Castrillo de los Polvazares. Por Max.
Conocí este precioso pueblo el verano de año 74 del siglo pasado, con motivo de haber sido destinado a pasar, el último campamento de milicias en la vecina Astorga. Lo recuerdo -por aquellos años- como semi-abandonado, desde el principio me cautivó y sedujo, ya que era un claro ejemplo de poblado maragato, en apariencia estancado en plena Edad Media, propicio para evocar imágenes antiguas. Las paredes de sus casas, eran y son todas de piedra y el piso de sus calles también está empedrado. Parece ser que el pueblo originalmente se encontraba en una ubicación distinta, metido en plena hondonada, siendo destruido por la naturaleza, una de esas veces en que –sin preguntar a nadie- decide retomar, con arisca e inusitada saña, sus dominios; unas grandes riadas se llevaron por delante el antiguo poblado, lo que dio lugar a ser reconstruido -en el siglo XVI- en su emplazamiento actual, un poco más elevado.
Los arrieros maragatos fueron sus antiguos habitantes, solían comerciar con vinos, embutidos y productos de las tierras de la meseta castellana y extremeña, que pasaban a Galicia o Asturias -ya que también por aquí discurría la romana Ruta de la Plata- y de la costa retornaban cargados con enseres, salazones y pescados, que distribuían en la planicie. Su habitáculo era la típica casa arriera, que estaban y están estructuradas en función de esa actividad, existiendo a la entrada grandes puertas para el paso de carros, patios interiores que son el centro de organización de la casa, con establos, y algunas hasta disponían de grandes bodegas.
Sus actuales reclamos para el turismo son sin duda: su típica arquitectura ancestral, y cuenta… ¡y de que manera! como estandarte, con el cocido maragato, que podemos degustar en sus restaurantes. Plato consistente donde los haya, se toma al revés: comenzando con la carne y terminando con la sopa. Dicen que esa costumbre proviene de: “Cuando los trajineros maragatos, recorrían las tierras de España como arrieros, llevaban entre los utensilios necesarios para sus largos desplazamientos, una fiambrera circular de madera con su tapa también de madera, donde guardaban en ella porciones de carne de cerdo cocida, que se conservaba fresca cierto tiempo. Al llegar a las posadas o mesones comían primero lo que ellos llevaban en las fiambreras de madera, por supuesto alimentos fríos, y para terminar de “entonar” sus estómagos pedían al mesonero o al posadero una sopa o caldo caliente.”
Tierra misteriosa, abandonada y muda; es este un poblado que te pide silencio, a la entrada traspasas un pequeño puente, que encauza y tapa un hilo de agua, convertido en mudo regato, te adentras y caminas por sus calles embelesado, casi sin atreverte a hablar, como si temieses profanar un templo. Imaginas sayales y manteos, carros cargados de todo tipo de materiales, dispuestos al comercio, bajo un sol castellano de justicia, recuas de mulos cebaderos enjaezados, preparados para efectuar largos viajes a tierras bien distintas, estas llanas y polvorientas, aquellas quebradas y verdes. La escritora montañesa Concha Espina sitúa la trama de su novela “La esfinge maragata” en este pueblo, al que cambia el nombre por el de Valdecruces (Pinchando sobre el título, tienen un enlace y pueden leer dicha novela en formato pdf).
Centro de vías romanas, acomodo de sus legiones, adusto llano, eterno y amarillento erial de rastrojos miserables, sempiterno pleito entre leoneses y castellanos, botín del moro y después de los astures, eso fue Astorga y por su vecindad también Castrillo de los Polvazares se vio envuelto en dichos avatares. Por aquí pasaron los explotadores de las famosas Médulas y bastante después también lo hicieron los cruzados, que abrieron una peligrosa ruta desde Francia, a cuenta del cuento de la tumba del Apóstol. Se extiende la llanura sin accidente ni perfiles, entre la sierra de Cepeda y los puertos del Manzanal, Foncebadón y el Teleno. Espacio luminoso, inflamado de luz, contorno plano y abierto, ya no se escucha el gemir de los carros, que sin duda surcaron a diario estas calles empedradas.
