MAX Y LOS CHATARREROS

Avilés está de moda. Por Max.

Posted in Asturias, Excursiones, Fotografía by maxalvarez on abril 7, 2011

En los tiempos que corren es muy necesario indignarse, diría que es vital permanecer indignado y gritar muy fuerte contra la indiferencia, pero… no todo se va reducir a pasarse el día encabronado por tanto político cínico, hipócrita o vendido -ya que peligras terminar con una úlcera del tamaño de una boina- Es más positivo que confiemos en que los ricos comiencen a pagar impuestos, al fin y a la postre son ellos los que más pueden perder -el que nada tiene poco puede perder- ya que en un plazo no muy largo -si así no lo hacen- se tendrán que enfrentar a revoluciones en todas partes. Mientras esperamos que nuestro queridos y mimados ricos, entren en razón, y lleguen al convencimiento de la necesidad de aflojar la cartera voluntariamente, o nosotros salgamos del letargo en que permanecemos sumidos y se lo demandemos, cargados de razones más contundentes.

Está muy bien pasear por los montes alejado del mundanal ruido, pero hay veces que apetece perderse entre los recovecos de esas madrigueras donde habitamos, y uno de esos rincones preferidos por mi compañera y un servidor –será por que allí nos conocimos, haz la tira de años y que da pie a que recordemos nuestro años mozos- es Avilés.

El sábado lo habíamos pasado trotando por las inmediaciones del río Infierno y el domingo con la disculpa de las jornadas del atún rojo, reservamos mesa en la Dársena de Fernando, restaurante situado al píe de la escalinata que te lleva al Niemeyer. En otra ocasión habíamos tratado de degustar su cocina, pero no tuvimos oportunidad, así que esta vez actuamos con anticipación para procurarnos mesa. El resultado fue a plena satisfacción, después de un aperitivo, de primero degustamos unas longanizas de Avilés, fritas y rellenas de fua que estaban para chuparse los dedos, el segundo fue el consabido atún rojo que daba nombre a las jornadas y que estaba en su punto, terminando como no podía ser menos con el siempre dulce postre.

Todo el mundo lo reconoce, Avilés está de moda. La verdad es que el cambio observado de hace cuarenta años a la actualidad es abismal, alguien que la recordase de entonces ahora no la reconocería. De la permanente niebla Ensidesera de entonces y del hollín llenándote de chorretes la calva, pasamos a un aire casi limpio y a poder contemplar y disfrutar de unas calles y edificios preciosos. Antes no podías arriesgarte a abrir del todo los ojos por miedo a que la carbonilla ambiente se te clavase en ellos.

Y como la semana que viene hace cuatro años que escribí unas letrucas –las había titulado: “Bandidos y banderas”- dedicadas en aquella ocasión a los pperros, visto lo visto están de actualidad, y dado que considero que son la misma mierda, el partido de los pperros tanto como sus hermanos en el desgobierno, el de los socialistos, hoy se las dedico a ambos, ya que en calidad de cómplices, herederos y continuadores de lo que dejó bien atado el “Quicaro Sanguinario” alias “Patas Curtias” –no nos engañemos- tan añorado por muchos de los fieles seguidores de entrambos escombros políticos.

Solo el verles la cara te corta el aliento, son unos muertos muy vivos, puros fósiles, caminan en manada o van en bandadas, los delata su helada sonrisa, el rictus amargo que adorna sus jetas de pocos amigos. Se deslizan lentamente con pasos cortos y acompasados, arrumbados por la tradición y el peso de sus muchos años. Portan pancartas contra el que gobierna. Gritan mucho sin saber por que, y cantan cansinos sortilegios, acompañados de marciales músicas de viento.

Desde que el padrecito patas curtias los abandonó –agravado el mal de unos por la posterior renuncia de su mínimo fhurercillo, y la de los otros por la del ZP- son incapaces de dejar de hollar con sus torpes pasos las calles de su España, y tienen una manifiesta querencia a la plaza de Oriente, sin duda reminiscencias de gloriosos tiempos pasados.

