MAX Y LOS CHATARREROS

Yo también participé en la Revolución del 34. Por Max.

Posted in A su aire, Fotografía, Historia y vida., Opinión by maxalvarez on noviembre 26, 2009

Por espacio de quince días un vendaval de ilusión azotó con fuerza las verdes tierras astures, añejos apetitos y sueños habían comenzado a desarrollarse, renacían y se multiplicaban como fantasmas, tratando de afirmarse por medio de tambaleantes y torpes pasos, a cara descubierta, al grito de: “…socialización de la riqueza, abolición de la autoridad y el capitalismo…” intentando por todos los medios hacer pasar el carro por delante de los bueyes (La misma cantinela que quedó pendiente desde entonces y que bien podríamos entonar en la actualidad, bastantes años después)

Solo contaba con trece años, los tiempos marchaban revueltos y la escuela había sido suspendida al calor de los acontecimientos, padre llevaba unos días de huelga, las minas estaban cerradas, después de acaloradas jornadas de paro y años de espera, se habían acumulado muchas energías y ansias de cambio y ante la deriva derechista que había tomado el gobierno de la República, las gentes estaban descontentas y muy concienciadas, nada dispuestas a transigir con una eventual -y menos definitiva- vuelta atrás. Acostumbrados a una existencia áspera y últimamente libre, no mostraban su ánimo predispuesto a un retroceso por mínimo que fuese. Después de haber conseguido –hacía varios años- largar por patas al Borbón de turno, la unión y la conciencia de clase, habían ido consolidándose a marchas forzadas. Aquel día por la mañana se había acordado en la reunión vecinal, el tomar por asalto el vecino pueblo de Tameza que contaba con una corporación y un cura demasiado retrógrados y poco de fiar, con las ideas libertarias como guía, todos deberíamos arrimar el hombro a tenor de nuestras fuerzas.

Días previos siguiendo las consignas impartidas por los más organizados, mezclada la impaciencia con intuición, hizo que los mineros pasasen al ataque, convirtiendo la huelga en insurrección generalizada, habían sido neutralizados los guardias civiles y requisadas sus armas en el cuartel de Entrago y distribuidas entre las gentes más dispuestas. Ángel Suárez Suárez trabajador y conocido sindicalista en las Cuencas Mineras, se encontraba en casa de sus padres, por aquellos señaladas fechas que alumbraron la Revolución más idealista de cuantas hubo, recuperándose de un accidente de moto, conocedor del tema y al tanto de la marcha de última hora de la Revolución, tomó el mando de las operaciones en el concejo.

Cuando padre llegó a casa con la embajada que había sido destinado al pico Calduveiro, alegre y risueño me ofrecí a acompañarlo, pese a la oposición de Estrella, como buena madre temerosa de que pudiera pasarle algo al crío mayor que es quien os cuenta.

-Toda la culpa la tienes tu por andar alentando al guaje en esas monsergas –y le advirtió -¡Cuídate mucho de que y pase algo al neñu!
-¿Que y va pasar muyer? ¡Va conmigo! –le respondió padre.

