Dunas de Liencres, Cantabria. Por Max.
A poco más de una docena de kilómetros de Santander capital, sobreviven estas preciosas dunas, pese a que sabe dios ¡que hijo de mala madre! autorizó la degradación de la zona costera cercana, metiendo el dichoso ladrillo y su pariente el hormigón a escasos metros de la mar salada, no lograron degradar la zona totalmente, pero… tiempo al tiempo que todo se andará. Rocas que la ida mano de la mar cantábrica, supo esculpir en esbeltas columnas, pilares en precario equilibrio, restos de un monumento geológico arrumbado, son testigos mudos del todo vale, del ladrillazo que te crió. La manifiesta locura, no es más que el resultado de la endémica corrupción que padecemos a todos los niveles en la castigada España, aquí en el norte, por suerte y por ahora, sin llegar a los terroríficos y delictivos niveles de la costa mediterránea.
El antiguo profesor del instituto Jovellanos, de nombre Gerardo Diego, comienza uno de sus poemas “La tristeza de las dunas, que el mar y el viento moldean. La tristeza de las dunas” Liencres con arenas cambiantes y casi vivas, que hasta no hace muchos años, era tenido como un cómodo arenero –solo necesitábamos disponer de una pala para cargarla y un carro para llevársela- Acompaña la desembocadura del río Pas, que dibuja en su regazo un amplio y hermoso meandro, de un lado la playa y como no podía ser menos en la otra vera; primero la cortejó después tomó posesión del margen opuesto, la industria de los tiempos, un verde campo de golfos, para que puedan las élites de estos animalitos de dos patas que pululan y polucionan la ciudad, entretenerse dándole golpes a la pelotita picada de viruela, con sus sofisticados palitroques, a dos pasos de sus grandes mansiones de la capital.
La playa de Valdearenas se cierra hacia tierra por un bosque de pinos marítimos, plantados es profeso -precisamente el año de mi nacimiento- para fijar las dunas, a las que muchos días trata el viento gallego, de adentrar y extender inmisericorde –por cierto, debido al último temporal aparecían los restos tronchados de varios de estos árboles, como quebrados estandartes, o bien recostados con las raíces fuera del arenero, tal como si se tratase de la grotesca y monumental escoba abandonada por el gigante Polifemo- El parque natural tiene una empalizada, dando cara a la playa y digamos que está un poco restringido el paseo por este ambiente salino, ya que fueron plantados unos sedosos mimbres que debieran hacer de freno y barrera al avance de los diminutos y amarillos restos de conchas, o de los no menos vistosos granos de puro cuarzo que les hacen compañía.
El pueblo aledaño, que da nombre a las dunas, mostraba los resultados de la fiebre de estos últimos años, cientos de construcciones, esqueletos de casas, hoteles y edificios varios. Hicimos parada de medio día a comer en uno de sus restaurantes, ni bien ni mal, pasable. Para hacer la digestión nos adentramos por un sendero -dirección a la capital- que bordea los restos de pastizales que aún quedan, pasamos un arroyo y un trecho después al lado mismo de un gran agujero, donde el mar se divisaba en su fondo a bastantes metros. La ley de costas no es el problema, la aplicación sí lo es ¡y muy grave! Tuvimos una gran ministra del medio ambiente -Cristina Narbona- y un perfecto director de costas -Jose Fernández- lo grave es que duraron poco, las presiones sobre ZP pronto dieron resultado. En meter mano a la secta, hace oídos sordos, a todos los reclamos, en cambio se tomó gran diligencia en deshacerse de la protectora del medioambiente.
Como final de Juan Carlos Onetti “Correspondencia con Benedetti”
Asemeya dedicada a quien yo me sé. Por Max.
Nadie diría que es valiosa, que encierra un tesoro, que huele tan bien como un ramo de violetas recién cortadas, aparenta no ser nada de otro mundo, un simple y tosco papelucho, que amarillea por los cantos, debido al paso del tiempo; con los bordes doblados y roídos, no tiene fondo, y su plana superficie está a punto de cuartearse, todo su secreto mensaje se cifra en unas cuantas manchas negri-blancas, de tal forma dispuestas, que cuentan con el embrujo añadido de ser veloz transporte, muy atrás y a otra época. Se trata de una vieja asemeya cargada con sus particulares vivencias.
En una mirada descubres a un ser muy querido, en este caso una abuela-madre, años ha descansando bajo tierra, a la que como es lógico, no llegaste a conocer en todo su juvenil esplendor, aunque de niño cuando comenzabas a despegar del suelo y habías logrado medir unos palmos, sí pudiste asistir gozoso a los últimos rescoldos de su marchita belleza; y que gracias al ajado papel descubres de nuevo, tal como te alcanza el perfume de la primavera, que llegado el momento, se cuela sin ser tu demasiado consciente, por las rendijas de los postigos de tus dos ventanas, abiertas al mundo.
