Continúa el recorrido, Looe, Polperro, Bath y Wells. Por Max.
Me encantó la ciudad de Bath (no en vano está acreditada como Patrimonio de la Humanidad) es una urbe de tamaño mediano tirando a pequeña, en la que sería un desatino el no descubrir todos sus rincones dando plácidos paseos por sus callejas y parques. Enclavada en el condado de Somerset -suena a novela de Walter Scott- Cuenta con un balneario de aguas termales –minerales medicinales que brotan a 46º- con abundantes restos -por cierto bastante deteriorados- de la época romana, aunque se presiente la grandiosidad y las maravillas que debió atesorar este complejo balneario. Se adivina la vidorra que se habrán pegado allí los curas y los ricos de las diferentes épocas celtas, romanos, sajones, normandos, medievales, georgianos y tudor, con la disculpa de hacer frente a los frecuentes reumas de aquellos tiempos. Con el habitual clima crudo de aquellas tierras, debería ser una delicia meterse en las piscinas con permanente agua caldeada, no dudo que fuese impagable el poder sumergirte en estas aguas del Caribe en cualquier estación del año. Para cruzar el río que la atraviesa, te encontrarás con un puente no demasiado corriente, ya que en entrambos lados te encuentras con surtidas tiendas, se conoce como Pulteney
Es chocante que proliferen los monumentos al jabalí, aunque dudo mucho que estas gentes sepan aprovechar sus carnes, con tenerlo como mascota seguramente se sienten la mar de satisfechos, sin apreciar el elixir de los dioses que encierran tan gruesas duras y peludas pieles, si bien es verdad que todo él es un sabroso alimento –sin desperdicio alguno- tema gastronómico del que no andan precisamente sobrados, es de ley reconocer que el creador no les donó el andar garboso del cerdo ibérico. ¿Admitiréis conmigo que nuestro cochino tiene guapos hasta los andares? ¿Verdad que sí?
A la época georgiana pertenecen los arquitectos John Wood, padre e hijo que emplearon con profusión la piedra de crema dorada –característica del lugar- Establecieron barrios con calles y plazas con idénticas fachadas que dan una impresión de escala palaciega con decoración clásica y color miel, ejemplos de este estilo urbanístico son The Circus –plaza circular- y el Royal Crescent –sandunguero medio arco, de treinta casas que da cara a un extenso parque-
Muy cerca tenemos el pequeño pueblo de Wells, es visita obligada, destacando y siendo centro de atracción este pequeño poblacho por los tres pozos que decían atesoraban sus aguas propiedades curativas, aunque estaba anocheciendo se apreciaba una bonita catedral. Antes de llegar al patio de la catedral podemos contemplar La Vicars` Close del siglo XIV. Es una de las calles completas más antiguas de Europa que se conserva tal cual, adoquines incluso.
No se entiende que unas villas costeras como son Polperro o Looe que bien podrían equipararse –salvando las distancias- a nuestro Cudillero o Tazones, es el colmo que no tengan ni una sola pescadería, un pequeño chamizo en el mismo muelle, hacía las veces de una especie de depósito o rula ¡pa todo lo que tenían! En la primer villa y pese a ser la zona turística por excelencia de aquellas latitudes, después de mirar con lupa solo fuimos capaces de encontrar dos restaurantes en los que poder comer un pescado –medio decente- vinieron a enseñarnos el pez antes de cocinar, eso sí sin cabeza, nada de marisco, ni unas simples sardinas, calamares, mejillones, pulpo, llámparas, vígaros u oricios. Que tampoco están en las antípodas, son tierras bañadas por el mismo mar Cantábrico. Me parece que no hay nada que hacer con ellos, son unos perfectos analfabetos gastronómicos por pura desidia, no merecen tener mar y lo dice uno de la montaña que no es experto -ni mucho menos- en los tesoros de la mar. Está visto que para estas gentes la mar salada solo les sirvió como medio de pirateo y rapiña.
El libro de hoy pertenece al gran poeta peruano Cesar Vallejo. Va dedicado al amigo -peruano de adopción- José Díaz (Paredes) su preciosa hija Libertad y toda su familia
POESIA COMPLETA. Cesar Vallejo








































Muchas gracias, amigo y viajero Max. Este verano apenas estuve tres días en Gijón. Insuficientes para intentar vernos. Ahora en octubre voy a tener unos días de vacaciones. Espero pasar por allí para renovar mis provisiones de sidra. Ya te diré.