El páramo aparentaba estar aletargado y tranquilo gracias al sol mustio de la seronda, el cielo limpio, sin nubes; el abrevadero un poco por encima de la Texera –donde se situaba el viejo caserón de la escuela- supuso la primer parada, debajo del nogal que daba sombra a la fuente, a la izquierda se divisaba la loma de Bobia que despedía humo, seguramente producido por la quema de rastrojos y hojas secas, en la periódica limpieza otoñal del bosque, talmente semejaba un panchón de los que madre recién sacaba del forno dos veces al mes, tarea que solía propiciar enconados enfrentamientos ya que padre con el cuento de que había sido panadero en La Habana y le gustaba el pan tierno, mientras que madre lo prefería bien cocido, esta discrepancia de pareceres daba lugar al conflicto quincenal. Ufano a lomos del burro grandote de casa, marchaba como si se tratara de acudir a la fiesta de Santana –que se celebraba a finales del mes de Agosto- entre matas de artos resecos –ya sin moras- y restos de erizos de avellanas, pasamos la revuelta del prado de las Cuandias donde padre se entretuvo a recoger un hacha más ligera que las de la mina, que guardaba en la cuadra pa podar en esta época, los fresnos allí abundantes y alimentar con sus sabrosas hojas el ganado en el otoño. Esta pradería debajo de la peña siempre fue mi lugar preferido, aparte de regalarnos el fruto de varias cerezales -una de ellas negrera- que en la estación de la yerba tanto me endulzaba el paladar, contaba con varios pascones (especie de cercados) con muros de piedra en los que solía jugar –cuando era más pequeño- con mis hermanos Ramón y Pedro. Pasamos el canto de Aspara dejando a la espalda una buena perspectiva de todo el valle de Teverga, continuamos subiendo ahora por una trocha más descansada, paralelos a la peña Gradura y con el camino sin piedras a partir del canto hasta llegar a la ermita de Santana, atrás quedaba un reguero de polvo como si arrastrásemos una hueca cola de zorro. Éramos la avanzadilla ya que la misión encomendada consistía en situarnos en el alto de Calduveiro –subida que nos llevaría cerca de una hora- también nos acompañaban los más madrugadores con sus pertrechos guerreros de escopetas y cananas bien repletas de cartuchos y desde la elevada atalaya, observar la llegada por el collado de los milicianos al pueblo, que estaba a la falda del pico y comenzar la fiesta, distraer la atención de los lugareños y también atemorizarles con un despliegue de fuegos de artificio, especie de bombazos, desde el alto risco.

Las lagartijas y los escolancios (serpientes no venenosas) asomaban prudentes sus cabezas entre las piedras de los muros del camino, los grillos y las cigarras interrumpían su hondo zumbido al paso de la desarrapada tropa, desde arriba la Mucheirina asistía silenciosa al paso de la recua revolucionaria, cargada de pistolas, escopetas y mosquetones, alegres y decididos por debajo del vuelo de su falda.

Montado en una mula iba Avelino –mi padre- pequeño, fibroso, chato y mal encarado, cuarentaitantos y minero picador, antiguo emigrante en Cuba por cerca de veinte años. En las alforjas junto con los bocadillos y la caramañola (cantimplora), llevábamos dos cajas con cartuchos de dinamita. Ricardo otro vecino y también experto minero había acomodado los fulminantes en la otra caballería, los cascos producían un sonido metálico al pisar los caminos empedrados y no diré que veía refulgir las chispas que sin duda se producían al contacto de las herraduras, por que es mentira, pero queda apuntada la realidad diurna.

Después de transcantiar, en la campera que rodea la Ermita de Santa Ana se nos ofrecía la alta planicie-valle de Marabio con el pico Calduveiro al fondo -lugar de nuestro destino- destacaba su blanca cresta quemada y esculpida por la erosión, a la derecha se recortaban las formas obtusas que dan comienzo con la peña Sala y terminan en el pico del Oubiu. A los lados del camino acompañados por el son de sus cencerros turbando el silencio de fondo del monte, pastaban lucidas vacas pardas y ratinas y algún que otra de la pequeña raza casina, poco después alcanzamos – o más bien se dejó alcanzar- una vecina del pueblo de Hedrada que cabalga montando un diminuto jumento, se situaba sobre la albarda con las dos piernas para un lado, como solían hacer las hembras en aquellos tiempos, quedó extrañada de tanta xente junta, la acompañaba un sudoroso perro ladrador con malas pulgas, que no encontró grata tanta compañía. A la izquierda en la llanada del Michadorio se divisaba la preciosa estampa de recuas de yeguas y caballos entre corros de piedra –refugio para los animales de cría- un poco más adelante se sitúan los pozos Seco y el del Agua, sumidero este último de las aguas del alto valle y del mas antiguo lago glacial, a los que ya cita Jovellanos cuando recorría el cercano camín de la Mesa. Se comentó que la noche pasada los lobos habían hecho de las suyas, dando muerte a dos potrillos de Antón de Murias y llagado a uno de Quinto el de Gradura.

