Guerra Fría, a la carta. Por Max.
El entramado militar gringo no puede considerar que resultó beneficioso el haber dejado que la Unión Soviética se disolviera como un azucarillo, quizá en un principio creyeron que les podría reportar alguna medalla, dejando aparte que las chapas no suelen dar de comer. Pronto se dieron cuenta del error, y ahora que llegan las vacas flacas, urge el tomar medidas. Peligran los puestos de trabajo de mucha gente y llega el momento de rectificar. Cultivar bonsáis puede ser una ocupación propia para un mindundi como Felipe González, pero nada acorde con los méritos de los rostros pálidos, expertos en combatir el siempre peligroso comunismo, como son los analistas del Pentágono, la CIA y los generales estrellados. Así que no quedó más remedio que volver al camino recto y seguro, que garantizase sin sobresaltos el poder seguir esquilmando como antaño, las arcas de los generosos y memos contribuyentes gringos, por y a mayor gloria de la invicta y a menudo cacareada, Dios salve América. Y en esas están y seguirán.
Verdaderamente echando la vista atrás, aquellos soviéticos fueron unos desconsiderados de tomo y lomo, mira que pretender llevar a la ruina a unos modélicos empresarios y nobles familias gringas –que vivían de siempre, de la jugosa industria de la Guerra Fría- Dejándose derrumbar sin previo aviso y sin tener en cuenta los cuantiosos perjuicios que reportarían a tan buenas y consideradas gentes. Y no crean que la cosa no marchó por dejadez, o por pasar de intentarlo, en principio se sacaron de la chistera la guerra contra la droga –no en vano eran y son todo unos expertos en la materia, como cabría esperar de los máximos consumidores de polvillos blancos- Con la disculpa se llevaron por delante unos cuantos miles de inocentes panameños –sin importancia- y de paso vaciaron los arsenales de bombas a punto de caducar, pero… ¡hay carajo! la malo es que la cosa del Noriega no dio para más.
Andando los años lograron engañar y enredar a su aliado Sadam, lo que les dio disculpa para volver a vaciar arsenales sobre las arenas del desierto, pero solo significó más muertos de desarrapados iraquies y pan para hoy y hambre para mañana. Lo siguieron intentando en el Salvador, Somalia. De intermedio atendieron acciones de apoyo y suministro de armas a Bin Laden -cuando fungía como peón de hostigamiento, en Afganistán, contra los rusos-. Atentados por medio de la mafia de Miami contra hoteles de Cuba, varios bombardeos menores hasta llegar, terminando el siglo –con la inestimable ayuda del socialisto Solana- al televisivo bombardeo indiscriminado de Yugoslavia, que les supuso un alivio de sus arsenales, que en nada amenazaban con caducar, sin haber logrado matar a nadie.
Le siguieron el Plan Colombia y la siembra de bases en América Latina. El 11 S les dio pie para invadir Afganistán y poco tiempo después Iraq, donde siguen empantanados ¡y pa seguir! Pero amigos la Princesa está triste ¿que tendrá la princesa? Y es que en la Guerra Fría nadie cuestionaba los gastos y despilfarros en armamento –eso sí, simulando una buena causa, el socorrido atender la defensa de las democracias- pero ahora cuando hay que apretarse los cinturones, puede venir cualquier Obama y darle por reducir el chocolate del loro, y eso bien puede representar la ruina para añejos y prósperos negocios, alrededor de las bombas y la muerte. Por ello no queda más remedio que resucitar otra especie de Guerra Fría cuyo primer acto fue puesto en escena, hace unos días en Georgia. Ya no se trata del clásico capitalismo contra comunismo, sino que ahora los actores son el poder militar-imperialista –representado por Gringolandia-Europa- contra un poder regional que representa Rusia y que mañana bien pudiera acompañarles la comunista-capitalista China.
Convendrán conmigo que a estas alturas de la película, es una locura el embarcarse en una nueva carrera armamentista, o enzarzarse en guerras xeladas con Rusia y China, con los correspondientes gastos militares adicionales de billones de euros en las próximas décadas. Es una imperdonable y desquiciada locura: que no conduce –como casi siempre- a nada de provecho, aparte que el gasto no garantizará el acceso a más fuentes de energía, ni abaratará el precio de los gasóleos y sus derivados a los consumidores, ni desanimará a Rusia y China en su búsqueda de nuevas fuentes de energía. Lo que de seguro hará será reducir el dinero que necesitamos para desarrollar fuentes de energía alternativas con las que conjurar los peores efectos del cambio climático.
Cuando lo verdaderamente racional sería aunar esfuerzos, y tratar de cooperar con Pekín y Moscú en el desarrollo de fuentes de energía alternativas y sistemas de transporte más eficaces, y al mismo tiempo disponer de liquidez para poder encarar inversiones en proyectos sociales, económicos y medioambientales que merezcan realmente la pena. Por ende renunciar a absurdas competiciones del tipo guerrerista y trabajar juntos en el desarrollo de alternativas al petróleo, con vehículos mucho más eficientes y otras innovaciones energéticas. Tienen todas las de ganar -con su incuestionable poderío económico- para hacer las cosas de manera correcta, respetando y siendo respetados. El verdadero problema es que no se conforman. Son felices quedando tuertos, con tal que el competidor quede ciego. Está visto que donde no hay cabeza, no hay nada que rascar.
El libro de hoy es todo un clásico:
Maku
















































