquel entonces, están en el candelero los postulados de los tiempos de la dictadura, la paz social es dueña y soberana, el mundillo laboral es una balsa de aceite ¡nadie se menea! Me da por pensar que hasta la democracia orgánica, va tomando cuerpo, de día en día, y nosotros sin enterarnos.
Hay que reconocer que para esa nueva casta de timoneles sindicalistos, es mucho más agradable comer caliente de la mano del patrón, que enfrentarse a él por defender a unos muertos de hambre. Padecemos un sindicalismo domesticado y pesebrero, que perdió sus señas de identidad y que es sentido como un cuerpo extraño por la población trabajadora. Se tornó en una mera maquinaria burocrática dispuesta a conseguir –para sí- toda clase de privilegios. Siendo al final un miembro más, adaptado y engrasado a conveniencia del poder, resultando un valioso peón, encargado de la delicada tarea del control social y la paz consiguiente. El día que los trabajadores nos concienciemos que va siendo hora, de que todos debemos defender nuestros intereses en primera línea ¡dar la cara! Ya que a quienes tenemos encomendado cumplir esa misión, en realidad representan un verdadero estorbo, ese día será el que marque la defunción de tanto medrador y vividor sindicalero, a costa del sudor de sus prójimos.
Ya pueden aumentar la globalización económica y la competitividad como norma suprema que rija los mercados, abocando a la desaparición de miles y miles de empleos en todo el país, si a todo asentimos y callamos, dirigidos por los vendidos sindicatos.
Los patrones se apoyan en dos sólidas patas y conjugan a la perfección ambos sustentos, tanto por la introducción de nuevas tecnologías -que suprimen empleos- como por la precarización laboral que abarata costes de producción. Y si los sindicatos –como está previsto- asienten y consienten sin decir ni mu, ¡miel sobre hojuelas! La expansión del capital ha traspasado el límite elástico –no da más de sí- esperemos que no se rompa bruscamente y de tiempo a encontrar alternativas antes de se produzcan una debacle del empleo y el deribado descalabro de los más débiles.
A veces me pregunto ¿y porque no puede volver a pasar? ¿Recuerdan como surgieron las Comisiones Obreras? –nada que ver con las de ahora- eran tiempos muy duros, hasta la más mísera serpiente se revuelve si le pisan la cola, ante las dificultades, por generación espontánea, nacidas de las bases, de la forma más simple: porque los obreros de tal fábrica, les dio por reclamar el poder ducharse al terminar el trabajo, o porque Menganito que era más espabilado y conocía algo de leyes, pretendía que se cumpliese una ley que su patrón desconocía o ignoraba. Bien es verdad que se contaba con algunos valiosos cuadros de impagables comunistas, a los que la represión no había alcanzado, gentes muy comprometidas, salidas de las luchas obreras de antes y durante la república, acostumbrados a vivir en la clandestinidad y contracorriente. Estas incipientes Comisiones nacen y crecen bajo el signo de la lucha contra la estructura jerárquica oficial del movimiento sindical franquista –apaño creado al efecto para encauzar el rebaño- que como es de suponer, marchaba divorciado de la clase trabajadora, sus intereses y preocupaciones (más o menos como va ahora el tema sindical). Poco a poco van postulando un claro programa de reivindicaciones inmediatas y de fondo. Sus miembros –a los que sus compañeros no les dan la espalda- ganan abrumadoramente las elecciones en los propios sindicatos de gobierno, en el metalúrgico, la minería, en la banca, la electricidad, el papel, las artes gráficas. Los vetos y marrullerías interpuestos a algunas candidaturas, no bastan para contener la avalancha: se niega una, y aparecen diez. Recordaba de la época un comprometido operario metalúrgico “El pueblo español estaba futbolizado (casi tanto como ahora) no pensaba en nada, ¿para qué? allí estaban los: Di Stéfano, Kubala pa quitar penas y si no aparecían oportunamente al quite El Cordobés, o mismamente El Lute. Sin duda recordareis como cuando llegaba el primero de Mayo, teníamos partidos televisados por decreto. Los sesudos franquistas creyeron que con eso bastaba. Pero la realidad vino a demostrar que no, que no bastaba, que el pueblo español quiso y pudo, pensó y actuó. Y sin burbujas como el sifón” El régimen reacciona por momentos y evita, por un lado, que la victoria de las Comisiones Obreras se refleje en los niveles medios y altos de la estructura gremial. Muchos de los nuevos dirigentes triunfantes, dan con sus huesos en la cárcel, pero ya no se estila el pelotón de fusilamiento, entre otras cosas, por que atentos como estaban -estos fascistas y falangistas- al intento de lavar su fachada –en ello les iba su supervivencia- al tiempo que no dejaban de llamar insistentemente a las puertas de Europa y estaban seguros que un comportamiento criminal como el de años atrás, les habría cerrado todas sus puertas.
La huelga de los autobuses de Barcelona -y otras acaecidas puntualmente a lo largo y ancho del país- apuntan tímidamente en esa dirección, de volver a refundar el sindicalismo alternativo y libertario. ¡Así sea, que falta hace!
Fotos de Escocia










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