Al pasar por la fuente de Piedrachonga eché pie a tierra y llené la caramañola con agua fresca, tumbados en la cercana campera se encontraban varios vaqueiros, con las faenas de la mañana cumplidas, alentando entre chanzas y socarrones comentarios, las desregladas y escopeteras huestes de la revolución, que se aprestaban a escribir un brillante capítulo de la historia de la República Socialista Asturiana proclamada pocas horas antes.

En Brañamayor dentro de la cabaña dejamos el hacha, recordar aquí los juegos de no hacía tantos años, en este mismo lugar, cuando descansaba de esmarayar (esparcir) la yerba, como me entretenía en dibujar con un palo en el arenoso suelo, límites de prados que eran ocupados por la colección de vacas y toros fabricados con la navaja con pequeñas ramas de fresno que siempre llevaba en los bolsillos, jugaba a ganadero y hasta simulaba la siega en la blanca y fina arena, empleada para fregar las chapas de las cocinas de carbón y blanquear las mesas de madera, mucho mejor y más ecológica que la lejía actual.

Entre árgumas (brezo) y continuando sobre el camino arenoso arribamos a la Casampablo, pasamos Gasparín y tomamos el camino llamorgoso, entre bardales de espinos hasta llegar a la braña de Cubielles, desde allí fuimos ganando altura por los restos de la serpenteante calzada romana –antiquísimo Camín Real de la Mesa- atravesamos tupidas matas, abandonadas estas, nos encontramos sin camino definido, cada vez con mas roquedos, cuando empinábamos los últimos tramos de la leve cuesta, ya que no pretendíamos el llegar a la cumbre, vimos aparecer a la altura de la Ermita, entrada del puerto de Marabio (mar habido, que en la realidad fue un lago) el grueso de la tropa iba engrosando sus filas según se añadían los vaqueiros que optaban por acompañar la excursión de aventura y conquista en el vecino concejo.

Elegido el lugar apropiado como campamento base de operaciones, buena atalaya del camino que bajaba al pueblo, dejamos los enseres en el suelo y la dinamita y los fulminantes los acomodaron encima de una piedra rectangular que hacía de mesa, mientras ellos procedían a dividir en dos los cartuchos de dinamita –para así tener el doble de disparos o bombas artesanales- yo fui encargado de desplazar las caballerías quitarles las albardas y atarlas con una cuerda larga para que pudiesen pacer, al lado de una pequeña y rala mata de carrascos. A renglón seguido mientras permanecíamos a la espera, dimos buena cuenta de unos bocadillos de jamón y chorizo regados con vino castellano de la bota, que nos supieron a gloria, después del último tramo de arduo camino que tuvimos que hacer a pata, ya que el terreno no era apropiado para ir a lomos de las bestias, mientras tanto seguíamos con la vista, como se desplazaba la irregular y poco aguerrida tropa.

Encender la mecha, el brazo atrás afianzar las piernas e impulsar el cartucho con todas tus fuerzas hasta despeñarlo por el acantilado que se abría a los pies, como humanas catapultas, era el método empleado para el artesanal bombardeo. Después de observar un rato la maniobra de los mayores, le pedí a padre que me dejase a mí también, accediendo este con la condición que no se lo contase a madre, así fue que me preparó cuatro medios cartuchos, les colocó el fulminante y la mecha, les fue prendió fuego y procedí a aventarlos como si fuese una piedra. En el aire bufaban y chisporreteaban mientras se consumía la mecha, poco después sentíamos al caer el estruendo y el eco retumbar en la hondonada, fue mi bautismo de fuego artillero, más adelante me libraría de la mili por estar trabajando de picador en la mina, privilegio que concedía patas curtias a quienes se deslomaban entre el negro carbón, para mayor gloria de la España del aguilucho.