Si hubiera sido hace cien años -en los patios interiores de las viviendas- no sería descabellado presumir que hubiese: un zurrón, alforjas, fardelas, serones, manojos de plantas de romero, tomillo y orégano, colgados en la pared secándose, por encima de dicho muro se pasearía ufano -con el rabo tieso- un misterioso gato murador. Dando cara al recinto interior estaría la cocina humillada, con el llar en el suelo, la ceniza esparcida por el suelo, y su lumbre alimentada por troncos. Adornada la estancia con recios muebles de roble, taburetes de castaño, escaño viejo con mesa abatible; pendiendo del techo y enrestrados en una vara horizontal, estarían los dolcos de chorizo y morcillas, enganchados del tabique irían ahumados armarios cargados de vasares y tarteras. Guindada de las pregancias y aplomada sobre el fuego, estaría una pota enorme y negra, de tan chamuscada. Del rincón nos alcanzaría el monótono gañido de un oscuro y casino reloj. De sus pucheros te llegaría el olor de sus guisos de patatas, cargados de pimentón.
Al oscurecer en la hora del filandón –terminada la cena- a la luz del candil, en el portalón o el establo, al tiempo que las mujeres se afanaban en sus trabajos textiles –hilar, tejer, coser o calcetar- irían quedando prendidos en el aire, cuentos y canciones que encandilan a los peques y entretienen a los mayores –sin sentir en falta la caja tonta- La pena es que nada de eso queda ya. Seguro que entonces todavía sus habitantes falarían el bable leonés, con sus ancestrales giros y modismos, primos hermanos de los usados por sus vecinos asturianos, como los que ahí van a la rebatiña: rapaza (muchacha), rachar (hender un tronco), esfrayada (cansada) abondo (bastante), esfarrapaos (deshechos), escurecer (se está haciendo noche), gañer (gemir) acuchar (acostar) ¡Y que prestoso (agradable) hubiera sido, el encontrarte con todos estos viejos utensilios y costumbres, prendidos o presos entre las frías paredes de piedra!
SIGUEN UNAS CUANTAS ASEMEYAS, un día que del cielo caían copos de nieve.








¿Es la política complicada o nos la complican? Por Max.
Rescato otro escrito de 2006, ahí os lo dejo.
Desde que el uso de razón me llevó a elevar la mirada alrededor y dejar de tener como centro el ombligo, siento un martilleo en la sesera con las siguientes preguntas: ¿Deberían ser los políticos de izquierda antes de todo gente honrada? ¿Se debería exigir a esos políticos un código de buena conducta? ¿Que medidas caben tomar ante el crecimiento del escepticismo popular en relación con la política y los políticos?
No me cabe duda que los políticos tienen la obligación de ser los pilares fundamentales donde se sustente el arte de la buena gobernanza. Aunque los designios de los agentes -sería más apropiado decir sanguijuelas- del dinero, discurren por senderos bien distintos, el primer paso fue inducirnos a sentir una creciente decepción en la creencia del Estado como efectivo centro del control político de la sociedad, para ello habilitaron una serie de caminos diversos, siendo la privatización la que gozó de una prensa más favorable: De la noche a la mañana a un don alguien le interesó hacernos creer que la privatización estimula el crecimiento -y aunque así fuese- elevando a renglón seguido a la categoría de deidad de primer orden al sacrosanto mercado. Y ahí siguen instalados tercos -o testones- cual gocha tevergana, engañándonos como a pobres lelos.
Estamos anclados en el pasado, navegamos políticamente sin brújula, el patas curtias bien se encargó de robárnosla y llevarla en su zurrón a su última morada, y allí la tenemos extraviada en el valle de los xostrados entre una buena mata de floridas ortigas. Parecemos tan despistados como si el santo Mefisto se despertase un día en el Vaticano con que Satanás -de golpe y porrazo- se había acogido a la jubilación anticipada ¡menudo palo! ¡vaya tunda! ¿Contra quien podría dirigir ahora sus furores redentores?