Aparenta estar retocada y luce sin color –teñida de un pálido blanco y negro- retrata una figura que se presume menuda, y de frágil apariencia, no pasa de veinte abriles. Detrás del gris y tenue trazo se presienten unos labios carnosos, dibujando unas hermosas y simétricas hondas marinas, prestas a separarse, y dar paso a una voz cálida y acogedora, donde con cariño adivinas o si acaso revives una sonrisa hechicera, que trataba de abrirse paso y afinarse seductora, ojos muy negros, tan grandes como solo suelen ser los que tienden a la miopía, en medio de una mueca que les confiere una luz especial, de alegría contenida; un vello pardusco trata de colonizar la sien formando una suerte de sedosa patilla, a su vera cuelga un pendiente que se presiente valioso, de oro macizo, haciendo juego con un aro en el cuello, del mismo noble metal; finos rizos oscuros se estiran y caen indolentes sobre la oreja, ocultando y difuminando su contorno; nariz más bien pequeña, recta y proporcionada, sin tirar a respingona; frente ancha y noble sin arrugas, una pequeña peca se destaca encima de la ceja derecha, deshaciendo la perfecta simetría. La cara diría que es casi redonda, con el mentón integrado en el conjunto, de bordes pulidos, tratando de pasar desapercibido. Un recatado vestido sin adornos, de color uniforme y pinta de ser bastante oscuro, le cubre los hombros, haciendo de pedestal a un grácil y frágil cuello de porcelana.
Era toda una mujer hermosa, de trato afable, serena y callada, haciendo honor a la época; muy joven se había desposado con un hombre doce años mayor, hasta seis hijos había criado en tiempos difíciles, siendo el que esto escribe un apéndice añadido, el séptimo en discordia, cuando el otoño coronaba con las primeras nieves su negra cabellera. Supo ser en los duros años de la posguerra incivil, una eficiente y hacendosa molinera, ayudando con su trabajo a recaudar dinero para la manutención de la prole, y pese a su aparente delicadeza, todavía tuvo arrestos para manejar la pala, la fesoria y el picón, con inusitada maestría en rudo trabajo, por huertos, tierras y cortinales, tras de las berzas, patatas, fabas, el maíz o la escanda, que tanta fame lograron erradicar en las aldeas.
En el mes de las flores, era de admirar el rosal que nos regalaba con su paciente y cariñoso cuidado, a la misma puerta del huerto de entrada, cuyo cierre con recios tablones de castaño, servían de parapeto, junto con un montón de leña, hasta casi alcanzar las ventanas que daban al Este, un muro de piedras sueltas, servía como tiesto a los tallos de las ortigas que apuntaban por sus rendijas; doy fe que las espinas martirizaban la yemas de los dedos con la ley de la sangre bermeya, a todo el que osaba o tenía el atrevimiento de querer apropiarse, de su vistoso y rojo fruto, formado por unas seductoras rosas a cual más encarnada, que adornaban el portalón del molino por esa época, e inundaban de un penetrante perfume la quintana y daban un aire diferente a la húmeda –a veces demasiado seca- tierra natal.
De ella seguramente heredé la afición a la lectura, recuerdo como en el frío invierno, cuando la nieve vestía los caminos con su reluciente e inmaculado manto de enfermera, arrimada a la cocina al calor de la hornilla o de la lumbre, esperando en la tarde que terminase la molienda, para volver alimentar la tolva, del dragón roedor de los sabrosos y amarillos granos del maíz -movido por la cantarina agua- de como entretenía el aguardo, leyendo -en voz alta si era requerida- aquellos gruesos librotes que a mí me maravillaban, con sus mágicas historietas.
Como mujer privilegiada –a primeros del siglo pasado- en la escuela había aprendido a leer y escribir, y de cuentas a sumar y restar, el saber multiplicar y dividir se consideraba superfluo para una dama. Era en fin, su mismo nombre lo confirma ¡una hermosura singular y mí más querida Estrella del firmamento!
Terminamos con el ciclo dedicado al gran escritor uruguayo Juan Carlos Onetti con “Para una tumba sin nombre”
Las fotos que siguen, pertenecen a nuestras antípodas, son las islas de Nueva Zelanda.
Se voló la casita de los cerditos. Por Max.
