MAX Y LOS CHATARREROS

Vuelta a la playa del Gaviero del Silencio. Por Max.

Posted in Asturias, Caminatas, Excursiones by maxalvarez on marzo 9, 2011

VIDEO RODADO DURANTE LA VISITA

Al final resultó un fin de semana de lo más completo, el sábado trotando por la montaña, por ello, en virtud de la alternancia, el domingo tocaba costa. En principio nos acercamos a Cadavedo, girando un paseo por su playa, encontrándola muy concurrida. Ese día había bajado la marea la tira, lo que dio lugar a que muchas gentes se acercasen al pedrero, a recoger orícios. Los verdes tuvieron que multiplicarse, no daban abasto tratando de controlar a tanto aficionado al espinado manjar, pidiendo licencias, inspeccionando capturas, nunca los imaginé tan atareados y con tanta entrega.

El día estaba oscuro amenazando lluvia, “puede que si” nos dijimos llegando al pueblo de Castañeras, donde abandonamos el auto, continuamos caminando dispuestos a volver a los conocidos acantilados y bajar a la preciosa playa del Gaviero, el camino estaba argayado, aunque no resultó impedimento para seguir a pata. Después de unos diez minutos de marcha afrontamos la bajada, ni que decir tiene que las asemeyas se iban acumulando en la tarjeta, con la sensación en los ojos húmedos y brillantes, por la excitación de contemplar el mágico panorama, nos decíamos: “que seguro resultarían de postal” –como así fue-

Abarcamos de una ojeada la líquida y verdosa llanura, que terminaba adornada en el borde del medio cuenco, con abundantes penachos de espuma blanca. El sonido de la mar llegaba fuerte y nítido, al sendero entre pinos –cargados de piñas- por donde transitábamos. Fuimos perdiendo altura, a través de un camino en zigzag, deteniéndonos en cada revuelta a contemplar las cambiantes visuales del pedrero, y paladear y disfrutar de las mismas. El paraje se mostraba solitario, nadie había elegido aquella zona para recoger orícios, así que pudimos sentirnos doblemente recompensados, visual y espiritualmente, acunados por tanta y tan honda paz.

Era medio día, allá íbamos mi querida compañera Hermelinda y un servidor, caminando como borrachos sobre las pilas de bolos sueltos, que los pasados temporales apilaron sobre la playa, ruxían bajo nuestras plantas y también al reflujo de las olas, dibujando blancas lenguas de espuma en la orilla. Tierra empinada, con barrancas hondas, coronadas por la florida retama que se agarra con cien manos al despeñadero. Quebradas que dan al fiero Cantábrico y por las que suben al amanecer, los dulces sueños que dejan en la playa las sirenas. Está alto el acantilado de piedra gris, tirando a blancuzca, propia para hacer cal. Se siente en el aire el olor de las algas cargadas de yodo y salitre, que te penetra por boca y nariz sin poderlo evitar, aunque lo quisieras. Se divisan escasas gaviotas, y las pocas, tan elevadas como lejanas.

Sería digno de contemplar desde aquí un temporal, con el horizonte desteñido, escuchar el viento gallego, un día de vendaval. A la fuerza tiene que resultar impresionante, sentirlo cargado de salitre, mordiéndote la cara con saña, rascándote la piel como si tuviese uñas, deslizando su salada lija por tus labios hasta hacerles daño. Raspando con fiereza las paredes de roca, arrancando diminutas esquirlas de ellas, escarbando con su picuda pala el arenero bajo tus pies, sentir las ropas incrustadas en la carne, observar como bulle dentro de uno, como si pretendiese traspasar hasta nuestros mismos huesos.

Vuelvo y me revuelvo hacia todos los lados, en derredor del sombrío semicírculo que limita la ensenada, mirando a través del visor de las cámaras, el mar, los acantilados, los bolos, la espuma, los troncos depositados en el borde por las olas. ¿Quién diablos haría este mar tan grande, tan igual, tan plano? Tan diferente a la tierra o el aire, donde puedes ver correr o volar, a animales y pájaros. Los peces en cambio se muestran distantes, lejanos, siempre por detrás del cristal.

