Playa de Torimbia. Por Max.
Llegó el verano, la mayoría de las gentes amigas están de vacaciones, las visitas al blog son escasas, así que para los que tengan la desgracia de estar por ahí les dedico las fotos que acompañan estas cuatro letras. Vamos pues camino de la playa de Torimbia. Acceso rodado desde la urbe de Niembro -cercana a Llanes- pasadas las callejuelas del típico pueblo astur, terminando el camino asfaltado en un altozano que sirve de aparcamiento. A tus pies se situan los acantilados cubiertos de vegetación que conforman la peña Prieta y hacen de celosos guardianes de la acicalada y coqueta playa, sin duda vas a quedar gratamente sorprendido de la panorámica natural y agreste que divisas, el mar y la montaña lo llenan todo, parecieran quedar al alcance de la mano, el espíritu se te ensancha y encandila, dudas entre continuar contemplando el espectáculo majestuoso que te brinda la ensenada o caminar los cerca de mil metros que te separan de las finas arenas y del atrayente agua de color azul verdoso, sin traza de algas, arenal plano y de un amarillo intenso que contrasta con el borde vegetal, con forma de plato fondo o más bien cuenco incompleto por el mal arte de un alfarero chambón.
No pases penas si se te olvida el bañador, la mayoría de la gente suele bañarse en pelota, no en vano es la principal playa nudista de la región y la más hermosa del litoral llanisco. Aunque uno ya no está en edad de lucir los michelines pasas pena de los restos de remilgos religiosos no superados, que no te permiten disfrutar de algo tan natural como la desnudez. Desde niño gracias a los prejuicios inducidos hacen que nos produzca asombro una persona sin ropa ¿Cómo es posible que para algunos la desnudez signifique liberación, mientras que para otros sea causa de ansiedad y resulte ofensiva? Recuerdo la primera vez que me acerqué a la famosa playa, no tenía ni idea que allí cada cual tomaba el sol y se bañaba como le apetecía ¿Habrá algo más natural y hermoso que poder disfrutar del aire libre, del mar y del sol, sin el obstáculo de una extraña y molesta tela? Confieso que terminé dándome un baño aunque no me atreví a quitarme el bañador. No se cansan de repetir que el vestido nos hace diferentes de los animales, pero apostillaría que al tiempo nos aleja de nuestros congéneres. Abrir puertas y ventanas dejar entrar aire fresco es lo que hace falta, olvidar nuestros prejuicios, falsos tabúes asumidos tal vez, en una infancia llena de opresiones –que para algunos lo fue por obra y gracia del quícaro sanguinario- miedos y cadenas que deberíamos ir rompiendo poco a poco –si nosotros no somos capaces por lo menos que sea una victoria de nuestros descendientes- Poder estar sin complejos en la arena y desterrar para siempre el “¡marrano vístete!” Dicen del Nudismo que es una más de las libertades, que recuperamos cuando nos alcanzó la democracia. Resulta paradójico que la autorización implícita otorgada –en la época de la transición- a sitios como la playa de Torimbia, que permitieron a los primeros Nudistas disfrutar de espacios en los que no arriesgarse a entrar en colisión con la mojigata y celosa justicia, posteriormente se volvieron en contra del Nudismo, ya que se considera que como existen zonas o playas autorizadas en el resto no está autorizado, luego por deducción queda prohibido, cuando debiera ser de libre elección.
Con el nudismo no hay banderas, ni marcas, ni distinciones, se acortan las distancias, casi todos somos iguales. Las guerras debería ser obligatorio el hacerlas en cueros.
Dicen los que saben de esto: ”Es difícil de explicar la agradable sensación de libertad que produce el sol, la brisa y el agua al entrar en contacto con todo el cuerpo. ¿Para qué ponerse un bañador cuando uno va a bañarse? Es tan ilógico como ponerse un chubasquero para ducharse”. Vivimos en la civilización de la “apariencia” donde la corbata y el traje se convierten en símbolos de distinción, en cambio en una cultura de la “transparencia” el cuerpo desnudo y su vivencia se perciben de forma natural y normal, sin la represión moralista que hace ocultar, algunas de sus zonas. Fuera ropajes y oropeles ¡NUDISMO ES LIBERTAD! Algunos –muy a nuestro pesar- nunca llegaremos a serlo del todo.
El libro de hoy es del cubano Cabrera Infante
La Habana para un infante difunto. Por Guillermo Cabrera Infante



















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