Representó aquella comprometida y arriesgada toma de decisión –a la postre fieramente reprimida con cerca de 3.000 muertos- un vendaval de locura, de salida de los demonios interiores, en que borrachos de ilusiones unas gentes humildes y trabajadoras llamaron al arrebato, y pusieron en jaque todo un cambio de papeles, una vuelta de la tortilla, un toque de atención a los caciques, a la iglesia, al gobierno. Una pena que el resto de españoles se mostraran tan cobardes y no hubieran secundado lo que pudo ser y no fue, aquel mes de Octubre de 1934.

Dedicado a mi anciano padre Avelino, que hace una semana me comentó el suceso y a los compañeros de escuela que aparecen en una de las asemeyas.


Escolinos en prado Teverga


El abuelo Avelino


Avelino hijo y Georgina


Minín en la escuela de Prado.


Angel Suarez Suarez


Plano de Teverga


Calduveiro


La Mucheirina


Prado desde el monte.


La cruz metálica de Santana


Camín de Cubielles


Ermita


Brañamayor


Vista desde Cubielles, valle de Marabio


Flor de cerezo


Fabada


Yeguas junto a la cruz


Santa Ana


Yeguas frente a Caldoveiro


Oso pardo


Lobo con cara de pocos amigos


Colegiata


Santana


El sol derritiendo la helada en Marabio.

De cruel y rabiosa actualidad. Por Max.

Posted in Actualidad, Historia y vida. by maxalvarez on noviembre 3, 2008

Estoy hasta más arriba del gorro de las elecciones en Gringolandia, y creo que a bastantes colegas les pasará otro tanto, llevan casi un año de bombardeo ininterrumpido, tiene delito tamaño ensañamiento de los falsimedios con el resto de los mortales no usanos. Otros que tal le anda, son las bajadas y subidas de la bolsa, ¡que esperan para trancarles de una puta vez el chiringuito –a ellos y a los paraísos fiscales- y se callen! Pido –si no es demasiada molestia- que nos den un respiro, que me dejen en paz. Que hagan lo que les plazca –de todas maneras lo van hacer- ¿a que conduce el seguir martirizándonos? Solo a producirnos más mala leche.

No se entiende como puede un presidente de un partido socialista, coger una perreta –¡Ay si Pablo Iglesias levantara la cabeza!- y todo por que no lo invitan a estar en el grupo de los veinte soplagaitas que están empeñados en refundar el nuevo capitalismo, que se puede esperar cuando parece ser que esa es la misión del socialismo actual. Ni el más optimista puede creer que vivimos en democracia, si esta se entiende por la participación de los pueblos en la toma de decisiones que marquen las formas de nuestras vidas. Ya debería estar claro que son los grupos empresariales y financieros los que mandan en el mundo. Los parlamentos son pequeños escenarios de teatro de títeres y marionetas, en los que antes del inicio de cualquier sesión ya se conoce el resultado final.

Apropósito de las declaraciones de la reina, la siempre comedida dirección del PSOE –como era de esperar- se la coge con papel de celofán “recuerdan, que el criterio permanente es no valorar las opiniones de los miembros de la Casa Real”; mientras el otrora ultramontano PP dice que “respetamos y nunca valoramos las palabras de los miembros de la familia real”. ¡Recoño! Que actitud tan diferente a la mantenida hace un año por tirios y troyanos, cuando en un ataque de “espontaneidad”, al monarca español le salió la vena del absolutismo colonialista y mandó callar a un mandatario latinoamericano elegido democráticamente por su pueblo, más de una decena de veces –no como el faltón patrio que fue nombrado de una tacada y pa siempre por el criminal de las patas curtias-

En aquel entonces los mismos que ahora callan se dedicaron a reírle la gracia, el coraje, la españolidad del colorado borboncete. Ahora, cuando la que hace públicas sus conservadoras opiniones es la reina –si fuese progresista hace tiempo que hubiera dejado a su crápula consorte y tirado a la basura su anacrónica corona de ciervo- todo el mundo calla porque no se deben valorar las opiniones de los miembros de la Casa Real. ¡Siento vergüenza ajena! No nos merecemos esta clase política que solo se atreve a reírle las gracietas a estos caros y disolutos reyezuelos, pero jamás osarán enmendarles la plana. ¡Panda de bufones impresentables! ¡Inmunda gentuza! ¡Calostros!