Desde abajo no se divisa el pueblo de Castañeras que dejamos y se adivina en la altura, ni se oye el ladrido de los perros, ni hay parvadas de gaviotas ruidosas volando sobre nuestras cabezas, el viento viene del mar, ondulando de paso la líquida llanada y se retacha contra el barranco, inundándolo todo con su sonido. En la orilla, imperan las piedras de cantos romos, solo pequeñas islas de amarilla arena interrumpen aquel mar de bolos, redondos e iguales, a fuerza de siglos de estrellarse entre ellos, empujados por la alfarera y terca agua salada. En el acantilado llaman la atención, matas de retama florida, con un color amarillo intenso, que se turnan y cuelgan, junto con otras de verde pasto, y que contrastan en medio del ocre de las rocas.

Sobresalen de la superficie del agua, hileras de rocas puntiagudas, que la mar cántabra, no logró domeñar, aunque si esculpir con aristas cortantes, al tiempo que resisten inhiestas y desafiantes, contra la bravura del oleaje. El mar no estaba tranquilo, periódicamente hinchaba su torso, y espasmódicas sacudidas estremecían su espalda con relucientes destellos verdosos. Por momentos se formaban curvas ligeras, leves ondulaciones que iban a más, y que interrumpían por todas partes la gris-verdosa superficie. Un oleaje nervioso, con brioso y rítmico susurro, comenzó a azotar los flancos de las rocas y a depositar sobre el arenero y los bolos, albos copos de espuma, que bajo los cenicientos rayos del sol, tomaban los tonos cambiantes del nácar.

En la solitaria y escondida ensenada flotaba un ambiente de paz absoluta, de magia, que nos acompañó y nos mantuvo embelesados bastante tiempo, hasta que decidimos que había llegado el momento de procurarnos el alimento para el cuerpo, el espíritu lo teníamos colmado, lleno a rebosar y con las pilas bien recargadas para afrontar la ramplona y cotidiana vida, durante varios días.

FOTOS TOMADAS EL DÍA DE AUTOS

Cabo Vidio, playa de Bocamar y Cudillero. Por Max.

Posted in Asturias, Excursiones by maxalvarez on mayo 25, 2010

Después de una rápida recuperación –mas adelante se comprobó que había sido parcial- de un tonto, amén de irrisorio accidente laboral de poca monta, acaecido durante la semana, el tema es que cedieron las tablas apolilladas del piso de madera de un altillo, sin llegar a producirse una caída al nivel inferior, por una vez el estar un tanto grueso había venido en mi auxilio, quedando con las patas colgando, trabado en el agujero sobrevenido en el hundimiento, plegado en ángulo con la mullida barriga afirmada en el suelo. Pasé una noche de perros con una pierna más que dolorida, aunque unos días después casi no tenía aparentes secuelas, no era cuestión de forzar la máquina, así que en consenso con la costilla decidimos ir a comer a Cudillero en plan reposado, primero nos llegamos con el coche al faro automático –sin farero- del cabo Vidio, girando un corto paseo por sus alrededores, divisando la llanada del mar allá abajo, calmoso y sosegado, aguas que reflejaban el azul intenso del cielo, la quietud de la bajamar le daba apariencia de un gran estanque diáfano y sele, ni una pequeña arruga se dibujaba en su terso y azulado pellejo, mientras tanto una lancha rápida procedente de Luarca irrumpe en escena, turbando la augusta soledad, dibujando con su hélice un marcado surco en las calladas ondas, las gaviotas pasan paralelas a la costa haciendo alardes de su dominio del vuelo de planeo, dejando en el aire una escandalera de chillidos.

A continuación con las mismas encaminamos nuestros pasos a la cercana playa de San Pedro de Bocamar, que cuenta con toda clase de servicios, entre otros equipamientos destaca un buen camping y amplio aparcamiento, estiramos las piernas caminando al lado de un pequeño riachuelo que desemboca en la misma playa, en plan tranquilo de encadenadas y sesteantes revueltas, en una especie de duna, a la que tapan y dan sombra una hilera por cada orilla de tupidos árboles. Fue agradable el paseo bajo la enramada y pasar sobre el puente de madera, en el que nos demoramos apoyados en la baranda un buen rato, empecatados escuchando el canto desaforado y ramplón de las numerosas ranas, que nos llegaba de entre los juncos y espadañas.

