De Sotres a Tresviso. Por Max.
Bonita excursión desde un alto pueblo asturiano a otro cántabro situado un peldaño más bajo, cruzando los montes que los separan un día de verano -lo crudo debe ser tener que hacerla acuciado por la necesidad, en pleno invierno con un buen temporal- caminando tranquilamente por carretera asfaltada, eso sí con un sol de justicia -en verdad que te chamusca este jodido Lorenzo cuando transitas a más de mil metros- hasta que acudió en nuestro auxilio la niebla en el regreso. Cruzando amplios pastizales, acompañados en varios tramos por encinas, fresnos y avellanos, las lozanas y jacarandosas vacas roxas refugiadas debajo de los árboles moscando como buenamente podían. Sintiendo los buitres en la altura y si acaso algún águila planeando en la lejanía, más cerca del suelo aleteaba el vistoso colirrojo tizón.
Parece ser que por su vecindad y más fácil acceso con los pueblos astures y su aislamiento a la zona cántabra cooperaron a que su tradicional indumentaria se asemeje más a la de sus allegados de región aledaña, constando la impedimenta de los hombres de: chaqueta, montera y calzón, portando empericotadas las féminas en las fiesta, camisa de lino hasta media pierna, abierta por el pecho eso sí para cerrar con botones, saya al tobillo confeccionada con sayalete casero de verde o naranja, corpiño amarillo o rojo de balleta o pana, dengue cruzado sobre el pecho y atado a la espalda, no faltando tampoco el delantal ni las medias de lana blancas o azules, rematando los pies las madreñas o los escarpinos.
Hoy va de revivir recuerdos, dicen que persiste todavía en Tresviso –en mi pueblo hace años que está olvidado- la tradición de los aguinaldos, el último día de Diciembre salen los mozos por las callejas del pueblo y van llamando de puerta en puerta para pedir el aguinaldo; y poco a poco, la comitiva va llenando el saco -o el cesto de mimbre- con huevos, morcilla, tocino, pan, etc., al tiempo que el dueño del hogar saca su mejor vino y en un porrón lo ofrece a los “aguinalderos”.
Es costumbre, después de recoger el aguinaldo, dar las “migas” -mantequilla y pan- a los niños del pueblo. Al frente del grupo de jóvenes se elige al “vinotero”, que es el encargado del control de todo aquello que se necesite para la fiesta.
Llegada la víspera de Reyes, los mozos se juntan a cenar los “aguinaldos” en una vivienda del pueblo que se denomina “la posada” y que suele ser distinta cada año; allí, en entrañable camaradería las viejas canciones se entonarán con alegría y no faltarán abundantes copas de buen orujo. Al día siguiente se celebra la cena de “la justicia”, llamada así porque se invita al alcalde del pueblo, al cura y al juez, siendo en esta celebración cuando los mozos invitarán a las mozas del lugar y al concluir la cena se acudirá al baile que, según la tradición, se acaba a las dos de la madrugada para pasar todos los vecinos del pueblo a tomar café en “la posada”; de ésta forma, juventud y mayores se unen, para reforzar aún más los lazos de amistad.
En mi tierra de nacimiento Teverga –preciosa asemeya de cuenco de plata, gracias a las calizas que la rodean- igual que aquí se elabora un queso picón con leche de oveja, cabra y vaca, con un sabor muy similar al que recuerdo de los años de juventud.
Alrededor de la iglesia de Tresviso
Vacas roxas pastando al atardecer, acompañadas de yeguas, se anima el monte.
Al fondo la silueta de la cúspide del mítico Naranjo de Bulnes
En la foto siguiente, se aprecia difuminado el sendero de acceso al pueblo desde Cantabria
Al fondo de la foto se ve el picalín del Naranjo de Bulnes
Quienes crean que una excursión tan fácil no tiene chiste y es pan comido, se pueden aventurar por el camino de subida desde el río Urdón, por pedregoso, ancho –para lo que cabría esperar- y revuelto sendero, parte de lo impresionante del reto se puede apreciar en las fotos siguientes, las vistas prometen ser mareantes, me brindo hacer el recorrido en ocasión venidera para comparar y sacar unas cuantas asemeyas que como siempre colgaré aquí. La caseta roja que parece colgada en la roca lo está ciertamente, de allí se distribuye el agua que le llega por un canal escavado en la roca y que allí precisamente se encamina de sopetón, para mover las turbinas de la central eléctrica, que se encuentra bastantes metros más abajo, a nivel del río.
El libro de hoy es de Santiago Gamboa.
Perder es cuestión de método. Santiago Gamboa


Andrea de espaldas a Sotres
Carretera a Tresviso


Tresviso










Aguilucho
Croquis
Nueva foto del sendero