La España que tan magistralmente nos retratara el Larra, regresa -sin haberse ido- en un juzgado de Logroño, el fiscal Peña, poco antes de que entrara en la sala una nigeriana que iba a ser juzgada por un caso de violencia familiar, previamente la mujer había pasado dos días encerrada en un calabozo de la policía sin que se le permitiera asearse demasiado, tuvo a bien hacer una solicitud: “¡Abrid las ventanas, que la negra huele mal!” Nada que ver con el olor de la justicia y sus togados si no apestaran a rancia naftalina, a prepotencia, a racismo. ¡Yo sí se cual es más insoportable de los dos olores!

Leía hace unos días un acertado artículo de Antonio Honrubia Hurtado donde comparaba al capitalismo con el clásico cuento de la lechera, recordarán como tras unas series de elucubraciones mentales de nuestra heroína la lechera, encadenadas ventas y reventas, y como por obra y gracia del valor añadido conseguía un fabuloso beneficio, hasta que al dar el salto, se cayó de su cabeza el cántaro que se quebró, derramando toda la leche, dando al mismo tiempo al traste con: leche, pollos, cerdo, vaca y ternero y viendo todas sus vanas ilusiones de ganancia, enterradas en un segundo en el polvo del camino.

“El capitalismo es el cuento de la lechera, y dentro de tal cuento, el crédito, las deudas, son como la leche que llena el cántaro originario, y que, a base de ventas y reventas de los productos monetarios y financieros generados a partir de ello, van engordando especulativamente el sistema económico en su conjunto, hasta que ante un pequeño traspiés, el tarro se rompe, la leche se derrama, y los sueños del sistema comienzan a esfumarse”

Nos alertaba certeramente Marx, hace muchos años: “los capitalistas harán todo lo posible para ganar dinero sin necesidad de tener que pasar por el turbulento proceso de la producción” Era premonitoria esta alerta, ya hemos comprobado en nuestras carnes como el capitalismo inventa las herramientas apropiadas para comerciar, negociar y enriquecerse al margen del trabajo real.

Destaca la dependencia absoluta que todo el sistema financiero y monetario capitalista tiene del crédito y la confianza. Es el crédito, y nuestra ilusa confianza, lo que hace funcionar la maquinaria financiera capitalista, sin crédito no hay nada, ni dinero, ni finanzas, ni nada de nada.

Es un monumental juego de artificio, más del 90% del dinero que circula en el ámbito financiero y monetario no tiene respaldo alguno en la economía real, no tiene la más mínima relación con el sistema productivo. No es más que papel mojado que se compra y se vende, se cede y se traspasa alegremente.

Hay que ser muy confiado para entregar nuestros ahorros a alguien que sabemos positivamente que simplemente, con que las personas que tienen el 10% del dinero que les confían a los diferentes bancos, sólo con que esos pocos individuos les entrara por la chola sacar al mismo tiempo de una vez su dinero, todo el sistema colapsaría, se vendría abajo como un castillo de naipes. Es lo que tiene operar con dinero virtual, creado por arte de magia, de la nada a través del crédito.