El peso de tantos años de dictadura y pos dictadura dio como resultado un empobrecimiento mayúsculo de las cualidades intelectuales y morales de varias generaciones y las siguientes -dicen que más preparadas- son una incógnita aunque previsible dado el camino por el que transitan -un sendero muy oscuro- y ya que su concienciación política es mínima, dudo que consigan algún logro apreciable cuando les llegue su hora. Me temo que a nuestro pesar, regresamos al siglo XIX -borbón incluso- con la esperanza y el consuelo de que a finales del mismo, se alumbró la generación más importante y fantástica de ciudadanos comprometidos, por una vez esperemos -por el bien de todos- que se repita la historia.
La derecha puede perfectamente prescindir de los partidos políticos, como lo demostró durante la época de patas curtias, pero para la izquierda es vital de necesidad, no puede prescindir de un instrumento político, sea éste un partido, un frente político u otra fórmula. Su carencia no es grave para la derecha -beneficiosa sin duda- pero para la izquierda sí lo es.
Deberíamos tener muy presente que cada vez más la gente rechaza las prácticas partidarias clientelistas, poco transparentes y corruptas, de aquellos que sólo se acercan al pueblo cuando están al caer las elecciones.
Cómo no vamos a estar desencantados los electores cuando la derecha -sin ser corrida a gorrazos- emplea el mismo lenguaje de la izquierda: Palabras como reformas, cambios de estructura, preocupación por la pobreza, transición, forman hoy parte de un discurso habitual; y si por lo menos la izquierda tuviese algo de imaginación y se dedicase a renovar e innovar, pero no, esta gris y acomplejada zurda, sigue tirada a la bartola y si acaso coopera en la confusión del discurso. Resultado, repudio creciente y merecido contra los mensajes que se quedan en meras palabras, que no se traducen en actos de provecho: Resultado, el pasotismo preside la selva.
Lo simpático es que aunque la mayoría nos animásemos de repente a participar en el juego político, veríamos que las decisiones que se adoptan son al margen de los partidos, tal como está montado el chiringuito de estas democracias controladas, cuyos controladores no están sometidos a ningún mecanismo democrático, sobrevuelan instalados en las alturas, encamados en un mullido colchón de billetes.
Por otra parte se han perfeccionado enormemente los mecanismo de fabricación del consenso -van dos pasos por delante- monopolizados por las clases dominantes, que condicionan en un alto grado la forma en que la gente percibe la realidad. Sólo esto explica que sean los partidos más conservadores, que defienden los intereses de una ínfima minoría de la población, los que se hayan llevado el gato al agua logrando transformarse cuantitativamente en partidos de masas y que la base social de apoyo de sus candidatos sean -para mayor escarnio- los sectores sociales más pobres de la periferia de las ciudades y del campo.
Produce un creciente desasosiego dedicar unos minutos a rebuscar en las filas de los partidos esas raras avis que alcancen un mínimo nivel exigible a un político decente. Abundan en todas partes aznares, acebes, zaplanas, rosas diez, chaves, maragales, gentes romas -cuando no son verdaderos trileros- sin pizca de chispa y que no generan ni un rís de confianza.
El capitalismo ha revelado su gran capacidad para reciclarse y para inclinar la nueva revolución tecnológica a su favor. La clase obrera tiene limitado su poder de negociación ante la oportuna siembra del pánico a la desocupación. Oportunos lavados de cerebro con los valores mercantiles del beneficio como faro que todo lo alumbra, es la aspiración del hipócrita y del bribón que tanto abunda.
La gente corriente está harta del sistema político tradicional y quiere cosas nuevas, quiere cambios, quiere nuevas formas de hacer política, quiere una política sana, quiere transparencia y participación, quiere, en síntesis, y sería primordial, recuperar la confianza.
