MAX Y LOS CHATARREROS

Derechos humanos de los poderosos. Por Max.

Publicado en Divagaciones por maxalvarez en Abril 21, 2008

¡Que grandes son los derechos humanos! ¿Qué curioso? Parecen volar en el firmamento, son venerables y están por encima del bien y el mal. Esos etéreos y últimamente torcidos derechos humanos, tienen en común, el ser la niña bonita y los protegidos del capitalismo. Su raíz y razón de ser es la propiedad privada. Su paraguas protector se dedica casi en exclusividad a dar cobijo a grandes banqueros, empresarios y terratenientes –al resto de los mortales, comúnmente los ignoran, por zafios y patanes- Para lograr que se cumplan sus postulados cuentan con cientos de policías, medios militares ilimitados y guardias privados. En las naciones que aparentemente son bastante conflictivas y peligrosas, encomiendan tan tierna misión a grupos paramilitares -que por supuesto- ellos mismos se encargan de financiar. El Poder Judicial no se recata, ni le avergüenza el comer de su sacra mano. A la Justicia suelen meterla en cintura y tenerla bien controlada, no vaya a ser que algún juez o fiscal se desmande y ponga en peligro alguno de los sagrados derechos humanos de algún principal y ¡eso sería terrible e intolerable!

La mayoría de los estados lo tienen clarísimo, el respeto de las leyes y un exquisito ejercicio democrático, puede muy bien llevar a pensar a sus gentes, en una debilidad del Estado y de sus gobernantes, y por eso consideran que eso sería un pecado de lesa humanidad, que jamás podrán permitirse. Por nada del mundo van a consentir que los gobernados se les suban a las barbas y tengan un comportamiento participativo y pasen a soñar con la democracia horizontal ¡primero el caos! Cuentan con una poderosa herramienta que ya denunciaba Galeano en “El mundo al revés” su inusitada facilidad para torcer la realidad, para muestra un botón: El complejo del tirano –con la ayuda de la nueva realidad- se fue esfumando poco a poco por el desagüe. Criminales de guerra son tratados como demócratas. Antiguos torturadores son los actuales guardianes de los derechos humanos. El capitalismo más salvaje es tenido como la democracia señera. No se vaya a creer que ellos cruzan la raya de lo permitido ¡por que sí! los guía su amplitud de miras, siempre por el bien colectivo.

Por supuesto ellos van a lo suyo y no deberíamos pensar que es tarea fácil y descansada: Manejar los grupos de presión, dedicar horas y horas –de su valioso tiempo- a la trata de esclavas y blancas –aunque la mayoría sean negras- asesinato de opositores, secuestros, tráfico de influencias, cargar con sacos de monedas para guardarlos en los paraísos fiscales, explotación de niños, etc. Tareas todas ellas –como pueden suponer- pesadas, cansadas y por supuesto que desgastan ¡y mucho! ¿Habrá algo más estresante que usar la fuerza… ¡sin pasarse! eso sí, siempre en defensa propia? Soportar las miradas cargadas de odio de tanto envidioso y frustrado, con quienes tienen la desgracia de cruzarse a menudo. Ellos que trabajan las veinticuatro horas del día, que se desviven por crear riqueza todo el tiempo, pensando continuamente y exclusivamente en el bien de los demás.

Si han torcido un poquitín los derechos humanos de los demás –cosa esta casi impensable- lo fueron obligados por las circunstancias. Si puntualmente emplean métodos ilícitos, fueron movidos por la necesidad y en recíproca compensación deberíamos nosotros –por lo común bastante desagradecidos con tamaño desprendimiento- hacer un pequeño esfuerzo, por comprender sus poderosas razones, disculparlos y dejar de dar la tabarra con nuestros derechos. Ellos católicos confesos y de misa diaria –eso debería ser garantía más que suficiente- no van a estar permanentemente sometidos al dictado democrático. El capitalismo debe ser libre, y por ello claman a todas horas ¡más libertad! no pueden tener permanentemente puesta la camisa de fuerza de la razón de las reglas democráticas, constriñendo sus órganos y no dejando expansionar todos sus potenciales. Es una obligación el ser competitivos. No dudar que es por el bien y en beneficio de todos, por lo que a veces se saltan a la torera estas reglas y pecan un poco de dictadores, son pequeños pecadillos que de sobra pueden ser asumidos por la ancha manga de la democracia. El dominio y la explotación -es de ilusos- tratar de llevarlo a cabo con buenas maneras. De paso hay que machacar a tanto rojo –aunque parezcan ser pocos ¡alguno queda!- antes de que se reproduzcan como los topos y nos embarquen a todos, en una peligrosísima y nefasta revolución. Apremia dejarse de gaitas y de vez en cuando aplicar los santos postulados del criminal tirano de las patas curtias que en el infierno está ¡sin complejos!

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