Fin de semana en la frontera vasca. Por Max.
Aprovechando la fiesta de la Comunidad, hice un corto desplazamiento a tierras del País Vasco, con una pequeña incursión más allá de la frontera francesa, partiendo de base establecida en Hondarribia. El primer paso con parada consistió en divisar la villa vasca -origen de la excursión- desde la otra orilla de la ría, a primeras horas de la mañana el gps nos llevó a un parque aledaño de la estación del tren, donde bastantes años atrás, nuestro amado patas curtias dejaba caer su mala baba de admiración -en la localidad de Hendaya- a los pies del genocida germano –tal para cual- hermanados en el crimen y en la sangre derramada, desatino que continuaron -por desgracia- practicando entrambos, durante demasiado tiempo, antes y después, con el doloroso resultado de miles de muertes.
La siguiente parada tuvo lugar en la preciosa villa marinera y pescadora de San Juan de Luz (Ciudad de los corsarios) Se nota muy pescatera, según reza la historia fue destruida por los maremotos varias veces, puerto ballenero en la edad Media, a semejanza de muchos de la costa de Asturias –se respira el mismo aire- está expuesta frontalmente a las iras del océano Atlántico, hoy día vive de la pesca de la sardina, la anchoa y el bonito. Tiene un agradable y plácido pasear por sus callejuelas, cuenta con una rue comercial conocida como Gambeta. Dando cara al mismo puerto se sitúa la iglesia de San Juan Bautista, con un exterior sobrio de rancia piedra y un interior muy adornado. Fue todo un choque acceder al interior por una puerta lateral esperando encontrarte con un panorama silencioso, gris y en penumbra y en cambio darte de bruces con unos coloridos laterales atestados de gentes engalanadas de domingo, ya que cuelgan tres niveles de palcos corridos, nunca me quedó tan clara la similitud de la religión con el teatro o la ópera, como la sentida allá dentro, pese a la fama de estado laico el francés, se divisaba demasiada gente en misa, la iglesia estaba llena a rebosar, cuando presentías avistar cuatro ancianas feligresas, se conoce que los vascos de los dos lados de la frontera, siguen encelados en el pernicioso culto de las religiones. Otro hecho que me llamó la atención comparando con mi tierra, es la abundancia de parejas jóvenes con críos pequeños, se nota que allá no tienen los problemas de natalidad y envejecimiento de la población que aquí arrastramos. ¿Quizás también a diferencia, el Estado proteja y mime de mejor manera el aumento de los natalicios?
El siguiente paso nos encaminó a Biarritz, señorío de casinos, con un coqueto puerto pesquero y playa concurrida donde se destaca el antiguo palacio de Napoleón III transformado en hotel de super lujo –la tira de estrellas- Después de comer mal cerca de la playa, en un típico chiringuito de giris, seguimos la costa de las Landas con sus playas de kilómetros y kilómetros de arena, escoltados y martirizados por un sol arrasador, tal parecía querer incendiar el aire, las dunas y las arenas poco les faltaba para arder, como si estuviésemos en el desierto de Gobi –que dicen que es el más extremo del planeta- no tuve ánimos ni para hacer fotos. Repusimos líquidos y comenzamos el retorno ahora sí por la autopista que nos llevó en poco tiempo de nuevo a la frontera y a Hondarribia que se encontraba en fiestas. Subimos al monte Jaizkibel hasta una pequeña ermita, aledaños a ella se muestran los restos abandonados y cubiertos de maleza, del fuerte de Guadalupe, fortificación de finales del siglo XIX. Fue inaugurado en el año 1900. Podría albergar más de 60 piezas de artillería y una guarnición de hasta 1000 hombres. Tiene forma poligonal, rodeada por foso y camino cubierto, disponiendo en su interior de galerías de fusilería, emplazamientos al aire libre y casamatas para artillería, túneles subterráneos de comunicación interior, etc. Sus fuegos dominaban la costa francesa, el valle del Bidasoa, el valle de Jaizubía y la Peña de Aia, dicen que debería haber sido la primer defensa ante una hipotética invasión de los gabachos.
De regreso nos acercamos a la playa, amplia con buenos aparcamientos y con síntomas de ser bastante artificial. Ya en la urbe no pudimos cenar en condiciones por estar todo reservado, y a duras penas logramos matar la fame en una taberna de la calle principal y disfrutar del repetitivo tostón de los chistos y tambores con que nos martirizaron a conciencia las disciplinadas filas del próximo Alarde -si al menos hubieran sido unas buenas hembras, que las hay asgaya y siempre se muestran muy modernas y rompedoras, por muchos años que lleven encima- Pesadas falanges masculinas que no cesaban de dar vueltas por sus calles, jaleados y aplaudidos por los incondicionales espectadores, que calentaban motores para la fiesta del día siguiente.
Las fotos son de la zona.

Hondarribia desde el Jaizkibel

Iglesia teatro en San Juan de Luz







































Años ha hice esa ruta, aunque no sabría describirla tan bien como tu pluma-tecla.
Buena observación de la religiosidad vasca.Indica-a mi modo de ver -primitivismo.Algo que no se si es bueno o malo, con los tiempos que corren.
Libertad 2 añitos .
Salud.
mucas gracias
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