De terroristas y terrorismo, pasando por Marulanda. Por Max.
Si hay algo que me revienta sobre manera es el doble rasero, puesto en práctica a diario por periodistas, locutores y malandrines varios. Da grima ver la tele, escuchar la radio o leer los falsimedios. Se repiten hasta la nausea como papagayos, sin que ni uno solo se salga del guión. Admitamos que sea lícito considerar terrorista a Marulanda, al Che y tantos otros ejemplos de guerrilleros revolucionarios, teniendo en cuenta la definición de terrorista, que muy bien pudiera englobar algunos de sus episodios vitales: “Sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror” aunque interesadamente se olvida el capítulo que dice: “Cuando este tipo de estrategias es utilizado por gobiernos oficialmente constituidos, se denomina terrorismo de Estado” Es por eso que jamás se atreverán –ni por equivocación- esos falsarios muñidores a referirse a Bush, Blair, Aznar, Felipe Gonzalez, Solana, Olmert, etc. etc., como connotados terroristas, cuando realmente por sus conductas se hicieron acreedores al calificativo y algunos con muchos más méritos que los anteriores. Así que hay que ser consecuentes y tener las cosas claras: ¡O todos por un igual, o ninguno!
Y ya metidos en harina, como es de actualidad quiero referirme a uno de los tenidos por los falsimedios como terrorista, que si de verdad lo llegó a ser -más que nada- pienso que lo fue obligado por una razón muy poderosa, su propia supervivencia –ya que si no hubiese tomado tan vital decisión, parece muy poco probable que hubiese llegado a cumplir los ochenta años- Era en principio Manuel, uno de tantos campesinos colombianos, a decir verdad, no es muy exacto lo de “uno de tantos” ya que según nos cuenta Petras ya le venía la casta al galgo: “Durante treinta años organizó movimientos campesinos y comunidades rurales y cuando todas las vías democráticas legales se le cerraron de forma brutal, creó el ejército guerrillero más poderoso de América Latina y las milicias clandestinas que lo sustentaban”
Todo parece comenzar hacia 1964 con un par de docenas de campesinos, huidos de sus pueblos devastados por la criminal ofensiva militar, dirigida por los gringos –desde siempre empeñados en esparce a la fuerza su dañina y criminal democracia por Sudamerica- viéndose obligados Marulanda y sus compañeros a crear –de la nada- un ejército guerrillero revolucionario, sin contribuciones económicas ni medios ajenos. Con lo puesto y dado que había crecido en una familia de pobres campesinos, trabajaba y vivía con ellos cultivando el campo, guiado por su despierta inteligencia, desde bien joven tuvo conciencia de la desesperada situación propia y de sus convecinos, pasando a organizarlos. Por supuesto hablaba su mismo lenguaje, se ocupaba de sus necesidades diarias más básicas y les acompañaba en sus esperanzas de futuro. Dicen los que lo conocieron que más que cualquier otro líder guerrillero, Marulanda fue todo un maestro en política rural. Dotado de unas extraordinarias dotes organizativas, incrementadas con la valiosísima experiencia cotidiana, realizó Marulanda una serie de operaciones políticas y militares estratégicas, basadas en su brillante conocimiento del terreno geográfico y por supuesto del capital humano con el que contaba. Convertido en un poder emergente en amplias zonas del estado, se compenetró durante tres generaciones a las mil maravillas con miles de pobres de las zonas campesinas, los sin tierra, los desplazados, los cultivadores indigentes. Nos dice Petras que en sus años de guerrillero fue capaz de darles sopa con ondas: “…por lo menos a siete importantes ofensivas militares financiadas con más de siete mil millones de dólares de ayuda militar usana, que incluía miles de “boinas verdes”, cuerpos especiales, mercenarios, más de 250.000 militares colombianos y 35.000 paramilitares integrados en los conocidos y terroríficos escuadrones de la muerte” Ahora que celebramos el doscientos aniversario de nuestra revuelta contra la invasión de los franceses y de la que nos sentimos tan orgullosos, comparada con la hazaña de los campesinos colombianos, fue un juego de niños.
