MAX Y LOS CHATARREROS

El Katrina en Myanmar. Por Max.

Publicado en Historia y vida., Política por maxalvarez en Mayo 14, 2008

Cuesta creer y hasta daría pena –si no supiésemos de sobra de que pie cojean- el ver y oír las arengas de los medios de desinformación masiva, reclamando la pronta intervención de la comunidad internacional en la antigua Birmania. Poco menos que invadirla por tierra y mar, arrasarla a bombazo limpio, las fuerzas del bien desatadas contra esa dictadura criminal que no protegió a su pueblo lo suficiente, contra la maldad de la naturaleza. ¡Y por desgracia tienen toda la razón del mundo!

¿Dónde estarían esos medios, cuando hace unos tres años pasó por Gringolandia, un tal huracán Katrina? ¿Les sonará aquello de Nueva Orleáns? No creo haberlos oído reclamar las mismas medidas contra un gobierno, que con muchos más medios que los birmanos, dejó a sus gentes indefensas sin mover un solo dedo. O será que como en aquella ocasión se trataba del matón de turno, nadie osó sacarle los colores. Me temo que somos muy valientes contra los débiles, pero se nos ve mucho el plumero con los fuertes. ¡Gentuza!

Alegan razones convincentes para la intervención en Asia, aunque si seguimos el orden cronológico, deberíamos actuar primero en Nueva Orleáns, ya que los gringos no tuvieron ni tienen intención de brindar asistencia a las decenas de miles de damnificados, que ocasionó su supino desprecio por la vida de los demás, seguramente se dijeron: ¡total la mayoría eran negros! Al parecer no entra en sus planes el recuperar la ciudad, a la que un año antes de la catástrofe, habían rechazado destinar más recursos económicos, en mejorar sus defensas contra las inundaciones, ya que estaban dedicados en cuerpo y alma a dar muerte indiscriminada a desarrapados iraquíes. Por cierto que en una muestra más de su democrático proceder, cuando llegaron sus tardías ayudas, se dedicaron a trasladar –como cabía esperar- a los ciudadanos que pudieron pagar su socorro, los sin medios tuvieron que aguantar el chaparrón y dejarse morir.

Con la disculpa de haber sido asaltados algunos supermercados –los supervivientes querían comer- los siempre considerados policías yankis, se dedicaron a disparar a mansalva sobre los presuntos alborotadores, ayudando así a la naturaleza a incrementar el número de decesos. Mientras se elevaban las voces doloridas de la negritud, el presidente gringo seguía muy ocupado rascándose la barriga de vacaciones. A fuer de sinceros tampoco les habría reportado grandes beneficios a los pobres damnificados, el tener al arbusto al pie del cañón, o que siguiese –como siguió- de vacances.

Dicen que esta impresentable junta militar rechazó la ayuda internacional, cuando más necesaria se hacía. Calcadito al comportamiento tenido por los usanos en su día, cuando rechazaron de plano la primer ayuda internacional, que casualmente procedía de una cercana islita pobre y perdida en el Caribe ¡Aunque digna y solidaria como ninguna! A posteriori fue digno de alabanzas el empleo de los dineros destinados a la ayuda: Un funcionario cambió de sexo, otro lo empleó en pagar un abogado para el divorciarse, un tercero compró videos pornográficos, un cuarto se fue de vacaciones al Caribe, un quinto compró joyas y entradas para el fútbol americano, un sexto aprovechó para conocer Hawai, etc. etc. Conclusión: son almas gemelas. Tanto monta, monta tanto, la dictadura de Myanmar, como la democracia de Gringolandia.

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