Piensan que ZP o el Rajoy los relegó a la retaguardia y eso bien podría destrozarles el alma, en el caso que la tuviesen. Muestran bigotes recortados, manos finas acostumbradas a manejar la fusta, el palo de golf, y a vivir de los dineros afanados y sudores del prójimo. Pasean los ajados galones de alféreces provisionales, fueron en su día diligentes somatenes y marchan cogidos del brazo de rancias abuelas de mucho rezo, poco y lejano goce, escapulario y reconfortante confesión diaria, y aunque unos hayan abandonado la negra mantilla y los otros la chaqueta de pana, se siguen adornando con vistosos collares, pesadas pulseras de pedrería y con banderitas en las muñecas. A pesar de sus muchos quebrantos, todavía se mantienen altaneras y altaneros, con la tiesta tiesa.

Puede que el aguilucho y la rosa se les haya desteñido un poco, pero esos trapos con los malditos colores, ofenden, -roxu, amariellu, roxu- produce asco tanto y más por lo que representan y destilan -lo más carca y retrógrado ¡pasado tenebroso, puro fascio y muerte!- como por su añorado dictador y sus apadrinados parásitos Borbones –generales de la guerra por desgracia divina- herederos pasados y presentes que nos hace recordar y volver a padecer.

Aunque las montañas nevadas no son lo que eran, ni ellos permanezcan todo el tiempo cara al sol, ni mirando a Rodiezno como solían. Enarbolan con sádico y fálico furor la rojigualdiroja, acometidos de un irrefrenable ímpetu digno de mejores causas. Nos la restriegan a todas horas por la caja tonta. Las portadas de los falsimedios con ellas se rellenan. Ahora sé que no es mi bandera, ni me representa, ¡hasta aquí hemos llegado! la detesto y desde ya prometo pasar de: pelos engominados, cortes orgánicas, horas del ángelus, arriba España, capitales imperiales, a mí la legión, guerrilleros de cristo rey, aires de grandeza, cejas levantadas, prietas las filas, banderitas en el reloj, sumisión a los mercados, ni recias ni marciales, bajadas de pantalones.

Españas azules y de la rosa, crucifijos en las escuelas, tantas santas pascuas, sargentos chusqueros, brazos incorruptos, gaviotas de vertedero, rosas con espinas, santas teresitas, rosarios falangistas, adictos al régimen, ondear por la fuerza colgaduras en los balcones, cristofascistas, palios y parafernalias de las jons, cortes de pelo aliñados con ricino, desatinos siniestros con destino en lo universal, bendiciones de armas, mensajes de navidad, actos de afirmación nacional, espadas vencedoras, desfiles de la victoria, bulas y burlas, oscuros confesionarios, trogloditas zaplanescos, curas pederastas, procesiones del silencio, Isabeles Católicas, abuelos procuradores, callar por chitón, grandes pendones y pendejos, por la gracia de Dios, botas y correajes brillantes, Santiagos Matamoros, humillación y diestra victoria, patriotas por cojones.

Mientras el resto de los mortales en la piel de este ajado toro descabellado, pensamos en comer y en su defecto como: mejorar la calidad de vida, conseguir una enseñanza laica, una sanidad acorde con los tiempos, dejar de pagar diezmos, una vivienda digna, un empleo gratificante, igualdad de trato entre los sexos y culturas. Nos mueve la esperanza de llegar a conseguir democratizar el poder político, pero estamos seguros que nunca lo lograremos con los banqueros, los pperros y los socialistos, habría que abolirlos por ley y empezar nuevamente de cero.

Que ninguna bandera justifique un solo muerto. Las banderas deberían ser solo aquello que representan, el morado emblema del feminismo marca el creciente protagonismo de la mujer, y quizá por que amamos a las muyeres la tricolor es la que nos pone, es y será para siempre nuestro emblema, nuestra enseña, el 14 de Abril nuestro santo y el tonillo callejero y liberal del himno del Riego nuestra música.

Y llego un año más, reviejo y cansado, eternamente esperando otro catorce de abril, aunque me consuelo con que en mis oídos nunca se apagarán los sones de “Banderas de libertad” (Flags of freedom) cantada por Neil Young. Las verdaderas banderas se llevan calladas en el corazón, no es necesario agitarlas al viento, y nos acompañarán a la sepultura.