Su figura se agiganta al comprobar que no era un líder de relumbrón, dispuesto a salir en la foto y conceder entrevistas a periodistas occidentales, pasó la mayoría de su tiempo absorbido por su misión. Nuevamente Petras nos lo retrata con su clásica maestría: “En lugar de escribir manifiestos grandilocuentes y adoptar poses, prefería la pedagogía popular de los desheredados, estable y poco romántica pero sumamente eficaz. Marulanda viajó desde valles prácticamente inaccesibles a cordilleras, desde selvas a llanuras, siempre organizando, luchando… reclutando y entrenando a nuevos líderes. Evitó presentarse en los “foros de debate del mundo” o seguir la ruta de los turistas izquierdistas internacionales. Nunca visitó una capital extranjera y cuentan que jamás puso los pies en Bogotá, la capital de la nación –ni siquiera tuvo tiempo para ver el mar- Pero tenía un amplio y profundo conocimiento de las exigencias de los afro-colombianos costeños; de los indio-colombianos de las montañas y la selva; de las ansias de tierra de millones de campesinos desplazados; de los nombres y direcciones de los terratenientes maltratadores que brutalizaban y violaban a los campesinos y a sus familiares”
Los que ya tenemos una cierta edad, llevamos en la retina las imágenes y los recuerdos de las luchas guerrilleras, que desde hace cerca de cincuenta años surgieron forzados por la necesidad en nuestra Sudamérica. Así tenemos líderes que perdieron la vida, algunos entraron por el riego y hasta participaron en repartos electorales o fueron engullidos por la ola de la represión desatada y alentada por los gringos. La mayoría se amparaban detrás de inexistentes ejércitos populares y al final fueron barridos, sin haber llevado a cabo el más mínimo cambio sobre el terreno. De nuevo las palabras de Petras nos llevan al meollo: “Por cada pueblo arrasado, Marulanda reclutó a docenas de campesinos luchadores, enfurecidos y desamparados, y los entrenó con suma paciencia para que fuesen cuadros y comandantes. Más que cualquier ejército guerrillero, las FARC llegaron a ser un ejército de todo el pueblo: un tercio de los comandantes eran mujeres, más del setenta por ciento eran campesinos, si bien se les asociaron intelectuales y profesionales, que fueron entrenados por cuadros del movimiento. Marulanda fue un hombre venerado por su estilo de vida excepcionalmente sencillo: compartió la lluvia torrencial bajo cubiertas de plástico. Millones de campesinos lo respetaban profundamente, pero nunca practicó el culto a la personalidad: era demasiado irreverente y modesto, prefería delegar las tareas importantes a una dirigencia colectiva, con mucha autonomía regional y flexibilidad táctica. Aceptó un amplio abanico de opiniones sobre tácticas, incluso si discrepaba profundamente de ellas. A principios de los ochenta, muchos cuadros y líderes decidieron probar la vía electoral, firmaron un “acuerdo de paz” con el presidente colombiano, crearon un partido –la Unión Patriótica- y consiguieron ser elegidos como alcaldes y diputados. Incluso obtuvieron cuantiosos votos en las elecciones presidenciales. Marulanda no se opuso públicamente al acuerdo, pero no abandonó las armas ni “bajó desde las montañas a la ciudad”. Mucho más lúcido que los profesionales y los sindicalistas que se postulaban en las elecciones, Marulanda comprendía al carácter extremadamente autoritario y brutal de la oligarquía y sus políticos. Sabía que los gobernantes de Colombia no aceptarían nunca una reforma agraria justa, sólo porque unos “pocos campesinos analfabetos los derrotasen en las urnas”. En 1987, más de 5.000 miembros de la Unión Patriótica habían sido asesinados por los escuadrones de la muerte de la oligarquía, entre ellos tres candidatos a la presidencia, una docena de congresistas y mujeres y alcaldes y concejales. Los supervivientes huyeron a la selva, se reincorporaron a la lucha armada o huyeron al exilio.
En el siglo pasado cuando el pueblo tomaba las armas los oligarcas nos agitaban el fantasma del comunismo que decían los fanatizaba, ahora lo llaman terrorismo o tráfico de drogas, lo que no quieren reconocer –aunque de sobra lo saben- es que cuando unos campesinos hambrientos dejan las azadas y toman la trascendental decisión de empuñar las armas, es que quieren comer y no seguir muriendo como perros. Para ello no dudan en arriesgar algo tan importante como es la propia vida. Son dignos de la mayor admiración gentes humildes como Tirofijo, denigrado y calumniado por la propaganda oficial, que fue capaz de poner en un brete -a finales de los noventa- a las mismas fuerzas gringas allí acantonadas. Que consiguió llegar a dominar más de la mitad del país y forzó al entonces presidente Pastrana a una negociación de paz, en la que las FARC exigieron una zona desmilitarizada y un programa que incluía cambios estructurales básicos en el Estado, la economía y la sociedad. Y no se vaya a creer que fue engañado ni por un momento por el Clinton y sus mariachis, que trataron de comprarlo, con la promesa de cargos electorales y privilegios a cambio de que vendiesen a los campesinos.
