Sotres, camino hacia el Urriello. Por Max.
Cuando en la mañana la niebla se esfuma y desaparece de los montes, empujada por el radiante sol, nos descubre la cúspide de los asentamientos humanos de toda Asturias –por encima de los mil metros- Es el bonito pueblo de Sotres. No había tenido la oportunidad de transitar por la carretera que partiendo desde la misma estación del funicular de Poncebos a Bulnes, se encarama valle arriba de Tielve –al tiempo da nombre al pueblo que está a mitad de recorrido- con la agradable y sonora compañía y a contracorriente del agua saltarina, fruto de las nieves derretidas que alimentan al río Duje, que baja presuroso a mezclarse con el Cares. Poco más de diez kilómetros de cuidada carretera que nos acercan a un pueblo que cuenta con restaurantes, tiendas con productos típicos de la región –quesos, embutidos y carnes- Y como no podía ser menos, encuentras que los rebaños de ovejas y cabras se cuelgan y dejan ver por las laderas de los montes y peñas, alimentándose de las sabrosas hierbas y flores que allí nacen entre calizas, para que convenientemente libadas y transformadas en exquisita leche, dar vida al sabroso queso de cabrales, seña de identidad y joya de la corona de la región donde nos encontramos.
Es esta coqueta urbe pueblerina, el apropiado inicio de paseos y una larga excursión a la vega de Urriello donde se asienta el mítico Naranjo de Bulnes. Pista de tierra sin asfaltar con paisajes maravillosos y montones de primaveras a los bordes del camino. Brañas con bastantes cuadras (establos) de piedra, restos de una actividad pastoril hoy reducida al mínimo. Quién sería el espabilado que alentó el abandono de esas antiguas y nobles profesiones, que con unas pertinentes ayudas podrían representar un medio de vida para gentes con ganas de salir adelante con otras formas de vida cerca de la naturaleza ¿Acaso será más justo inyectar millones de euros a unos banqueros especuladores? O bien están abandonadas –comienzan con el hundimientos del techado para continuar con el progresivo derribo de su esqueleto de piedras calizas, hasta terminar en un montón informe de cantos- o en su lugar se aprovechan para improvisado y veraniego refugio de los animales de dos patas, cuando sienten la imperiosa llamada del disfrutar de la naturaleza en su estado más salvaje -en cuyo caso se notan más cuidadas-
Cuesta asimilar mientras caminas por estrecho y marcado sendero, adentrándote en pastizales y camperas, contemplar al fondo del barranco –más de quinientos metros por debajo de tus pies- el pueblo de Bulnes al que había llegado en varias ocasiones caminando con arduos sudores. Entre manchones de nieve y en los tramos empinados sudando la gota gorda –era un día de calor- alegre y animoso, en todas direcciones se respira calma y quietud, solo interrumpida por el canto de las cigarras y algún que otro jilguero, hasta llegar a una casa cabaña, donde una señora con bastantes años, seca y enjuta de carnes, sin un gramo de grasa, con la piel curtida por mil temporales –talmente parecía de la raza aceitunada- vive en esta época del año, en compañía de un asno y unas lozanas gallinas, que picotean y pacen aplicadas, mientras escarban la tierra en busca de lombrices, controladas por el cantarín y desafiante gallo, que de seguro daría una cazolada de categoría, para un hermoso y más que sabroso pitu de caleya. ¡Ah si el zorro supiese y le fuera dada la ocasión de pegarse una pitanza de fiesta!
Aunque en la mañana desde muy cerca de Arenas de Cabrales nos fue dado contemplar en la lejanía al mítico pedrusco, a la hora del te -que es cuando llegamos arriba- la niebla lo envolvía como una gasa y nos impidió admirar el tótem en todo su esplendor. ¡Otra vez será! El día no lo dimos por perdido ni mucho menos, espero volver pronto. ¡Es curioso! Padeciendo desde siempre un vértigo atroz, y teniendo vetados a altos edificios, norias, teleféricos, lo raro es que en la montaña por lo regular no siento esa desazón, me encuentro seguro y confiado imitando a las cabras.
A las puertas de Arenas de Cabrales con el Naranjo de Bulnes al fondo
El Cares
Tratando de cruzar el río
Cascada en el río Duje
Puente sobre el Duje
SOTRES
Subiendo
El ordeño
Habitantes del monte
Al fondo el pueblo de Bulnes
Camino de acercamiento a la vega de Urriello. Por culpa de la niebla no se ve el Naranjo de Bulnes
Si no fuese por la niebla así se hubiera visto




























Excelente post los invito a participar en el foro y en la sección de fotos de Cabrales. Donde encontraran fotos y mas información de estos bonitos pueblos.
Un Saludo.
¡Muchas gracias José! Acabo de meter un enlace en el blog a “Cabraliegos” y le hice una pequeña visita, en días posteriores seguiré conociendo vuestro empeño por dar a conocer nuestra acogedora tierra.
Saludos.