Pulsando aquí encima, el video de la canción de Neil Young

A continuación unas asemeyas de Avilés

Niembro, Torimbia, Toranda y Barro. Por Max

Posted in Actualidad, Escursiones, Fotografía by maxalvarez on febrero 11, 2010

Cerca del medio día abandonamos la autopista del Cantábrico en dirección a Posada, desviándonos a la altura de la gasolinera por la carretera comarcal rumbo a Niembro –poblado de actualidad por haberse rodado recientemente en ella los exteriores de una famosa serie televisiva- mientras la música del auto nos dejaba la calida voz de Carlos Puebla entonando los sones con aquello de:

“…si hay que decidir…

yo sigo siendo cubano…”

Llegados al pueblo callejeamos por las empinadas y estrechas caleyas, apreciando muchas obras sin terminar encaminadas a la mejora de sus casas, llegados al alto aparcamos, el panorama que allí se nos brindaba es de los que deja buen sabor de boca, hacia oriente impresionantes vistas de la quebrada y preciosa costa de Llanes, con la luz tornasolada por las abundantes nubes, con el circo de montes espolvoreados por la blanca nieve, a los pies queda el pueblo que dejamos hace unos minutos y hacia el occidente el medio plato hondo de la playa de Torimbia, hermosa y siempre coqueta, acicalada con la blanca espuma que se mezcla y confunde con las amarillas y finas arenas.

Caminamos por el alto sin perder nunca de vista el mar bravío, corría fuerte brisa que azotaba con saña nuestras caras, mientras nos movíamos con precaución y cogidinos de la mano como cuando éramos novios, siguiendo el marcado y empinado sendero de bajada, cerca ya del fondo cientos de berzas silvestres jalonaban los bordes del atajo, seguramente darían para un exquisito, sabroso, salado, yodado y potente pote de berzas. Pateamos el plano arenero, casi desierto aunque llegando al extremo que tiene la bajada más accesible aparecieron dos chicas y un joven con su tabla que ni corto ni perezoso se quitó la pieza inferior del bañador y se internó en las frías aguas con el badajo colgando –hay que tener muchas calorías y pocos años para hacer esto en pleno invierno, por muy nudista que sea la playa- Solo de pensarlo se me ponen de corbata.

A la vuelta tiramos unas cuantas asemeyas, siendo esta más placentera, ya que a nivel del agua no corría apenas brisa. Pensando en comer sobre las tres de la tarde, emprendimos el sendero de la playa de Toranda, con los prados repletos de vacas pintas holandesas pastando, bordeamos el esqueleto a pie de playa de un edificio al que suspendieron la licencia antes de ser terminado, esta es la playa del pueblo por su cercanía, seguimos rumbo recorriendo el perímetro exterior de muro de piedra, cercado de un caserón con tanto terreno como el resto del poblado junto, llegando a un área de servicio con mesas bancos y parrillas que se extiende por la ladera de la colina, divisando al fondo la iglesia de los Dolores y el cementerio, a sus pies llega una lengua de agua salada en que se refleja la silueta del templo cuando la marea está elevada. Al llegar a la parte baja nos percatamos que el restaurante estaba cerrado, con lo que optamos por acercarnos a Barros y si allá no nos fuese posible encontrar donde comer, continuar hasta Celorio que allí de seguro tendríamos, o por lo menos eso era lo esperado.

Cruzamos por delante de grupos de chalet sin rematar, llegamos con el estómago en los calcaños a la playa que lleva el mismo nombre del pueblo y allí si apareció un restaurante en obras a pie de playa pero funcionando con un plato del día de ocho euros compuesto por fabada, lomo frito y postre, que calmó perfectamente nuestro hambre. Estando liado entre migas de pan, sabrosas fabas y platos escucho una voz familiar que resultó ser la de un antiguo profesor de Termodinámica, hablaba sobre la adopción y que cuando la sangre no tiraba no había nada que hacer, que podría decir alguien con siete hijos y tan mea pilas y soplagaitas, como dicho profesor, era un palizas de tomo y lomo, con decir que una demostración del teorema de Bernoulli que nos había dado, de dos hojas por las dos caras, fue desechado y tirada a la papelera y sustituida por otra del eminente enseñante de apellido Remacha de cuatro líneas, queda dicho todo.

La semana pasada quedó claro quien manda en las democracias de risa –si no fuese para dar alaridos de llanto- en que vivimos inmersos. Se hizo patente la llamada de atención de los que gobiernan en realidad –los que dictan sin ser dictadores, los amos, los que chulean y prostituyen la democracia a todas horas- Cuando esperábamos que el neoliberalismo hubiese pasado a mejor vida, resurge como vencedor de la crisis por el provocada, con nuevos bríos y llevando en cartera un novedoso experimento para la nueva fase de corrección de los acontecimientos de cursos venideros, más privatización y desregulación –si no queríamos caldo, dos tazas- Marcando de paso el camino que deben seguir los que aparentan llevar el timón sin salirse del riego. Fue solo un toque de atención, al que respondió sin demora ZP enfilando y sentenciando los pocos derechos que nos restan por ser expropiados. Estamos sentenciados y los acontecimientos en Grecia marcarán nuestro devenir. Solo nos queda tratar de poner: ¡Cojones y dinamita!