Pese a los años transcurridos, lamentablemente ahí siguen las preguntas sin una clara contestación, por ello os animaría a que tratárais de de ayudarme a encontrar las respuestas. ¡Gracias!
Las fotos van de calzadas romanas en Asturias y se las dedico a mi amiga Eufemia Díaz Suárez que fue quien me envió el archivo power point.












Senda de subida a Tresviso






































































Concejo de Ponga y San Juan de Beleño. Por Max.
Se puede decir sin exagerar que es uno de los concejos más salvajes de Asturias. No esperen encontrar aquí grandes obras arquitectónicas, o suntuosos palacios, la mano del gran artista que dio forma a estos lugares, fue y sigue siendo la misma naturaleza, que con su lento laborar esculpió unos parajes y vistas de ensueño. Sin despreciar el lento y andariego trabajo de asistencia y acompañamientos que supieron encauzar los lugareños desde siempre, que tuvieron sumo cuidado en integrarlo en el entorno y que se muestra para uso y disfrute a todo transeunte que por allí tenga a bien acercarse, personificado en sus casonas rurales, horreos, iglesias y algunas mansiones de indianos perfectamente conservadas.
Ríos encajonados, angostos valles que contrastan a su vera, con otros totalmente abiertos, infinidad de bosques que en aquellos días comenzaban a ser alfombrados –por el viento de las castañas- con las amarillentas hojas otoñales, que dan a sus montes una variedad de colores inolvidable, oportuno descanso y gozada para la vista cansada. Perviven en estas aldeas las costumbres ancestrales, la vida tradicional asturiana que lucha por seguir existiendo en estos aislados valles. Es el concejo sobre todo ganadero, aunque ofrece insuperables atractivos turísticos. Cuenta con una extensa red de posibilidades recreativas para el turista y viajero dispuesto a disfrutar de la naturaleza con mayúsculas: alojamientos rurales, refugios de montaña, turismo activo, caza y pesca.
En cuanto a tratar de alimentar la panza, puedes entrar en trance con gran facilidad y de diversas maneras, si el día está fresco puedes comenzar con el tradicional pote asturiano, con berzas y patatas, aliñado con las delicias de la matanza del cerdo que sin duda te dejará grogui en el primer asalto. También puedes hacer oposiciones a quedar transpuesto con una sopa de hígado y seguir con fabes con jabalí, o un estofado de jabalí o venado, o bien podrías haber optado a saborear las deliciosas carnes roxas de la ganadería del lugar, que suelen cocinar al queso de los beyos, que es tenido con justeza como de sabor fuerte y agradable aroma, siendo elaborado de forma artesanal con una triada de exquisitas leches de cabra, oveja y vaca.
Tengo que confesar que tenía intención de haber conocido el bosque de Peloño, siendo pospuesta por fuerza mayor la excursión para una próxima oportunidad, ya que el cacharro motorizado entró en colisión con tanta naturaleza, negándose en redondo al píe del bosque a dar una rodada más y hubo de ser conducido al taller por una grúa, dando al traste con la caminata a medio día, por aquello del regreso. La caza y la pesca tienen aquí un lugar que ni pintiparado, el turismo verde cuenta con todas las ofertas: desde excursiones a píe hasta desplazamientos a lomos de caballos, pasando por cicloturismo, escalada, descensos en canoa y aguas bravas, y en el invierno esquí de fondo. Peña Salón y el Pico Pierzo son sus cumbres más destacadas, que seguro dejan más que satisfechos hasta los mismos reyes de la aventura.