Cuando se visita a Cudillero por primera vez, llama la atención el ver en las ventanas colgados trozos de pescado, se trata de pequeños tiburones –de piel tipo lija y que conocen como gatas- que después de ser descabezados y dejados sin vísceras, son colgados a secar. Aunque en principio no parezcan muy apetecibles, una vez preparados se vuelven exquisitos, su carne toma un color rojizo intenso y el olor y sabor recuerdan a la carne de caza –aparentando ser una especie de cecina de mar- Esta preciosa villa con su puerto pesquero tradicional, es un lugar al que me encanta regresar de vez en cuando y degustar su típico plato el ya famoso curadillo –con fabes o patatas- reserva culinaria de antaño de las familias marineras en las invernadas, cuando las lanchas no podían salir a pescar debido al mal tiempo. Los lugareños pixuetos en su tiempo fueron expertos en conseguir aceite de lija, que sacaban de los hígados de las gatas (lijas) rayas, glayos, tocas, para ello eran colocados los hígados de estas especies, colgados de un clavo al sol y en un recipiente situado es profeso debajo, era recogido el aceite que se iba destilando, llegando hasta venderse en farmacias como reconstituyente de jóvenes débiles y enfermizos.

Los mozos pixuetos solían antaño cantar cancioncillas –para aleccionar a las jóvenes aldeanas a las que pretendían cortejar- como la que sigue:

Muciquinas aldianas,
si queréis mozu pixuatu,
tenéis que saber guisar
curadillu pa’l iviarnu.
























Utensilios de pesca

Curadillo



Vuelta a la playa del Gaviero del Silencio. Por Max.

Posted in Asturias, Excursiones by maxalvarez on mayo 11, 2010

Después de una noche de sábado, bien dormida, salimos de casa con la idea de continuar el sereno fin de semana, queríamos cabalgar la mañana con sosiego, dejarnos llevar por la tran-qui-li-dad y nada más que por la tran-qui-li-dad. Partimos a pie del pueblo de Castañeras, a la salida del mismo se dejaba ver el mar entre los pinos, unos minutos después ya marchábamos asomados al borde de los acantilados, la exploración fue breve por conocida, nos acompaña la soledad, la corta distancia estaba al alcance de nuestra visual, la busca de la playa apartada había concluido, su nombre tiene mucho de sugerente “el Silencio” ¡casi nada! -también conocida como el Gaviero- aunque resulte una contradicción ya que las gaviotas si de algo pecan es de ser cualquier cosa, menos que calladas. Seguimos bajo la arboleda, a mano izquierda quedaba el mar, habíamos dejado atrás el tendido y verde campo con algunas casas desparramadas, del alto bardial arranco un tallo tierno de arto, del que me gusta entretener, pelados sus pinchos, llevarlo cogido entre los dientes masticando su jugo. Alguien canta, voz de mujer, caminamos despacio, la camisa abierta, las manos sueltas fuera de los bolsillos, aroma de plantas y tierra, castigados por el sol. Calma; no calma de tregua, sino total y definitiva, calma chicha, como miel resbalando dulcemente por las venas, es la hora de la siesta.

Es una ensenada salvaje, desgarrada, remota, preñada de romanticismo. El mar entra y sale estrellado contra los acantilados tan abruptos como cambiantes, ya grises claros, pardos o terrosos refulgentes. Paraíso no corrompido. Afuera a los lados se divisan inhiestas agujas y picos, modelados por el agua, la espuma, la erosión de la lluvia, el viento y su fiel escudero el lento y seguro desgaste del tiempo.

Echados en la reducida y gruesa arena –a no ser con marea baja-entretenidos mirando las nubes que se acercan y pasan, sobrecoge por la grandiosidad, es seguramente la playa con abundancia de bolos más hermosa de Asturias. En sitios como este el mar nos hechiza, nos urge a contemplarlo ávidamente, nos engaña y promete incontables placeres, quizá nos sugiere demasiado, nos conquista con sueños de viajes, de aventuras, invasiones y naufragios, serpientes marinas y monstruos de una selva remota imaginada, que anhelamos por que vemos que no nos alcanza, que no es real, está fuera de este mundo.

Penetrante olor marino, a pescado, a algas, habiéndonos quitado los toscos zapatones, quedaron dos pares de pies tan blancos, que a la intemperie resultaron patéticamente desnudos, levanté la vista preparando el ánimo para un prolongado paladeo del mar circundante. Nuestra piel lucía demasiado nívea y no quisimos arriesgarnos a convertirnos en camarones andantes, por un descuido de excesiva, íntima y golosa comunión con la naturaleza, así que después de paladear unos minutos los rayos solares y la agradable brisa, continuamos vestidos de cintura para arriba.