Los Dolores


Torimbia


Barro


Playa de Torimbia


Ensenada


Playa de Toranda


Niembro

Yo también participé en la Revolución del 34. Por Max.

Posted in A su aire, Fotografía, Historia y vida., Opinión by maxalvarez on noviembre 26, 2009

Por espacio de quince días un vendaval de ilusión azotó con fuerza las verdes tierras astures, añejos apetitos y sueños habían comenzado a desarrollarse, renacían y se multiplicaban como fantasmas, tratando de afirmarse por medio de tambaleantes y torpes pasos, a cara descubierta, al grito de: “…socialización de la riqueza, abolición de la autoridad y el capitalismo…” intentando por todos los medios hacer pasar el carro por delante de los bueyes (La misma cantinela que quedó pendiente desde entonces y que bien podríamos entonar en la actualidad, bastantes años después)

Solo contaba con trece años, los tiempos marchaban revueltos y la escuela había sido suspendida al calor de los acontecimientos, padre llevaba unos días de huelga, las minas estaban cerradas, después de acaloradas jornadas de paro y años de espera, se habían acumulado muchas energías y ansias de cambio y ante la deriva derechista que había tomado el gobierno de la República, las gentes estaban descontentas y muy concienciadas, nada dispuestas a transigir con una eventual -y menos definitiva- vuelta atrás. Acostumbrados a una existencia áspera y últimamente libre, no mostraban su ánimo predispuesto a un retroceso por mínimo que fuese. Después de haber conseguido –hacía varios años- largar por patas al Borbón de turno, la unión y la conciencia de clase, habían ido consolidándose a marchas forzadas. Aquel día por la mañana se había acordado en la reunión vecinal, el tomar por asalto el vecino pueblo de Tameza que contaba con una corporación y un cura demasiado retrógrados y poco de fiar, con las ideas libertarias como guía, todos deberíamos arrimar el hombro a tenor de nuestras fuerzas.

Días previos siguiendo las consignas impartidas por los más organizados, mezclada la impaciencia con intuición, hizo que los mineros pasasen al ataque, convirtiendo la huelga en insurrección generalizada, habían sido neutralizados los guardias civiles y requisadas sus armas en el cuartel de Entrago y distribuidas entre las gentes más dispuestas. Ángel Suárez Suárez trabajador y conocido sindicalista en las Cuencas Mineras, se encontraba en casa de sus padres, por aquellos señaladas fechas que alumbraron la Revolución más idealista de cuantas hubo, recuperándose de un accidente de moto, conocedor del tema y al tanto de la marcha de última hora de la Revolución, tomó el mando de las operaciones en el concejo.

Cuando padre llegó a casa con la embajada que había sido destinado al pico Calduveiro, alegre y risueño me ofrecí a acompañarlo, pese a la oposición de Estrella, como buena madre temerosa de que pudiera pasarle algo al crío mayor que es quien os cuenta.

-Toda la culpa la tienes tu por andar alentando al guaje en esas monsergas –y le advirtió -¡Cuídate mucho de que y pase algo al neñu!
-¿Que y va pasar muyer? ¡Va conmigo! –le respondió padre.