Aunque no nos fue dado disfrutar todo el día a rabiar, si hubo tiempo para sacar unas cuantas asemeyas que no desmerecen el disfrute visual, aunque dan fe del día truncado y lo que pudo haber sido. Las cumbres aparecían coronadas con las primeras nieves del otoño, realzando la camaleónica capa que en esa estación, cubre los montes que van perdiendo su verde intenso, para dar paso a tonos tostados y amarillento-rojizos repartidos de forma irregular, en razón de la distribución de las masas de arbolado, que de forma caprichosa nos regala la siempre sabia naturaleza. Por poco que nos alejemos del asfalto vamos a cruzar varios arroyos, por tanto deberemos estar predispuestos a no ser demasiado remilgados en mancharnos de barro las botas, ya que los senderos son a menudo compartidos por los jabalíes, corzos y ocasionalmente el oso. Los urogallos en la seronda suelen dedicar sus anhelos a las abundantes y rojas bayas del acebo. Lugares como este son un verdadero tesoro.
Otra colección bilingüe de poesías del poeta portugués F. Pessoa.
Antología de Poemas Fernando Pessoa
Los colores del bosque en seronda
Mercado en Onís y desfiladero de los Beyos. Por Max.
Cangas de Onís, es seguramente más conocida visualmente por el imponente Puente Viejo que salva las aguas del Sella y da paso al camino romano del que hablan sus orígenes. Aquel fin de semana se celebraba el festival del queso y debido a esas agradables circunstancias, es cita obligada que cumplimos todos los años, aparte suele ser la ocasión propicia para aprovisionarse –antes que el otoño nos azote con su tiempo más desapacible que te limita los paseos- se desarrolla el mañanero y concurrido mercado, especialista en toda suerte de alimentos naturales y aldeanos, poco menos que servidos de manos del productor: miel, fabes de las más diversas medidas, colores y texturas, longanizas de oloroso y picante chorizo, morcillas, los exquisitos y variados quesos, que los delata su penetrante aroma a gran distancia, como son los de cabrales, gamonedo, los beyos y afuega el pitu. Fue Onís en su día, breve capital de Asturias y bien pudiera ser oportuna base para todo aquel que pretenda darse un pequeño garbeo por los Picos de Europa. Covadonga y sus lagos se asientan a escasos kilómetros.
Llenamos el buche a la salida de la villa en dirección a Riaño, mesa al aire libre y con buena temperatura, sin entretenernos demasiado en postres y demás zarandajas, ya que teníamos la intención de visitar una vez más el desfiladero de Los Beyos. Carretera adelante pronto llegamos al largo y angosto pasadizo, que comienza a ser tal, cuando nos encontramos, los primeros picos recortados, arañando y rasgando las atrevidas nubes que se vengan de ellos esparramando sus blancuzcos y deshilachados jirones por las laderas de los montes. En un apartadero dejamos el vehículo y emprendimos la caminata sobre el asfalto, transitando dentro del bosque o con él muy cerca, eso sí, el río siempre a nuestra vera.
Se adivina que debieron ser parajes impenetrables hasta que a comienzos del siglo pasado se construyó una carretera de grava suelta, que coincidía unas veces con la actual vía asfaltada y otras se divisan al otro lado del río sus restos, a los que se accedía por puentes fabricados al efecto sobre el Dobra-Sella, de los que casi no quedan ni vestigios, y que dan fe, que se iba ascendiendo de lado a lado, aprovechando los terrenos más favorables que no había ocupado la corriente de agua.
Te deja una sensación muy especial el caminar encajonado entre estas paredes verticales, con la luz disminuida, ya que hay zonas a las que el sol le cuesta un triunfo acceder, y si lo hace son breves minutos al día, por lo que se mantienen durante la mayoría de la jornada casi en penumbra, en alguna revuelta se deja ver en la lejanía la silueta de alguna casa de unos pueblos, que cuesta comprender como coño pueden sostenerse encaramados en esas escarpadas laderas. Es un verdadero milagro que puedan esas gentes y sus animales transitar pegados a unas rocas y tierras, que parecen querer desprenderse de ellos en cuanto se les presente la ocasión.