Estamos metidos de lleno en una crisis del carajo la vela y los que se supone deberían cuidar los intereses de la mayoría, haciéndose los distraídos disimulan silbando ¡pío, pío que yo no he sido! Pase que no se atrevan a nacionalizar la banca… pero en vez de tirar millones de euros en un pozo sin fondo ¿No sería más aconsejable emplear esas perras de todos, en crear un banco público para financiar empresas que quieran y puedan seguir trabajando? No creo que fuese tan difícil ponerlo en funcionamiento, desarrollarlo sobre la marcha, operando desde Madrid en principio, con cuatro objetivos claros, e ir adaptándolo a las exigencias de la demanda. La banca española presumía de sólida, o eso era al menos lo que nos contaban los falsimedios, pero cada día que pasa, huele peor y se vuelve más viscosa.
Tenemos unos santones económicos, que se creen la repera y fallan más que las escopetas de perdigones de los feriantes. Tanto si la economía crece como si se contrae, su machacona consigna es reducir salarios, dar más libertad y mercado a los dueños de las perras, reducir el gasto público, por supuesto privatizar todo lo que se menea, aliviar la pesada carga fiscal ¡que más quisiéramos! de los más ricos, enterrar la protección a los trabajadores y anular por derrochadores los gastos sociales… ¡carajo! Vistos los brillantes resultados alcanzados, con quiebra total del capitalismo, va siendo hora de procurar el cambio de cantinela.
Estamos de acuerdo en que tenemos un modelo económico inviable, pero nadie se ocupa de cambiar los fundamentos, ni siquiera de variar el rumbo, si acaso sacan de la chistera algún que otro parche -que como decía mi abuelo- es lo mismo que tener tos y rascarse los cojones. Están las cosas tan mal que llegó la hora de tomar medidas drásticas y hacer pagar a los culpables y a los que se aprovecharon de la coyuntura, dejar que se pudra el muerto solo nos conducirá a una previsible traca final de ¡sálvese quien pueda!
Una España claramente atrasada y carente de tecnología y toda solución que se les ocurre a los espabilados de siempre, es reformar el mercado laboral, cargar sobre las espaldas de los trabajadores otro fardo más y eso sin tener la más mínima culpa. Hay que tener mucho cinismo para pretender que cuele, que el abaratar el despido a los empresarios, va propiciar que estos contraten a más obreros. Seguimos viviendo en una España cerril que pasó de la brisca y el subastado a los campos de golf y los safaris, de la pesca de los salmones enganchados en la caña, a la caza del oso borracho. Nada ha cambiado, continuamos siendo los mismos del siglo pasado, vamos por el mundo tan campantes con la bragueta suelta, tiesos y chulapos calzando chanclos y alpargatas.
Contamos con un sistema político de coña marinera, la corrupción se muestra imparable, la pérdida de credibilidad de las instituciones avanza al galope, y se tiende a adoptar medidas llamativas y rimbombantes. Los partidos políticos cuentan con todo el poder, listas cerradas, ellos eligen a los políticos cuando debiera ser el pueblo soberano el que los seleccionara, este último solo le cabe acudir a las urnas cada cierto tiempo. Padecemos una democracia marrana y totalmente capada:
De separación de poderes, ni por el forro. Representación y exigencia de responsabilidades a los representantes, ninguna. Mecanismos de selección de los políticos, dedazo que te crió del partido correspondiente. Prensa libre e independiente que proporcione la información veraz con la que los votantes puedan decidir, ni por equivocación ¡de puta pena!
Malgastamos las energías con el señuelo del PP sin darnos cuenta que el PSOE tal como viene derivando, terminará por salirse por la diestra, mejor nos dedicáramos a empujarlo más a la zurda y olvidarnos de los hijos del quícaro sanguinario. Nos amedrentan con la posible llegada del lobo, mientras caemos en las garras y nos dejamos comer por el lobo disfrazado de oveja, de la manera más estúpida.
Un libro más de Juan Carlos Onetti
Siguen unas estupendas fotos que me pasa mi amiga Leónidas García Sampietro.
De pésames y funerales. Por Max.
De unos años a esta parte los funerales y pésames suelen tomar una deriva, digamos que un tanto pintoresca, sobre todo si acontecen en cualquier pueblo de los alrededores, y con doble motivo si coinciden con el fin de la semana y por la mañana. Después de los abrazos, besos y achuchones de rigor, el asunto termina con la organización sobre la marcha de una comida en compañía de algunos parientes a los que hace unos días que no te encuentras, siempre con el sano propósito de charlar y celebrar el poder seguir contándolo. Asumimos resignados que cada vez nos resta menos tiempo y el día menos pensado, puede ser cualquiera de nosotros, el que falte a la cita del gratificante manduque. Las circunstancias dictan, hay que aprovechar para darle gusto a la sin hueso y al acomodaticio buche que cada vez se conforma con menos.