Mostraba un ejemplo muy simple e instructivo: Fulanito haciendo de tripas corazón del pago recibido por su trabajo, logra ahorrar 1000 euros y se los confía a una caja de ahorros, esta caja va y de ese dinero le presta 900 euros a Menganito. Ocurre entonces que el banco, aunque en realidad tan sólo cuenta con el respaldo real de esos 1000 euros originales que les entregó Fulanito, fruto de sus sudores, ya cuenta en sus operaciones con 1900 euros, de los cuales 900 no son dinero real con el que cuente verdaderamente el banco, sino posible dinero que se supedita a la devolución del crédito por parte de Menganito. Ahora multipliquen la operación anterior unas cuentas cientos de veces, miles de veces, y tendrán la actual situación, en la que es fácil deducir, que cada nuevo paso dado en esa dirección, va haciendo que el sistema financiero sea cada vez más ficticio y tenga menos respaldo real, y se aleje el parentesco con la base productiva de la sociedad.

Seguimos con otro libro de Saul Bellow

Herzog por Saul Bellow










































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El Big Ben y la abadía de Westminster. Por Max.

Posted in Historia y vida., Viajes by maxalvarez on octubre 27, 2008

Aunque es erróneo tomar la esbelta torre como Big Ben, ya que en realidad ese nombre pertenece a la campana que externamente no se puede ver, y que más bien nos suele entrar por los oídos reclamando por ese medio nuestra atención, dando fe de su existencia el repetitivo sonido que cada hora se deja sentir en la lejanía, muchas veces apagado por el estruendo de la circulación, aunque la verdad esta no suela ser demasiado numerosa, habida cuenta que la mayoría de las gentes se desplazan acertadamente mediante el enterrado metro. Es sin duda el símbolo más representativo de la ciudad de Londres. El conjunto del edificio conforma la Casa del Parlamento, situado al final del puente de Westminster sobre el Támesis.

En los rescoldos de un incendio –siempre y en todo lugar el fuego da lugar a revitalizar un cambio con mejora- acaecido hace cerca de 200 años, se sitúa el edificio actual, con la torre de base cuadrada de 15 por 15 metros y con una altura a la que le falta muy poco para alcanzar los 100 metros. Esta torre nos acompaña en la retina como algo que identifica y distingue una ciudad, unas gentes y hasta todo un país. Dispone de cuatro cuadrados relojes de más de siete metros de lado, que llevan cada uno de ellos impresa la inscripción, por demás la clásica patochada inglesa que dice algo así como “Dios salve a nuestra majestad la Reina Victoria”

Es la abadía de Westmeinster una simple iglesia de la que a mi personalmente me encantó su arquitectura, aquí se celebraron los funerales de la princesa Diana que tantos regueros de tinta real hicieron correr por los diarios de todo el mundo. Estos ingleses son unos flipados, se liaron a enterrar allí, reyezuelos y demás parásitos reales, no pienso perder un solo minuto en enumerarlos, destacaré en cambio a otras gentes, que por cierto nada tienen que ver con la gentuza anterior, que por méritos propios sí merecen estar sus restos en lugar destacado: Charles Darwin -David Livingstone- Isaac Newton- Charles Dickens- George Frideric Handel- Rudyard Kipling- Laurence Olivier- Henry Purcell- Geoffrey Chaucer- Thomas Cochrane- Ernest Rutherford

El libro de hoy es del añorado Vázquez Montalban

El laberinto griego. Manuel Vázquez Montalbán.

Abadia

Abadía

Pallozas y vaqueiros de alzada en Somiedo. Por Max.

Posted in Historia y vida. by maxalvarez on mayo 18, 2008

El libro del día

Con y sin nostalgia. Por Mario Benedetti

Tienen estas antiguas construcciones ubicadas en altas brañas como común denominador, aparte de sus paredes de piedra, sus peculiares techos –de cubierta vegetal- confeccionados con un elemento muy abundante en la zona, como es la retama –conocida en las aldeas como escoba, ya que también se emplea para lograr el volador auto de las brujas- Es la misma planta que divisamos en la primavera a menudo en los lados de las carreteras –por lo menos aquí en Asturias- adornando con sus flores de un intenso y cautivador amarillo y que más de uno seguro que en alguna ocasión tuvo la tentación de confinarla en un jarrón para adorno de la casa, siendo victima de la venganza de ese arresto ilegal, ya que desprende un penetrante olor que te garantiza un fuerte dolor de cabeza en poco tiempo. En realidad ese nombre de pallozas no es correcto –ya que no son de planta redonda sino rectangular, ni su techo es de centeno como en la palloza. En la zona son conocidos como teitos