La vegetación va tomando el color tostado, señal de estar entrando en el otoño, que no se bien porque, siempre me induce a recordar el rico repertorio que nos inculcaron de niños, de tantas leyendas campesinas, y nos lleva con la mayor naturalidad a que cobren vida por estos parajes silenciosos, esos seres mitológicos, esas ninfas seductoras, conocidas como Xanas, dueñas y señoras de la noche, y que tanto al crepúsculo como al amanecer dicen que era su ocupación preferida el engatusar a los viajeros, que se atreviesen a transitar por estas encantadas gargantas, atrayéndolos a sus cuevas o moradas, para después de poseerlos darles muerte a renglón seguido. ¿Verdad que no está mal como muerte?
Paso a paso, un rato a píe y otro caminando, llegamos al puente Vidosa donde frente al mismo, se sitúa un hotel rural acomodado en casona de piedra con amplio aparcamiento y desde donde nos es dado admirar la cascada del mismo nombre. En esta ocasión bajaba poco agua, pero en época de lluvias o deshielo impresiona por el caudal despeñado. Continuamos recorrido después de recrearnos haciendo alguna foto, avanzamos descansadamente siempre en medio de un jardín, con la posibilidad –aunque serían largas las caminatas- de desviarte a los lados y entrar por ejemplo en la senda del Cartero, o acercarte a algún de los pueblos que escoltan como vigías el camino, que al final del trayecto te conduce a tierras leonesas después de trasprovinciar llegando a Oseja de Sajambre.
El librito de hoy es de un italiano muy ameno.
El papel de las especias en el desarrollo de la edad Media. Por Carlo M. Cipolla

Viances, al fondo Sedu los Mulos
Tapia de Casariego. Por Max.
Recuerdo mis primeras andanzas por Tapia, en un verano de principio de los setenta, de camino hacia el campamento militar de Figueirido, era al oscurecer y después de haber soportado incontables vueltas y revueltas en el tiovivo mareante de la carretera de la costa –en cerca de sesenta kilómetros, con la carretera posterior se ahorraron casi la mitad- En aquellos tiempos los madrileños ya habían descubierto esta preciosa villa marinera, aquellas rutas siempre con la gravilla suelta, a duras penas asfaltadas, en cuanto llegaba el buen tiempo se poblaban de matrículas con la dichosa M. Situada aledaña a la Ría del Eo. En un ambiente de pescadores; Se dice que aquí recalaron hace mucho tiempo –cuando todavía no había ascendido a la categoría de delito el ser emigrante- un buen puñado de vascos dedicados a la pesca de la ballena, les gustó el paraje y aquí se quedaron para siempre, con tan prometedor panorama se enmarca esta galana belleza de la Costa Verde.
Contrasta el verdor típico asturiano con la certeza de encontrarte con uno de los lugares que menos llueve de Asturias, las nubes suelen ser avistadas de paso sin atreverse a descargar sobre el lugar, por lo que no es extraño encontrarte con días espléndidos de sol la mayor parte del año, animándote a llegarte a las playas y meter las canillas perladas de varices –los que no las tengan mucho mejor para ellos- en el salado y limpio elemento.
Capitulo aparte merece la gastronomía, se unen en perfecto y baquiano matrimonio el campo y la mar hasta conseguir convertir a esta tierra en un referente culinario, con una oferta caracterizada por sus mariscos y pescados, que suelen ser presentados en cazuela, en caldereta, a la plancha o en paella. Como es de ley no faltan tampoco el pote asturiano, los embutidos o la exquisita repostería, con platos como los frixuelos, requesón, arroz con leche o las sabrosas tartas de manzana, que te llevan a plantearte poco menos que lamer el plato.
Por aquí discurre la ruta jacobea de la costa, contando el municipio con un ciento de capillas dedicadas –no debe quedar un santo sin su correspondiente ermita- Es muy apropiado el desplazamiento en bicicleta por carreteras secundarias de poco transito o por las mismas pistas terreras, para llegar a conocer todos los deliciosos rincones que componen esta tierra norteña, que ya en tiempo de los romanos habían promovido la cultura castreña para explotar varios yacimientos de minerales en especial el goloso y valioso oro. Abundan las calas recogidas y playas de arena fina siendo a su vez el paraíso de los surferos por sus olas –en épocas- también fieras y bravías.