En la superficie del agua se divisaban grumos y abundante espuma blanca, una especie de hervor en algunos núcleos aislados tirando a amarillento, contando con innumerables ojos y pompas, que no cesaban de moverse nerviosos, dibujando simétricas ondas sobre la mojada arena, el colérico graznido de las gaviotas con aleteos furiosos, nos acompaña desde que iniciamos la bajada –haciendo honor al mote de Gaviero-

La primavera hace tiempo que ha estallado, en brillantes y coloridos puñados de rosas, ya rojas, ya blancas, espléndidas todas, al tiempo que se vuelven efímeras y agónicas, perfumando el ambiente; las abejas zumbadoras se afanan libando la miel encaramadas en los cimbreantes plataformas que les brindan miles de albas o amarillentas flores, en un cambio veloz que contrasta con el lento, soñoliento y pesado que es patrimonio exclusivo del galvanoso verano, que despierta de su pereza con aguas estancadas y legiones de mosquitos, traviesos sin dejar de ser molestos e impertinentes nunca, haya demasiada luz o reine la sombra.

Cudillero, villa pixueta. Por Max.

Posted in Asturias by maxalvarez on marzo 19, 2009

No puedo ser imparcial, tengo que confesar que me mola la villa pixueta, pequeño cuenco quebrado al poniente, de casas marineras colgadas en la semicircular ladera de tres montes, arropadas por una verde y cálida bufanda de matorrales, pinos y eucaliptos. Sus gentes son eternos mirones al oeste, enfrentados al sol de la tarde, buena cura pal reuma y contando con las espaldas protegidas del frío y desagradable nordeste, mejor que mejor. Mirar lejos y contemplar el horizonte, es el primer mandamiento que cumplen sus nativos al levantarse, detrás de las ventanas o al salir de sus casas, caminando por las callejuelas, estrechos pasadizos, pasillos y revueltas, sumidos en un laberinto de muros, descansillos, escaleras, pequeños patios con plantas trepadoras y bancos de madera o cemento, que te conducen en cuatro largas zancadas, gradas abajo, al fondo, a la plaza, al muelle, a la rula del pescado. Disponen al frente de la atalaya azul del mar, sin perder de vista nunca el centro de la tacita, su visual se adentra –situados en un anfiteatro natural- en dirección a la bocana del puerto, atendiendo avizores al tejemaneje de la pesca, a los trabajos y tesoros de ella recibidos. El movimiento es incesante, no pasan cinco minutos sin que aparezca alguien con un reluciente pez entre las manos, o portando al hombro un buen cesto con marisco a rebosar. Aquí no hay calles atiborradas de coches, ni siquiera carros, solo algún que otro huerto medio abandonado, con sus inhiestos troncos pelados de berzas y a ras de tierra colonias de verdes lechugas. Esta arquitectura de gradas, en la zona vieja, es más antigua y racional, los pixuetos como antaño, solo cargan con el paxo, la caña o los trueles, subiendo ligeros sus muchas y empinadas escaleras. Decenas de gaviotas trazan en el cielo incesantes vuelos, dejándote los oídos zumbando con sus estridentes chillidos, al fondo varias lanchas sestean en el muelle, pintadas de vivos colores, en una amalgama de tonos azules, rojos y blancos, mientras el agua amarillea los últimos reflejos del sol de la tarde. Tengo un reproche que hacer a sus moradores, al consistorio, o a entrambos a la vez, sus viviendas no están lo cuidadas que debieran, falta cal y arreglos, y sobran perezosos abandonos, en un pueblo de los más hermosos de todo el Cantábrico.

Casi desde la originaria montaña, la brújula ¿o sería más bien la bruxa? me llevó a descubrir una de las costas más agreste de Asturias, y recalar un poco más al norte, en torno al cabo Peñas, pero este pequeño rincón  de Cuideiro tien un algo muy especial, me encandiló desde el primer día. Se presume que los marineros vikingos llegados del norte anduvieron por estos parajes, no me cabe en la cabeza que hubieran podido dejar de refugiarse y quedarse para siempre en este abrigo, de ello da fe la abundancia de pelirrojos, hasta se respira el último aliento de las miles de ballenas que tuvieron aquí su cementerio, pasando por el curadillo plato típico y tradicional de guisado artesano, que como tenue olorcillo te entra por las narices, escapando de hurtadillas desde la cocina de un restaurante cercano. Como serán las cosas que hasta los gatos tienen el pico muy fino, llegando hasta despreciar el mísero pan, estos diminutos felinos rechazan de plano todo lo que no sea pescado o marisco frescos, tuvo que ser la más democrática paloma, que no le hace ascos a los paganos alimentos, la que se hiciese cargo del garito de pan abandonado.