Se asocian estos establos –de las que eran solo vivienda o compartidas quedan muy pocas- a los vaqueiros de alzada y podemos estar seguros de que los siglos fueron testigos de la íntima relación entre estos actores. Cobijo del agua, de la nieve y de la penetrante neblina, recibieron gentes y ganados de estas antiguas construcciones y de otras antiquísimas –que están a punto de desaparecer, ya que solo quedan cuatro- con techo de losas de piedra, conocidas como corros. Diré de las primeras que eran compartidas, que contaban con una única puerta para el acceso de hombres y animales. En su interior se dividían las dependencias por medio de tabique trenzado con varas de avellano o haya –llamado portiellu- separando la cocina o llar –situada en el suelo- y arriba el dormitorio, de la corte o establo del ganado, que también encima contaba con el pajar o tenada. El portiellu facilitaba el paso de la cálida calefacción aportada por los animales a la vivienda, que seguro en los crudos días se agradecía bastante. En el remate de los muros aparecen unas losas inclinadas hacia fuera, para impedir que el agua penetre en el interior –se conocen como grinchadas-

Hablan de los vaqueiros de alzada, como de procedencia celta o morisca, pienso que son puras elucubraciones sin fundamento, seguramente serían gentes que por circunstancias se vieron avocados a la vida trashumante, sin diferencias con sus vecinos los xaldos y marnuetos. El invierno lo pasaban –junto con sus enseres y ganado- en sus pueblos de los valles o cercanos al mar, si bien al llegar la primavera daban el salto a la braña donde permanecían seguramente la mayoría del otoño, hasta que las primeras nevadas les obligaban a retomar el camino de vuelta. Dicen que los xaldos y marnuetos despreciaban a los vaqueiros, denostándolos y tratándolos como una raza inferior. Seguramente la iglesia contribuyó como siempre con su conocida caridad y odio por gentes más libres y que por su continuo movimiento, eran más propicios a escaparse de su férreo puño, alentando estas primitivas muestras de xenofobia, marcando en las iglesias unos límites y una frase diciendo que el vaqueiro no podía pasar de ellas.

Como descendiente de campesinos y habiendo vivido hasta la adolescencia en el campo, fui testigo de como el campesino asturiano vivió hasta hace poco, de una economía autosuficiente y de subsistencia. En la vivienda se realizaban todas las tareas relativas a la producción de alimentos, confección de ropas, herramientas, etc. Tanto la casa como los aperos e instrumental respondían a este modo de vida. La braña o majada era el otro elemento diferenciado, consistente en un área de pasto en abierto, donde el ganado deambula y pasta conjuntamente y cuyo suelo es propiedad del municipio y no de los pueblos, sino que éstos pagan un canon de aprovechamiento y disfrute de pastos, y en el que se asientan sus construcciones de aspecto primitivo, tosco y familiar.

Seguramente de origen castreño, evolucionados con el tiempo, son los corros –la foto primera- y los chozos. Son estos simples refugios que aparecen en las brañas estivales y que son utilizados para guardar el ganado recental y para que el brañeiro pernocte. Construidos con losas de piedra caliza casi sin trabajar. De planta circular con un diámetro no superior a los cuatro metros, cubierto con una falsa cúpula levantada por la técnica de aproximación de hiladas progresivas de grandes llábanas -losas de piedra- En su interior –en el centro- encontramos el llar, con bancos corridos de piedra (poyos) alrededor. Es el suelo comúnmente de tierra apisonada y en ocasiones aparece, adosado a la construcción, un corral donde se recogían las crías del ganado. Los chozos se diferencian en la cubierta de teito de escoba, que es de forma cónica, obtenido mediante varas apoyadas del muro hacia el centro y sobre las que se asientan la escobas. En el interior aparece la pachareta o cama del brañeiro y los peselbes –pesebres- hechos con tablones de madera adosados a las paredes, que servían para contener la yerba de donde comían los animales.