El páramo aparentaba estar aletargado y tranquilo gracias al sol mustio de la seronda, el cielo limpio, sin nubes; el abrevadero un poco por encima de la Texera –donde se situaba el viejo caserón de la escuela- supuso la primer parada, debajo del nogal que daba sombra a la fuente, a la izquierda se divisaba la loma de Bobia que despedía humo, seguramente producido por la quema de rastrojos y hojas secas, en la periódica limpieza otoñal del bosque, talmente semejaba un panchón de los que madre recién sacaba del forno dos veces al mes, tarea que solía propiciar enconados enfrentamientos ya que padre con el cuento de que había sido panadero en La Habana y le gustaba el pan tierno, mientras que madre lo prefería bien cocido, esta discrepancia de pareceres daba lugar al conflicto quincenal. Ufano a lomos del burro grandote de casa, marchaba como si se tratara de acudir a la fiesta de Santana –que se celebraba a finales del mes de Agosto- entre matas de artos resecos –ya sin moras- y restos de erizos de avellanas, pasamos la revuelta del prado de las Cuandias donde padre se entretuvo a recoger un hacha más ligera que las de la mina, que guardaba en la cuadra pa podar en esta época, los fresnos allí abundantes y alimentar con sus sabrosas hojas el ganado en el otoño. Esta pradería debajo de la peña siempre fue mi lugar preferido, aparte de regalarnos el fruto de varias cerezales -una de ellas negrera- que en la estación de la yerba tanto me endulzaba el paladar, contaba con varios pascones (especie de cercados) con muros de piedra en los que solía jugar –cuando era más pequeño- con mis hermanos Ramón y Pedro. Pasamos el canto de Aspara dejando a la espalda una buena perspectiva de todo el valle de Teverga, continuamos subiendo ahora por una trocha más descansada, paralelos a la peña Gradura y con el camino sin piedras a partir del canto hasta llegar a la ermita de Santana, atrás quedaba un reguero de polvo como si arrastrásemos una hueca cola de zorro. Éramos la avanzadilla ya que la misión encomendada consistía en situarnos en el alto de Calduveiro –subida que nos llevaría cerca de una hora- también nos acompañaban los más madrugadores con sus pertrechos guerreros de escopetas y cananas bien repletas de cartuchos y desde la elevada atalaya, observar la llegada por el collado de los milicianos al pueblo, que estaba a la falda del pico y comenzar la fiesta, distraer la atención de los lugareños y también atemorizarles con un despliegue de fuegos de artificio, especie de bombazos, desde el alto risco.

Las lagartijas y los escolancios (serpientes no venenosas) asomaban prudentes sus cabezas entre las piedras de los muros del camino, los grillos y las cigarras interrumpían su hondo zumbido al paso de la desarrapada tropa, desde arriba la Mucheirina asistía silenciosa al paso de la recua revolucionaria, cargada de pistolas, escopetas y mosquetones, alegres y decididos por debajo del vuelo de su falda.

Montado en una mula iba Avelino –mi padre- pequeño, fibroso, chato y mal encarado, cuarentaitantos y minero picador, antiguo emigrante en Cuba por cerca de veinte años. En las alforjas junto con los bocadillos y la caramañola (cantimplora), llevábamos dos cajas con cartuchos de dinamita. Ricardo otro vecino y también experto minero había acomodado los fulminantes en la otra caballería, los cascos producían un sonido metálico al pisar los caminos empedrados y no diré que veía refulgir las chispas que sin duda se producían al contacto de las herraduras, por que es mentira, pero queda apuntada la realidad diurna.

Después de transcantiar, en la campera que rodea la Ermita de Santa Ana se nos ofrecía la alta planicie-valle de Marabio con el pico Calduveiro al fondo -lugar de nuestro destino- destacaba su blanca cresta quemada y esculpida por la erosión, a la derecha se recortaban las formas obtusas que dan comienzo con la peña Sala y terminan en el pico del Oubiu. A los lados del camino acompañados por el son de sus cencerros turbando el silencio de fondo del monte, pastaban lucidas vacas pardas y ratinas y algún que otra de la pequeña raza casina, poco después alcanzamos – o más bien se dejó alcanzar- una vecina del pueblo de Hedrada que cabalga montando un diminuto jumento, se situaba sobre la albarda con las dos piernas para un lado, como solían hacer las hembras en aquellos tiempos, quedó extrañada de tanta xente junta, la acompañaba un sudoroso perro ladrador con malas pulgas, que no encontró grata tanta compañía. A la izquierda en la llanada del Michadorio se divisaba la preciosa estampa de recuas de yeguas y caballos entre corros de piedra –refugio para los animales de cría- un poco más adelante se sitúan los pozos Seco y el del Agua, sumidero este último de las aguas del alto valle y del mas antiguo lago glacial, a los que ya cita Jovellanos cuando recorría el cercano camín de la Mesa. Se comentó que la noche pasada los lobos habían hecho de las suyas, dando muerte a dos potrillos de Antón de Murias y llagado a uno de Quinto el de Gradura.