El libro de hoy trata del poeta, revolucionario y comprometido salvadoreño Roque Dalton y se titula “Desenterrando poemas” Igual que siempre pulsando doblemente sobre el recuadro, no es que puedan bajárselo, es que están obligados a leerlo de un tirón –seguro me lo agradecerán-
Desenterrando poemas. Por Roque Dalton
Como adelanto unas cuantas reflexiones del autor:
«Y así como el común de la gente tiene amigos médicos, aficionados a la magia o cantantes, yo tengo una buena cantidad de camaradas torturados y muertos.»
«Ironizar sobre el socialismo parece ser aquí, en Praga, un buen digestivo, pero te juro que en mi país primero hay que conseguirse la cena.»
«Lo importante fue que cuando regresé de Chile a El Salvador con los rudimentos de marxismo que llevaba, con las líneas generales que había podido captar en algunos libros mal leídos y sin ningún orden, pude descubrir mi país, un país desconocido, un país que nunca había visto: pude descubrir las contradicciones de clase, la miseria terrible, sus orígenes, etc…, que me dieron un panorama en el cual yo nunca, sinceramente, había caído en la cuenta.»
«El movimiento comunista internacional ha venido sopesando la gran mierda de Stalin.»
«La política se hace jugándose la vida o no se habla de ella. Claro, se puede hacerla sin jugarse la vida, pero uno suponía que sólo en el campo enemigo.»
«Tengo miedo de dormir solo con ese libro de Trotski en la mesa de noche: es terrible como una lámpara, como un cubo de hielo en el espíritu del anciano resfriado.»
«El budismo Zen es una experiencia magnífica, siempre y cuando te lleve paulatinamente al terrorismo.»
«Toda la literatura del siglo pasado es literatura infantil; Dostoievsky es una especie de Walt Disney que solamente contó con un espejo: no lo puso en un camino sino, ante la boca abierta de quienes recién vomitaron su alma.»
«Desde el punto de vista político, lo verdaderamente relevante para mí fue confirmar que cuando uno toma una decisión sobre lo que va a hacer de su vida, ni la muerte es capaz de hacerlo dar marcha atrás. Y hay que ser rápido en las decisiones. ¿Que ahora nos toca morir? Bueno, hay muchísimos otros a nuestras espaldas. Cuando tú tomas esa decisión, nada que haga el enemigo podrá afectarte verdaderamente. Creo que inclusive es simple.»
«¿Para qué debe servir la poesía revolucionaria? ¿Para hacer poetas o para hacer la revolución?»
«No: yo no estoy con los chinos. Meter la podadora en el jardín de las flores abiertas no va conmigo. Tampoco lo de que el enemigo público número uno sea la erección y que la paz sólo es magnífica en la cama. Qué tontos son: el enemigo público número uno.»
«En las temporadas inolvidables de 1962 y 1963 tuve el privilegio de compartir con el pueblo cubano el dramatismo y la grandeza de aquel momento, y aprendí alborozado que nuestros pequeños pueblos pueden ser capaces de un destino mundial extraordinario.»
«Y me llamarán el escrutado, el más apto para ser odiado.»
«Me quedan algunos meses de vida. Los elegidos de los dioses, seguimos estando a la izquierda del corazón. Debidamente condenados como herejes.»

































































































































































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