Dicen que fue en su tiempo predio feudal de los Omaña y al ser sus naturales de carácter rebelde, el dominio despótico de aquellos, dio lugar a pleitos y enfrentamientos continuados en el tiempo. Tierra de reputados marinos que en tiempos pasados surcaron los mares en campañas de conquista en el confín de los océanos. En la actualidad sigue la tradición de sus pescadores, con su afamada merluza de pinchu, antigua, sencilla y artesanal técnica, consistente en esperar que la merluza pique el anzuelo, y sacarla a mano del agua, para que conserve íntegro el sabor. Reseñar que todos los años, los fines de semana del mes de abril, se celebran unas jornadas gastronómicas entorno de la merluza, con un recital de variedades: a la plancha, a la cazuela, a la romana, rellena de marisco, en salsa de oricios, al horno con caviar, en salpicón, amariscada con almejas… Y que decir que no pase por degustar los pescados de roca, o los mariscos de la zona, langostas, centollos, percebes, o del pixín -rape- el besugo… todos bien cocinados y que te obligan a chuparte los dedos. Postres pa verdaderos llambiones que gocen con relamerse, comenzando por los frixuelos, arroz con leche y terminando con natas aldeanas con avellanas.

En este concejo confluyen tres antiguas culturas, los pixuetos habitantes de la capital, los marnuetos que vienen a ser los marineros y al mismo tiempo agricultores de los valles y la marina, finalmente tenemos los vaqueiros de alzada que vivían en las brañas altas, y de los que Jovellanos ya comentaba hace un par de siglos: “llámanse vaqueros porque se dedican a la cría de ganado vacuno, y de alzada porque su morada no es fija, sino que alzan sus vuelos con ganado y enseres…” Y no es que se llevasen precisamente demasiado bien, choques, recelos y rencores presidieron sus relaciones, baste recordar los versos que les dedicaban a las vaqueiras:

Allá van las cochinas

de la montera;

más quiero ser vaca

que no vaquera.

O los que estos les dedicaban a los xaldos o marnuetos:

Más quiero ser de la braña

y que me tsamen vaqueira,

que no ser de la marina

y me tsamen sardineira.

Para terminar, en el entorno podemos disfrutar de 23 playas o calas donde escoger, a cada cual más guapa, solo me limitaré a enumerarlas para no cansarles: Playa de la Corvera, de las Rubias, de la Concha de Artedo, de Oleiros, de los Botes o Malperro, de San Pedro de Bocamar, del Castrillón, de Puerto Chico, de la Portiella, de Peña Doria, de la Cueva, de la Vallina, de Albuerne, de Salencia, de L’ Airín, de la Barquera, del Riego, del Silencio o Gavieiro, de Ribera del Molín, del Castro, de Cabalón, de Gueirua, de Río Cabo o Ballota. Monumentos naturales pa disfrutar.

El libro de hoy es de Gerard Brenan y lleva por título “El laberinto español”

cudillero04

3001725431_b20d13e980_b

2732935719_bdf58b8831_o

1109635904

5706318_38bd5b1e1d_o

cudinoch

dsc_0128

dsc_00010001

dsc_00080001

dsc_001200012

dsc_00200001Palacio de los Selga, pinacoteca con obras de Goya, Tiziano y el Greco

dsc_002400011

dsc_00720001

dsc_00780001

dsc_008800013

dsc_00940001

dsc_009700011

dsc_01010001

dsc_01240001

dsc_014900011

dsc_01500001Dispuestos a dar buena cuenta de unas sabrosas navajas

dsc_01510001

dsc_01630001

dsc_01650001

dsc_01950001

dsc_02030001Faro de Cudillero

dsc_02130001

dsc_02180001

dsc_022100011


No me fío ni de dios. Por Max.