Al pasar por la fuente de Piedrachonga eché pie a tierra y llené la caramañola con agua fresca, tumbados en la cercana campera se encontraban varios vaqueiros, con las faenas de la mañana cumplidas, alentando entre chanzas y socarrones comentarios, las desregladas y escopeteras huestes de la revolución, que se aprestaban a escribir un brillante capítulo de la historia de la República Socialista Asturiana proclamada pocas horas antes.

En Brañamayor dentro de la cabaña dejamos el hacha, recordar aquí los juegos de no hacía tantos años, en este mismo lugar, cuando descansaba de esmarayar (esparcir) la yerba, como me entretenía en dibujar con un palo en el arenoso suelo, límites de prados que eran ocupados por la colección de vacas y toros fabricados con la navaja con pequeñas ramas de fresno que siempre llevaba en los bolsillos, jugaba a ganadero y hasta simulaba la siega en la blanca y fina arena, empleada para fregar las chapas de las cocinas de carbón y blanquear las mesas de madera, mucho mejor y más ecológica que la lejía actual.

Entre árgumas (brezo) y continuando sobre el camino arenoso arribamos a la Casampablo, pasamos Gasparín y tomamos el camino llamorgoso, entre bardales de espinos hasta llegar a la braña de Cubielles, desde allí fuimos ganando altura por los restos de la serpenteante calzada romana –antiquísimo Camín Real de la Mesa- atravesamos tupidas matas, abandonadas estas, nos encontramos sin camino definido, cada vez con mas roquedos, cuando empinábamos los últimos tramos de la leve cuesta, ya que no pretendíamos el llegar a la cumbre, vimos aparecer a la altura de la Ermita, entrada del puerto de Marabio (mar habido, que en la realidad fue un lago) el grueso de la tropa iba engrosando sus filas según se añadían los vaqueiros que optaban por acompañar la excursión de aventura y conquista en el vecino concejo.

Elegido el lugar apropiado como campamento base de operaciones, buena atalaya del camino que bajaba al pueblo, dejamos los enseres en el suelo y la dinamita y los fulminantes los acomodaron encima de una piedra rectangular que hacía de mesa, mientras ellos procedían a dividir en dos los cartuchos de dinamita –para así tener el doble de disparos o bombas artesanales- yo fui encargado de desplazar las caballerías quitarles las albardas y atarlas con una cuerda larga para que pudiesen pacer, al lado de una pequeña y rala mata de carrascos. A renglón seguido mientras permanecíamos a la espera, dimos buena cuenta de unos bocadillos de jamón y chorizo regados con vino castellano de la bota, que nos supieron a gloria, después del último tramo de arduo camino que tuvimos que hacer a pata, ya que el terreno no era apropiado para ir a lomos de las bestias, mientras tanto seguíamos con la vista, como se desplazaba la irregular y poco aguerrida tropa.

Encender la mecha, el brazo atrás afianzar las piernas e impulsar el cartucho con todas tus fuerzas hasta despeñarlo por el acantilado que se abría a los pies, como humanas catapultas, era el método empleado para el artesanal bombardeo. Después de observar un rato la maniobra de los mayores, le pedí a padre que me dejase a mí también, accediendo este con la condición que no se lo contase a madre, así fue que me preparó cuatro medios cartuchos, les colocó el fulminante y la mecha, les fue prendió fuego y procedí a aventarlos como si fuese una piedra. En el aire bufaban y chisporreteaban mientras se consumía la mecha, poco después sentíamos al caer el estruendo y el eco retumbar en la hondonada, fue mi bautismo de fuego artillero, más adelante me libraría de la mili por estar trabajando de picador en la mina, privilegio que concedía patas curtias a quienes se deslomaban entre el negro carbón, para mayor gloria de la España del aguilucho.

Representó aquella comprometida y arriesgada toma de decisión –a la postre fieramente reprimida con cerca de 3.000 muertos- un vendaval de locura, de salida de los demonios interiores, en que borrachos de ilusiones unas gentes humildes y trabajadoras llamaron al arrebato, y pusieron en jaque todo un cambio de papeles, una vuelta de la tortilla, un toque de atención a los caciques, a la iglesia, al gobierno. Una pena que el resto de españoles se mostraran tan cobardes y no hubieran secundado lo que pudo ser y no fue, aquel mes de Octubre de 1934.

Dedicado a mi anciano padre Avelino, que hace una semana me comentó el suceso y a los compañeros de escuela que aparecen en una de las asemeyas.


