Tropezar siempre en la misma piedra. Por Max.
Nunca entenderé como este estado español que se declara laico, consiente en ser sodomizado repetidamente por la mayor multinacional, por el imperio más universal, edificado sobre las calaveras de millones de infieles y que tiene su sede principal en el Vaticano. Potencia extranjera que extiende su dominación y tentáculos ¡desde la intemerata! hasta los últimos confines de nuestro suelo patrio, amparado en una poderosa red de agentes infiltrados, que antaño eran fácilmente reconocibles por su negra sotana. Secta dañina donde las haya, que considera que todos formamos parte de su templo terrenal, al que pueden manejar a su antojo. Se creen el eje del universo, de la existencia misma, cuando son el mayor fiasco, el cáncer más pernicioso, la metedura de pata más colosal del ser humano. Asociación intransigente que representa a los sectores más tenebrosos del poder, siempre al lado de los poderosos y en contra del oprimido, de esos pobres infelices que hace que mueran en vida por seguir unas pautas que no resisten un somero análisis. Bestia sedienta de sangre amparada en una tradición inventada, por una fe que ha sido elevada por repetición a la categoría de certeza. Escuchando sus prelados y emisoras, siempre plagadas de peregrinos argumentos, el Rouco eleva sus preces “porque la caridad cristina está por la unidad” o el santón Cañizares anunciando una situación política apocalíptica por la peligrosidad de que desaparezca la “nación española” Cuando a ellos tanto les va en conservarla como se la legó el quícaro sanguinario, y por que siga siendo la España de la reserva espiritual de occidente. Es una especie en vías de extinción y aunque cada vez quedan menos, van desapareciendo lentamente. Ya me tarda en que se esfumen por el sumidero del desagüe de la historia ¡sería un alivio!
En el libro de Fernando Vallejo “La puta de Babilonia” (muy recomendable para tomar contacto con las vergüenzas y los sinvergüenzas de las religiones) Dedica unas perlas a los españoles que no tienen desperdicio:
“…Pero la gran lacaya de la Puta no ha sido Francia sino España la cerril. La cerril, la prepotente, la obtusa, la cabra tumbamontañas y el país más bruto de Europa y el más cruel con los animales incluyendo a las cabras que desbarrancan por escarnio. Raza perseguidora de judíos, de moros, de herejes, de brujas, de protestantes, de indios americanos, dispuesta siempre a abrazar las causas más innobles de reyezuelos zánganos en el nombre de Dios en quien (al menos de palabra, que no de obra pues como su nombre indica el Altísimo les queda muy arriba en el cielo) de cuando en cuando se cagan. Por que además de zafia y cerril esta raza patipuerca es blasfema. La llamada raza hispánica no son en última instancia sino los criados de Fernando e Isabel, de Carlos V, de Felipe II, de los Borbones, una chusma arrodillada y capaces de gritar, como cuando los franceses los estaban liberando del tirano Fernando VII, “¡Vivan las caenas!” De este monstruo de maldad y cerrazón mental desciende el actual cazador furtivo Su Majestad Don Juan Carlos, don bellaco, don Borbón, un hombre frívolo y casquivano que se divierte matando osos a mansalva. En estos zánganos reales, en sus principitos e infantas y en la tauromaquia se agota la hispanidad, que nos hincha de orgullo el alma.”
Aunque hay que tener en cuenta -en descargo de esas gentes cerriles- que mientras tanto fueron capaces de crear las maravillas que siguen a continuación, para que a continuación fueran profanadas por “La Puta de Babilonia” con su corte de cuervos y pajarracos de mal agüero.
Cadiz
Covadonga
Oviedo
Plasencia
Segovia
Santiago
Calahorra
Jerez de la Frontera
Mallorca
Zaragoza
Cuenca
Cordoba
Salamanca
Tarazona
Murcia
Lugo
Logroño
Mondoñedo
León
Orihuela
Salamanca Vieja
Granada
Guadix
Tarragona
Zamora
“Religiones, dioses y reyes”, Por Alfredo.
Algunos socialistas utópicos de finales del S.XIX vaticinaron que desaparecerían reyes y patronos durante el siglo siguiente. Es evidente que los reyes se batieron en retirada, como especie política, aunque de vez en cuando reaparecieron como supuesta solución telúrica al disenso social. Esta solución consiste en recuperar un rey y se le lanza al mercado, tras una dosis de marketing, a ver si cuela. Tal es el caso del que propusieron para Afganistán; en el caso de Bulgaria y Albania también se intentó aquello de que al ser de todos, los reyes, eran auténticos profesionales de la estabilidad. Simón de Bulgaria, incluso llegó a disfrazarse de demócrata para acercarse al poder de lo que fue su reino. A comienzos de este nuevo siglo aún hay reyes en lista de espera, involucrados, como muchos patronos, en todas las operaciones de cirugía plástica requeridas para su puesta al día.
Las religiones están como siempre, o incluso mejor, porque supieron diversificar riesgos planteando ofertas plurales, desde tecnología espiritual, caso del Opus, hasta toda clase de fundamentalismos, pasando por aquellas religiones que se reconvirtieron en multinacionales de servicios terapéuticos, con sugestivas ofertas en consuelos de diseño, de gran consumo en funerales y entierros, por ejemplo.
Hablando de lucha de clases, o conflicto de civilizaciones que se dice hoy, el peor enemigo de Occidente se vertebró en torno de una coartada religiosa, cuyo crecimiento fue en gran medida estimulado por las potencias occidentales al utilizar la religión como filosofía alternativa frente al avance del marxismo. Si los talibanes fueron diseñados como fuerza de choque ideológico frente a la presencia soviética en Afganistán, la insumisión de los ayatolás, en Irán, fue inicialmente apoyada por EEUU y el R. Unido para contrarrestar el activismo de izquierdas que podía llenar el vacío de poder tras la caída del Sha. De cualquier forma, la consolidación de un frente islámico supuso, además de levantar un dique ideológico característico de la guerra fría, consolidar el Corán como el texto de los principios fundamentales, no solo es un libro de conducta religiosa, sino de conducta en general. En él hay un modelo de sociedad y comportamiento, desde el matrimonial hasta la represión de la delincuencia. Y encima aventaja a las constituciones vigentes en Occidente en que no lo había redactado ni un Fraga, ni un Herrero de Miñón, sino nada menos que Alá.
Pero Alá se tornó de enemigo del marxismo en enemigo del capitalismo, si antes había condenado el materialismo dialéctico, ahora condenaba el materialismo grosero de los señores de la globalización. Dentro del islamismo politizado los hay que aguardan pacientemente la descomposición del capitalismo, pero otros prefieren utilizar el terrorismo como factor de desorden. Y todo esto se plantea sobre unas zonas que ocultan en su interior ríos de petróleo. Hasta ahora los más poderosos consiguieron pactar precios controlando a algunos reyes y patronos de los países productores, considerados como traidores por el islamismo radical. Si en los 60 los ideólogos de la rebelión en los países colonizados oponían al imperialismo la racionalidad crítica, hoy blanden el Corán y Alá es su caudillo.










































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