Habíamos ido a parar aquel domingo con la disculpa antes apuntada, al tanatorio de la villa, en esta ocasión se trataba de un tío pegado de la costilla, un anciano demasiado digno -de alrededor de noventa años- que no queriendo ser una carga para sus parientes en este mísero mundo, decidió sin pedir permiso al santón del Vaticano, adelantar la excursión al más allá, colgándose de la panera, cual ristra de maíz.
Le siguió una buena comida, pescado de la zona sabroso y cocinado con el cariño y las primorosas manos de la abuela, el dueño del restaurante es amigo de uno de mis cuñados, y por su mediación nos fue improvisado un rincón pese a estar el comedor abarrotado por celebrarse la fiesta del Socorro, degustamos, reímos y discutimos de la creciente crisis, salieron a relucir chismes del gobierno y del charco infecto de la derechona, que tiene montado en la capital del reino, en el que destaca la destartalada nave pilotada por la perrita Marilín, hubo unanimidad en alentar la esperanza, que sean tragados por los tiburones y paguen así el Tamayazo, aunque visto lo que lleva sucediendo con el Fabra puede que hasta salgan reforzados. Al final como siempre era obligado recoger las bolsitas de azúcar que sobran del café, invitación a chupitos de los que un servidor como responsable manejador de la reata de caballos, se tuvo que conformar con poco más que mojar los labios, pese a que estaba dulce de veras, no obstante algo se deslizó por el gurguelo abajo. Unas mesas más allá un ex guardia civil local, celebraba sus 102 años, en verdad son duros de pelar estos chusqueros del tricornio, que sirvieron con ferviente devoción -durante cuarenta años- al quícaro sanguinario.
Recorriendo las callejuelas de Luanco y llegando a una casona solariega -al lado de la iglesia parroquial- de la conocida y originaria familia de la villa “los Pola” me viene a la memoria un cura de la época del instituto -Félix Pola Granda- se trataba de un cuervo muy singular, con su tosco careto tallado a hacha, no hacía falta tener demasiada imaginación para adjudicarle -en tiempos de la guerra incivil- el pistolón al cinto. Era enemigo acérrimo de las mujeres –todo apunta a que detrás de sus sempiternas gafas negras, ocultaba cierta debilidad por los maromos- Cuando algún alumno tenía problemas en clase y eran llamados a capítulo sus progenitores –también era jefe de estudios- recalcaba al presunto la obligación de abstenerse de acudir a la cita la madre, según su expresión: “eran gentes menores de edad y gobierno, a las que no se dignaba recibir” y no creo que fuese por miedo a ser tentado por las pérfidas Evas. Recuerdo como dio muestras de su mala entraña, en una de las pocas ocasiones en que la nieve hizo acto de presencia en el antiguo Instituto Jovellanos y como zanjó la espontánea guerra -con bolas de nieve- que se había desatado entre los alumnos del patio central contra los de los corredores del primer piso, y como alineó a las falanges contendientes y con sus blancas manos tuvo la paciencia de ir introduciendo por el pescuezo debajo de la camiseta, una pequeña bola de nieve helada que se encargaba de hacer deslizar por la espalda aplastándola si acaso para mayor disfrute del frío purificador, bien es verdad que aquella ardiente juventud le duraba segundos el derretir cualquier bola de nieve, a renglón seguido todos a rezar y encomendarse a dios en sus clases, y el domingo por la tarde castigados con la obligación de acudir al Instituto, en horario que nos privaba de poder acudir al cine en sus sesiones de la tarde.
Continuo con otro libro de Juan Carlos Onetti “El Astillero”
Unas fotos de Luanco
Sigue una buena colección de fotos que me remiten unos amigos
Arte fotográfico
¿La justicia? Menudo esperpento. Por Max.
Que más quisiéramos, que la justicia estuviese aquejada de unas leves cataratas, que a fin de cuentas siempre se podrían operar, o que siguiese funcionando como vulgarmente se dice a palpo, quizá con el tiempo gracias al mecanismo de compensación, pudiera dar lugar a que se agudizara alguno de sus otros sentidos, pero me temo que los males están más extendidos de lo deseable, para colmo, no se si será hemofílica pero se constata, que también está aquejada de gran sordomudez. En resumen, una verdadera facha, una piltrafa.
A propósito de dos llamativos y recientes casos, que vienen a certificar el conocido comportamiento injusto y parcial de la injusticia española, soportado con resignación por los de siempre. Produce rabia e impotencia palpar como el que tiene medios se pasa la justicia tan ricamente por la entrepierna y a los demás solo nos cabe darnos por jodidos, si algún día dependemos de la resolución de sus tribunales o su espada redentora.