Escolinos en prado Teverga


El abuelo Avelino


Avelino hijo y Georgina


Minín en la escuela de Prado.


Angel Suarez Suarez


Plano de Teverga


Calduveiro


La Mucheirina


Prado desde el monte.


La cruz metálica de Santana


Camín de Cubielles


Ermita


Brañamayor


Vista desde Cubielles, valle de Marabio


Flor de cerezo


Fabada


Yeguas junto a la cruz


Santa Ana


Yeguas frente a Caldoveiro


Oso pardo


Lobo con cara de pocos amigos


Colegiata


Santana


El sol derritiendo la helada en Marabio.

Catedral de San Pablo y aledaños. Por Max.

Posted in Actualidad, Búsqueda, Búsquedas, Fotografía, Patrimonio, Viajes by maxalvarez on octubre 13, 2008

Suntuoso edificio que en el suelo de su base, alberga la tumba de Nelson. Parece que el cuento de los parásitos vividores a costa de la credulidad de las gentes es añejo, viene de largo, primero se conoce como haber sido templo a Diana –y no precisamente de Gales, la del orejas- pasando después a capilla cristiana, iglesia románica y más tarde gótica, siendo el mayor monumento religioso de Inglaterra hasta que un pavoroso incendio la destruyó. Entre los rescoldos de las cenizas Christofer Wren fue encargado de construir un nuevo edificio que es el que hoy podemos admirar y todo eso más o menos desde el ya lejano año 1710. Cercana a Trafalgar, si estás dispuesto a pegarte la paliza de subir medio millar de peldaños puedes admirar una buena panorámica de la ciudad de Londres.

La vida a veces se complace en ofrecernos imágenes de una gran ciudad desde la altura como sucede en este caso. En la cúpula más baja, de unos setenta metros de diámetro, con corredor en todo su perímetro, te puedes admirar de la caprichosa y mágica propagación acústica de los sonidos, al poder comunicarte con un compañero que se encuentre al otro extremo del diámetro, talmente como si lo tuvieses al mismo lado –se oye perfectamente- como no podía ser menos le llaman la galería de los susurros. Me maravilla el caprichoso juego de la historia donde el vencedor señala las reglas y destino de las cosas, este edificio tiene como jefa a Isabel II, si fuese en España el capo sería Mefisto.

Parece ser que está prohibido hacer fotos en el interior, aunque como no se inglés y puedo jurar que no vi ningún letrero con cámara tachada, malamente podría darme por enterado, lo que dio lugar a que alguna se cayese en el zurrón, hasta que fui advertido de buenas maneras de la incorrección –hay veces que me sale la vena trasgresora- Estrechos pasillos, escaleras con revueltas andamiadas de mala manera, no se por que estos palitroques no me inspiraban demasiada confianza y hicieron que cuando llegué a lo más alto sintiese vértigo, te asalta la sensación que se vendrá abajo de un momento a otro este tinglado, como un castillo de naipes, la verdad sea dicha, es que no me inspiran ni un ris de seguridad las obras de los hombres ¿Por qué será?.

Hay muchas veces que la demasiada luz no es apropiada para ver tan principales monumentos, hace resaltar ciertas partes de las brillantes piedras, mientras a otras las sumerge en la penumbra. La tenue luz de un día medio nublado, iguala todas las aristas y hace que alcancemos a distinguir mejor la diversidad del conjunto, sin ser cegados por el reflejo directo de las partes. Sucede lo mismo que con la inteligencia de un hombre mediano que muchas veces alcanza a percibir los matices del mundo con mayor precisión y justeza, que otro de inteligencia luminosa que solo impresiona su retina lo esencialmente primordial.

Muy cerca de la iglesia está la zona donde predominan los centros bancarios: el banco nacional, la bolsa de valores, entidades financieras y gremiales… es un barrio que por la noche suele quedar vacío y silencioso, ya que solo residen en él un puñado de londinenses, aunque en estos tiempos -sobre todo por el día- debe ser una olla a presión a punto de explotar y seguro que se escuchan palabras gruesas –eso sí en ingles- a esos estirados y levitados terroristas de corbata y de cuello blanco. No dudo que más de uno de esos gurúes del neoliberalismo, no le quede más opción que acercarse a San Pablo a rezar por sus libras estampitas, para que sean rescatadas oportunamente por papá Estado.

El libro de hoy es del gran pensador Noam Chomski.

Conversaciones libertarias con Noam Chomsky