El Katrina en Myanmar. Por Max.

Posted in Historia y vida., Política by maxalvarez on mayo 14, 2008

Cuesta creer y hasta daría pena –si no supiésemos de sobra de que pie cojean- el ver y oír las arengas de los medios de desinformación masiva, reclamando la pronta intervención de la comunidad internacional en la antigua Birmania. Poco menos que invadirla por tierra y mar, arrasarla a bombazo limpio, las fuerzas del bien desatadas contra esa dictadura criminal que no protegió a su pueblo lo suficiente, contra la maldad de la naturaleza. ¡Y por desgracia tienen toda la razón del mundo!

¿Dónde estarían esos medios, cuando hace unos tres años pasó por Gringolandia, un tal huracán Katrina? ¿Les sonará aquello de Nueva Orleáns? No creo haberlos oído reclamar las mismas medidas contra un gobierno, que con muchos más medios que los birmanos, dejó a sus gentes indefensas sin mover un solo dedo. O será que como en aquella ocasión se trataba del matón de turno, nadie osó sacarle los colores. Me temo que somos muy valientes contra los débiles, pero se nos ve mucho el plumero con los fuertes. ¡Gentuza!

Alegan razones convincentes para la intervención en Asia, aunque si seguimos el orden cronológico, deberíamos actuar primero en Nueva Orleáns, ya que los gringos no tuvieron ni tienen intención de brindar asistencia a las decenas de miles de damnificados, que ocasionó su supino desprecio por la vida de los demás, seguramente se dijeron: ¡total la mayoría eran negros! Al parecer no entra en sus planes el recuperar la ciudad, a la que un año antes de la catástrofe, habían rechazado destinar más recursos económicos, en mejorar sus defensas contra las inundaciones, ya que estaban dedicados en cuerpo y alma a dar muerte indiscriminada a desarrapados iraquíes. Por cierto que en una muestra más de su democrático proceder, cuando llegaron sus tardías ayudas, se dedicaron a trasladar –como cabía esperar- a los ciudadanos que pudieron pagar su socorro, los sin medios tuvieron que aguantar el chaparrón y dejarse morir.

Con la disculpa de haber sido asaltados algunos supermercados –los supervivientes querían comer- los siempre considerados policías yankis, se dedicaron a disparar a mansalva sobre los presuntos alborotadores, ayudando así a la naturaleza a incrementar el número de decesos. Mientras se elevaban las voces doloridas de la negritud, el presidente gringo seguía muy ocupado rascándose la barriga de vacaciones. A fuer de sinceros tampoco les habría reportado grandes beneficios a los pobres damnificados, el tener al arbusto al pie del cañón, o que siguiese –como siguió- de vacances.

Dicen que esta impresentable junta militar rechazó la ayuda internacional, cuando más necesaria se hacía. Calcadito al comportamiento tenido por los usanos en su día, cuando rechazaron de plano la primer ayuda internacional, que casualmente procedía de una cercana islita pobre y perdida en el Caribe ¡Aunque digna y solidaria como ninguna! A posteriori fue digno de alabanzas el empleo de los dineros destinados a la ayuda: Un funcionario cambió de sexo, otro lo empleó en pagar un abogado para el divorciarse, un tercero compró videos pornográficos, un cuarto se fue de vacaciones al Caribe, un quinto compró joyas y entradas para el fútbol americano, un sexto aprovechó para conocer Hawai, etc. etc. Conclusión: son almas gemelas. Tanto monta, monta tanto, la dictadura de Myanmar, como la democracia de Gringolandia.