Asustan los pleitos y más si cabe, sus irreales y torcidas fianzas. Decía uno de mis abuelos, que me cuidara muy mucho de las gentes que viven de enmarañar las disputas, que al fin y a la postre era la razón de ser de tanto leguleyo. Hace unos días llegué a sentirme muy molesto con las machaconas noticias esparcidas por los falsimedios –lo del grupo de sus prisas, no tiene nombre- dando cuenta a troche y moche de la detención de la embajadora de las FARC en Europa, poco menos que de la misma calaña que un sanguinario terrorista de ETA. Conocida la credibilidad de quien extiende los certificados de terrorismo en el mundo, sería para sentirse escamado, pero que los medios, el gobierno y con ella la justicia española, piquen y den pábulo sin más, a unas gentes –Uribe, Iguarán o Santos- que -siendo generosos- cuando menos no ofrecen más credibilidad con sus acciones, que los guerrilleros que son tenidos por terroristas. Recuérdense, el reciente y criminal asalto a país vecino, consumando de paso una nocturna masacre, al poco tiempo emplean sin miramientos los símbolos de la cruz roja para engañar al contrario, hecho que no se atrevieron a poner en práctica ni los más sanguinarios regímenes que en el mundo han sido, y eso sin tener en cuenta la más que confirmada condición de estado narco-paramilitar. Con todo y con ello, al Garzón no le cupo otra alternativa -ante la falta de pruebas- que dejar a la señora Remedios García en libertad, pero el brazo incorrupto de la ley se toma su cumplida venganza –por haberle hecho caer en tamaño ridículo- y en vez de disculparse y reconocer su error, agranda el horror perpetrado contra una indefensa mediadora de causas difíciles aquí y allá, exigiéndole doce mil euros de fianza ¿Acaso está en la misma proporción al aval pedido en su día a los: Mario Conde, Botín, los Albertos, el Roca o el Fabra? ¡Una cosa está clara, si se demuestra que es terrorista –cosa que dudo- como decían, al trullo con ella, y si no lo es, a la puta calle, sin fianza ni más escarnios! Este leguleyo estrella si no tiene ocupación, que se entretenga investigando los cientos de crímenes de la santa Transición. Hay que tener cara para considerar la transición española como modélica, cuando la que verdaderamente habría que echarle de comer aparte fue la portuguesa, donde no hubo ni un muerto, y no lo cacarean tanto como nosotros. Está visto que vale casi todo, en tiempos del glorioso quícaro sanguinario, el santo y seña era la “conspiración judeo masónica” ahora es la “lucha contra el terrorismo” que lo abarca todo.
Más conocido es el caso de Manuel Fuentes, alcalde de Seseña –honrado donde los haya- y sus cuatro compañeros concejales. El Pocero –con el riñón bien cubierto- se querella una vez más contra ellos y el tribunal, en vez de multar al Pocero por denuncia falsa, le pide a los acusados, de escribir un artículo (pulsar aquí y se enlaza el artículo de marras) que depositen una fianza de 133.333 euros. Si las verdades que se cuentan en el artículo valen tanto dinero, ¿Cuánto valdría bien pesado, el comentario –incitando a delinquir- hecho por el Pocero tratando de comprar al alcalde? —“no seas gilipollas, que así lo único que va a pasar es que me sales más barato”- Para más INRI a los pocos días de salir a la luz la desvergüenza del mafioso, tuvo lugar una manifestación de apoyo por parte de los trabajadores de “El Pocero” a su patrón. ¡Tenemos lo que nos merecemos! El mundo al revés, que decía Galeano, los pájaros disparan las escopetas contra los cazadores.
Como final, de como el abogado Enrique Santiago defensor de Remedios García, dejó con el culo al aire a Garzón con su recurso de apelación, que pueden leer >aquí.<
El libro del día es de Juan Carlos Onetti
Cuando ya no importe Juan Carlos Onetti
Vasaltar Gozón
El ministro Santos
Troncomovil del Pocero
Uribe
Chupatintas del Pocero
Cayuco del Pocero
Remedios García

















































































































































































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