Posted in Actualidad by maxalvarez on febrero 10, 2009

Lo tengo crudo, estoy hasta más arriba de los cataplines. No me fío del gobierno, no me fío de la oposición, no me fío de las elecciones, no me fío del capitalismo, no me fío del socialismo sin la o de obrero, no me fío de Obama ni de ZP, no me fío de los que se achantan ante las sectas, no me fío de los bancos y sus prácticas usureras, no me fío de los partidos políticos, no me fío del gobierno al dictado, no me fío de los programas sin ambición, no me fío de la historia ni de los cuenta cuentos, no me fío de las capadas comisiones de investigación, no me fío de los arrendadores del cielo, no me fío del libre mercado, no me fío de las ONGs, no me fío de los paraísos fiscales, no me fío de la monarquía ni de la anarquía, no me fío de los enemigos ni de los amigos, no me fío del sibilino Bertone ni del amén de Zp a su chantaje, no me fío de los sindicatos, no me fío ni un pelo de la política de hambrear a la clase obrera para salir de la crisis, no me fío de los lobos con piel de cordero, no me fío de la democracia que ilegaliza partidos políticos, no me fío de los cornudos y consentidores, no me fío de la acumulación capitalista ni del caos y miseria que genera, no me fío de los privilegios de la iglesia ni de mantener intactos los acuerdos del concordato, no me fío de las manos finas ni de las lenguas bastas, no me fío de los duros por cuatro pesetas, no me fío del fascismo europeo y su ley de retorno contra la inmigración, no me fío del rescate de los banqueros, no me fío de los criminales, no me fío de los que siempre ponen la otra mejilla, no me fío de los parientes ni de los vecinos, no me fío de los jueces ni de los abogados, no me fío de la santa madre iglesia ni del cristo que la fundó, no me fío de los milagros, no me fío de los que ladran ni de los ladrones, no me fío de los de la piel morena ni de los de la jeta blanca, no me fío del plan Bolonia, no me fío de la sanidad privada, no me fío de los sepulcros blanqueados, no me fío de quienes son capaces de producir daño con tal de mantener el poder sobre las vidas ajenas, no me fío de los cuervos blancos ni de las palomas prietas, no me fío de los calvos ni de los que llevan el pelo engominado, no me fío de los animales de dos patas, no me fío de las rebajas fiscales, no me fío del más allá, no me fío de la crisis ni de las recetas para salir de ella, no me fío de los ejecutivos que reciben los beneficios, no me fío de los que hacen cargar con el mochuelo de las pérdidas a los de siempre, no me fío de los genios del sector privado, no me fío de la moral católica, no me fío de los que regalaron la banca pública a sus amigos, no me fío de los que despilfarran el dinero de todos, no me fío de los charlatanes ni de los mansos y callados, no me fío de los fanáticos ni de los sumisos, no me fío de los falsimedios ni de sus campañas de propaganda, no me fío de los tontos del capirote, no me fío de la refundación del capitalismo, no me fío de los izquierdistas que temen la caída del capitalismo, no me fío de la insolvencia privada que terminará en bancarrota del Estado, no me fío de los estados mafiosos, no me fío de los que meten la mano en el caxón, no me fío de los parásitos de la sociedad civil, no me fío de las recetas de los empresarios para abaratar el despido, no me fío de los que amañan guerras mundiales para salir de la crisis, no me fío de las miserias de los gobiernos ante el chantaje vaticanista, no me fío de los que aparentan, no me fío de los que ponen el cazo, no me fío de los imperios orgullosos, no me fío de la propaganda sionista ni de su carta blanca contra los palestinos, no me fío del agua turbia de los gringos, no me fío de los amos del universo y no me fío del FMI ni del BM.

¿Me quedará por ventura, algo o alguien en quien fiar?

El libro de hoy es de Andre Gide “Las cavas del Vaticano”

Los fotos -en orden alfabético- pertenecen a una votación popular de los pueblos más hermosos de España.


ainsa

albarracin

allariz

ampudia

anso

arcos-de-la-frontera

besalu

betanzos

cadaques

calella

carmona

casares

castrillo-de-los-polvazares

catalanazor


ciudad-rodrigo

covarrubias


cudillero

deia1


frias

frigiliana

guadalest

hondarribia

ico-de-los-vinos

jerez-de-los-caballeros1


la-alberca

luarca

merida

mogroviejo

morella1

mundaka

o-cebreiro

orotava

pampineira

patones-de-arriba1

pedraza

penalba

peniscola

peratallada

potes

riglos

robledillo

ronda

santillana-del-mar

setenil

soller

trujillo

urena

valverde-de-la-vera

viella

zahara-de-la-sierra