Marulanda antes de abandonar las armas, exigió el reparto de tierras a los campesinos, el desmantelamiento de los escuadrones de la muerte y la destitución de los criminales generales colombianos implicados en las masacres. Como estarían de tiesas las cosas que de pronto el presidente gringo, alumbró el Plan Colombia financiado con dos mil millones de dólares, en lo que vino a ser el más sangriento programa de contrainsurgencia, desde la guerra de Vietnam. Continuado por el presidente Uribe –recibido y muy querido por nuestros sociatas – Digno socio de narcotraficantes y organizador de escuadrones de la muerte, que rápidamente adoptó una política de tierra quemada para ensañarse con el campo colombiano. Entre su elección y la reelección –cuatro años- más de 15.000 campesinos, sindicalistas, trabajadores de derechos humanos y periodistas fueron asesinados. Regiones enteras del campo fueron vaciadas y en otras -precisamente las zonas que anteriormente habían sido controladas por las FARC- fueron cruelmente castigadas y diezmados sus habitantes. Termina contándonos Petras:“Es en este ambiente tan poco prometedor frente a las pírricas victorias de los presidentes de USA y Colombia donde podemos apreciar el genio político y la integridad personal de Manuel Marulanda, el más grande campesino revolucionario de América Latina. Su muerte no generará afiches o camisetas para estudiantes universitarios de clase media, pero vivirá eternamente en los corazones y las mentes de millones de campesinos de Colombia. Se le recordará siempre como “Tirofijo”, un ser de leyenda al que mataron una docena de veces y, a pesar de ello, regresó a los pueblos para compartir con los campesinos sus vidas sencillas. Tirofijo fue el único líder que era realmente “uno de ellos”, que durante medio siglo se enfrentó al aparato militar y mercenario yanqui y nunca fue capturado o derrotado”
Me pregunto: ¿Verdaderamente aquí quiénes son los terroristas?
Como final manifestar que personalmente si me diesen a escoger, me sentiría mucho más orgulloso de poder contar con la amistad de un campesino ¿terrorista? como Marulanda, a demócratas de postín, camisa negra y pajarita como: Bush, Blair, Aznar, Felipe Gonzalez, Solana u Olmert.
































SIEMPRE ESTAREMOS CON USTEDES, DESDE NUESTRA TRINCHERA, BOICOTEAREMOS CONVENCEREMOS,CONCIENTIZAREMOS PERO LA BURGESIA Y EL CAPITAL NO AVANZARAN.
Me alegra que haya gentes dispuestas con todas su conciencia a por lo menos tratar de cerrarles el paso a la burguesa y el capital
Deben eliminar a esos pseudo revolucionarios, los gobiernos deben ponerse fuertes y erradicar a esos diablos encarnados con el traje del “comunismo” …….¿como pueden abusar y hacer abortar a las mujeres que usan como escalvas sexuales y que reclutaron forzadamente? ¿Como destruyen la vida y el futuro de un niño, dandole un arma y obligandolo a combatir, envenenando su mente con tontas ideas de comunismo?…..lamentablemente los “Senderistas” del Peru estan empezando a copiar ese método de las FARC, y los pobres indigenas y campesinos de la selva son reclutados a la fuerza……Ese “comunismo” es falso, lo unico que hacen es vivir del narcotrafico y de la comercializacion de la coca…Aqui en Peru, los senderistas ya habian sido derrotados, pero aprendieron de las FARC de colombia a obtener recursos con el comercio de la Droga…. Creo que se debe armar a la población para que se defienda: RONDAS CAMPESINAS, asi se derrotó a SENDERO…..Lamentablemente habría mas violencia, pero es preferible darle oportunidad de defenderse al campesino antes de vivir esclavizados por estos ilusos “revolucionarios”…..disculpen los términos, pero en la década del 80 al 90 toda esa violencia se vivió en Perú, mataban alcaldes, campesinos humildes, simples policías de tránsito, destruían puentes y torres de alta tensión, cuando se capturó al iluso Abimael Gusmán, los terroristas de SENDERO huyeron a la selva y alli recién el Perú pudo despegar economicamente y se respiró la paz en las ciudades………. LOS PUEBLOS MERECEN VIVIR FELICES EN PAZ Y EN PROSPERIDAD..AHORA !!!….